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La obsesión de Cobolli tiene nombre y apellidos
El italiano habla desde Cincinnati de su ambición por formar parte de las próximas ATP Finals de Turín. Un objetivo que tiene ahora mismo bastante cerca, aunque el italiano no se fía.
Hay objetivos que se persiguen y otros que, cuando empiezan a estar demasiado cerca, conviene dejar de mirar. Flavio Cobolli se encuentra exactamente en ese punto. El italiano llega a Cincinnati instalado en puestos de clasificación para las ATP Finals de Turín, una posibilidad que hace apenas unos meses parecía lejana y que ahora se ha convertido en una presencia incómoda.
Tanto es así que el propio Cobolli reconoce el problema: “Estoy intentando no pensar en ello, aunque es obvio que pienso, y quizá ese sea precisamente el problema”, comentó en declaraciones recogidas por Eurosport durante el Media Day del torneo. Así es el tenis, con esa dosis de pequeña crueldad psicológica: primero te enseña a soñar con algo y, cuando lo tienes al alcance de la mano, te obliga a fingir que no existe.
Cobolli ocupa actualmente la cuarta posición de la Race, con unos 3.040 puntos y un colchón considerable respecto al primer jugador fuera de Turín. El problema es que esos números dejan de ser números cuando saltas a la pista. Un 30-30 puede parecer una plaza en las ATP Finals. Un break point puede convertirse, en una cabeza demasiado imaginativa, en cientos de puntos y en un billete para noviembre. En ese momento, el rival ya no es solamente el jugador que tienes enfrente.
El sueño de Cobolli y la presión por cumplirlo
Cobolli llega, además, después de un pequeño frenazo. Tras la extraordinaria temporada de tierra y su final en Roland Garros, alcanzó los cuartos de Wimbledon, pero después encadenó derrotas ante Roman Andrés Burruchaga en Umag y Yannick Hanfmann en Montreal. Dos tropiezos suficientes para recordarle que la carrera a Turín no se gana mirando la clasificación, sino jugando partidos.
Aquí aparece la parte más interesante de sus declaraciones, donde el italiano intenta convertir la presión en motivación. Quiere utilizar el objetivo como “una espinta mental”, una fuerza que le ayude también durante los entrenamientos. Pero cuidado, porque estamos ante una frontera muy fina. Querer algo es saludable; necesitar que ocurra puede convertirse en una carga.
Cobolli está descubriendo ahora una de las etapas más complicadas de cualquier deportista, cuando deja de jugar únicamente para crecer y empieza a jugar también para conservar una posición que ha costado muchísimo alcanzar. Ya no es solamente el joven italiano que intenta hacerse un hueco entre los mejores. Ahora es uno de los mejores intentando que el año no se le escape de las manos. Y eso cambia la conversación, aunque la pista siga midiendo exactamente lo mismo.