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Alcaraz sufre, pero arranca con victoria su defensa en Tokio

Carlos Alcaraz venció a Alex Michelsen  en un partido irregular y de muchos altibajos y espera a Matteo Arnaldi en los octavos de Tokio.
 

Alcaraz Tokio. Foto: Getty

Carlos Alcaraz comienza su defensa del título en el ATP Tokio con sufrimiento y curvas pero con la victoria en el bolsillo. El número tres del mundo, que llegaba a Japón tras la Laver Cup, se tuvo que poner el mono de trabajo para deshacerse de un Alex Michelsen igual de irregular y fallón. Pero la resiliencia, el talante y el saber hacer del murciano pesaron más y se hizo con la victoria por 7-6(1), 4-6, 6-1 y espera a Matteo Arnaldi en los octavos de final.

Carlos Alcaraz y Alex Michelsen hicieron de su estreno en Tokio una de esas películas que cambian de género cada veinte minutos. Todos sabíamos quién era el cazador y quién tenía que ser cazado, pero estamos en una fase de la temporada donde nada es lo que parece. Esa fase donde las sorpresas son siempre bienvenidas.

Así fue la trabajada victoria de Alcaraz sobre Michelsen en Tokio

Arrancó el encuentro con una batalla preciosa de tú a tú, con ambos castigándose desde el resto y demostrando que la distancia en el ranking no siempre sirve para explicar lo que sucede cuando empieza la película. Michelsen llegó a estar 4-2 y 40-15, a dos pasitos de dar la primera estocada, jugando con una personalidad extraordinaria. Todo el mérito para él, oigan. Alcaraz estaba sorprendido por momentos, obligado a emplearse a fondo ante un rival que no había venido a Tokio a pedir una foto.

El murciano, eso sí, encontró la manera de sobrevivir. Salvó tres bolas de set y llevó el parcial al desempate, donde apareció otra versión del campeón español: 7-1 y asunto aparentemente resuelto. No diremos que llegó cansado de la Laver Cup, sería una excusa demasiado fácil y, además, restaría méritos a Michelsen. El estadounidense estaba jugando un partidazo y Alcaraz tuvo que encontrar soluciones para salir de aquella trampa.

¿Reacción de Michelsen? No venirse abajo. Al contrario, arrancó el segundo set con un 2-0 que parecía confirmar que el relato seguiría instalado en la igualdad. Pero entonces apareció el hambre de Alcaraz, ese apetito competitivo que parece todavía más grande después de cinco meses parado. Tres juegos seguidos y 3-2. Fácil de escribir, difícil de hacer. Ahí llegaron las primeras caras largas de Michelsen, la incomprensión de quien siente que está jugando un gran partido y, sin embargo, no consigue ponerse por delante. Crecieron los errores, los lamentos y también los problemas con el saque en los momentos importantes. Por primera vez daba la sensación de que Alcaraz había encontrado la grieta definitiva.

El murciano llegó a mandar 4-2 y, de repente, parecía que el partido estaba muerto. Error. Alcaraz le regaló una vida extra a Michelsen y el estadounidense la agarró con las dos manos. Cuatro juegos consecutivos después, el marcador nos decía que 6-4 para Michelsen. Nadie entiende nada, aunque la desconexión del murciano había sido evidente.

El partido entraba en un set decisivo que se antojaba igual de parejo que los otros dos anteriores. Sin embargo, Alcaraz dio un paso al frente y Michelsen fue arrugando poco a poco con su servicio. El español no quería que en su primer partido en Asia se le fuera más energía de la necesaria, así que puso el turbo, empezó a encadenar breaks, ya no falló ni hubo ningún tipo de desconexión y puso así fin a un debut extraño, pero que cierra con victoria (7-6(1), 4-6, 6-1).