El problema de hablar con Pancho Campo es que uno no sabe qué preguntar. Tantas cosas ha vivido, tantas experiencias ha superado, que es inevitable salirse del guión. Aquí la intención es hablar de tenis, pero no prometo nada.
Ahora mismo no recuerdo cómo llegue hasta él, solo sé que aquella entrevista que le hice en pandemia quedó registrada como una de las mejores conversaciones que me ha dado la profesión. Pancho Campo (Santiago de Chile, 1961) es una de esas personas que tiene autoridad para hablar desde la experiencia sobre, prácticamente, cualquier tema. Sobre todo de tenis, deporte que practicó y que le supuso una de sus mayores frustraciones. Su mala cabeza le impidió convertirse en profesional, así que luego tuvo que vengarse por otras vías.
El proyecto SMILE –que en 2025 tomó también la forma de libro– es una obra imprescindible para toda persona que sienta que el miedo o el estrés está taponando su vida. Sin embargo, Pancho ha querido afinar un poco más el tiro y adaptar este programa de manera exclusiva al mundo del tenis y todos los perfiles implicados, especialmente los jugadores. Pocos conocen mejor que él lo que se siente al verse asfixiado mentalmente dentro de la pista, de ahí que su objetivo sea ayudar a que nadie tenga que pasar por algo similar.
¿Cuándo empezó a interesarte el tema de la psicología?
El día que me retiré. Después de disputar un montón de Challengers y Satélites, me di cuenta que no era capaz de controlar los nervios y las emociones, por eso nunca superé ese nivel. Pese a tener un buen físico y buena altura, en lo otro era un desastre, de cabeza no podía. Fue tan desagradable esa sensación que luego me impliqué muchísimo en ser coach, en darle a los jugadores aquello que no supe aplicarme a mí.
¿Cómo te formaste?
Me fui a Estados Unidos, a la Academia de Nick Bolletieri. También estuve haciendo cursos con James Loehr. La verdad que me fue muy bien, el primer grupo de jugadores que cogí estaba formado por Tomàs Carbonell, Juan Carlos Báguena y Borja Uribe, entre otros. Por ejemplo, Borja estaba #700 y acabó ganando el premio al novato del año que entrega la ATP cada temporada. En seis meses casi se mete top100.

¿Cómo trabajabais?
No cambiaba tanto del método que utilizó el Pato Álvarez en su momento, aunque quizá cuidábamos un poco más la nutrición y la preparación física, pero le dimos durísimo al tema del entrenamiento mental. Hoy, con mucha satisfacción, puedo decir que funcionó.
Ahora te recorres el mundo presentado tu último proyecto: SMILE. ¿Dónde nace esta idea?
El programa SMILE lo lanzamos en el año 2016, ha pasado casi una década. Era una idea muy genérica, buscábamos ayudar a la gente a gestionar el miedo y controlar las emociones. A rendir mejor, básicamente. Con el paso del tiempo me di cuenta que la sociedad empezaba a cambiar, así que me junté con un médico, una psicóloga, una nutricionista y un preparador físico para profundizar más en el método, lo que nos llevó casi dos años […] Una vez que decido volver al tenis es cuando veo cómo está el tema del entrenamiento mental, me doy cuenta que todavía sigue en pañales, que sigue siendo la asignatura pendiente de todos los tenistas y deportistas en general.
Y eso te motivó todavía más.
Mira, si a mí me quedan 15 años de rendir al máximo profesionalmente, quiero terminar haciendo algo que me gusta de verdad. Mi gran pasión siempre fue el tenis, así que no se me ocurre mejor función que ayudar al jugador a que pueda hacerlo mejor, tanto dentro como fuera de la pista.
Mirando el programa, veo que hay diferentes cursos.
Tenemos tres versiones. Una es la corporativa, que nos la piden muchas empresas para atajar el problema de aquellos trabajadores que acaban sufriendo estrés o ansiedad. Así fue como empezamos, hasta que luego adapté todo el programa al mundo del tenis, con muchos ejercicios prácticos y varias horas en pista. Es importante destacar que no es un programa de coaching que pueda utilizar todo el mundo, esto es solo para tenis. Y luego sacamos también la versión para paracaidismo, donde me baso sobre todo en mi experiencia con los saltos.
Si en tu etapa de jugador hubieras tenido este programa en tus manos…
… me meto top200, seguro. Claro, tendría que saber lo que sé ahora, porque en aquella época era un desastre (risas).
¿Tanto has aprendido?
He aprendido tanto que no sabría por dónde empezar. La gente hoy se centra mucho en ver tenis, pero a mí me resulta súper interesante fijarme en otras disciplinas para luego aplicarlas al tenis. Por ejemplo, yo aprendí meditación gracias a Sting, con el que hice varios eventos musicales. Esa meditación me sirvió más adelante cuando me perdí saltando en paracaídas o cuando nadé entre tiburones. En el mundo del tenis te enseñan a respirar cuando llevas la raqueta atrás, ahí debes exhalar, ¿pero qué pasa cuando te pones nervioso? Que solo sobrevive el que es mentalmente fuerte.

Ahí con la técnica no es suficiente.
Visualización, asertividad, fomentar el pensamiento positivo, etc. Hay otra cosa fundamental que siempre se cumple: si tu vida no está ordenada fuera de la pista, jamás podrás rendir bien dentro de ella. Todos tus asuntos personales tendrán un reflejo a la hora de competir, pero hay entrenadores que se olvidan de esa conexión.
El programa dura solo dos días, un fin de semana.
Ese es un programa enfocado para entrenadores, coaches, jugadores mayores de 16 años y padres. Estamos intentando hacer una gira por diferentes Comunidades Autónomas, dura dos días porque tampoco puedes pedirle a la gente que esté una semana. Es bastante denso, empezamos a las 08:00 de la mañana y acabamos a las 18:00, estamos todo el tiempo haciendo cosas.
¿En dos días le puedes cambiar la vida a una persona?
El objetivo es sentar la semilla. Es como el médico, él puede darte la receta, pero luego el paciente tiene que ir a la farmacia, comprar el medicamento y tomárselo. Pues aquí pasa lo mismo, lo importante es no interrumpir el tratamiento.
A día de hoy, ¿crees que se entrena tanto la mente tanto como se debería? Me refiero en comparación a la técnica, táctica y el físico.
Serena Williams declaró que el 90% del éxito de un tenista profesional está en la cabeza. Al final, esta gente cuenta con los mejores nutricionistas, preparadores físicos y entrenadores. La diferencia entre Sinner y Alcaraz es mínima, son dos atletas impresionantes. Cuando uno gana y el otro pierde es porque algo ha pasado en la cabeza, no por los golpes.
Por eso ambos trabajan mucho el factor mental.
En mi época era tabú, si ibas al psicólogo te decían que tenías un problema de personalidad, hasta que conocí a Jim Loehr y me cambió la perspectiva por completo. Después de trabajar con él en Estados Unidos me lo traje a España para ofrecer diferentes charlas, ahí la gente empezó a cambiar la mentalidad. Ya no decían ‘voy al psicólogo’, ahora decían ‘tengo un preparador mental’. Aún a día de hoy existen personas que siguen sin reconocer la importancia de este tema pero, más allá de lo técnico o lo físico, en el trabajo mental es importantísimo empezar a impartir sesiones desde que los niños son pequeños, para que tengan ya familiarizados los conceptos.

En tu época, ¿ningún jugador trabajaba la mentalidad?
Ivan Lendl hubo una época donde era el eterno finalista. Él contactó con varios expertos en psicología y allí descubrieron que, más allá de las superficies, lo que pasaba en su cabeza es que pensaba que era un segundón. Le dijeron que el jugador de tenis se apoyaba en cuatro patas, pero si tienes una más débil que las otras, lo que tienes que hacer es reforzar al máximo las otras tres. Ahí es cuando Lendl se convierte en una máquina, pasa a tener una nutrición exquisita. Física y tenísticamente era una bestia. Cogió tanta confianza con aquel refuerzo que terminó mejorando su rendimiento mental. Para un jugador, la confianza lo es todo, es imposible ganar un partido sin confianza.
¿Qué ejemplo actual se te ocurre de jugador muy mejorado gracias al trabajo psicológico?
Roger Federer, sin ir más lejos. De junior era muy escandaloso, tirando a mal educado, hay un vídeo en Youtube donde marcan los siete cambios que hizo para dejar atrás esa etapa. Pues bien, esos siete cambios fueron todos mentales: cambios de actitud, de entrada a la pista, de comportamiento, de ver el juego, etc. Así se transformó en un caballero, en un ejemplo para todo el mundo.
¿Qué me dices de Rafa? ¿Crees que trabajó mucho este aspecto?
Hablando con Toni (Nadal) muchas veces me decía: ‘Yo siempre prioricé convertir a Rafa en un buen ser humano, una buena persona y un gran competidor, antes que en un jugador que tuviera los golpes perfectos’. Por eso es el único jugador que nunca ha roto una raqueta.
Un jugador especial y un entrenador igual de especial.
Por la forma que tiene de afrontar cada entrenamiento, Toni llevaba dentro un coach mental, además de un entrenador. La fortaleza mental se trabaja, por supuesto, pero hay gente que tiene más predisposición que otra, aquí ya hablamos de genes, personas más resilientes al estrés o el dolor. Toda la vida se dijo que Federer era talento y Rafa era trabajo […] Perdóname, pero Roger trabajaba tanto como Rafa, solo que uno tiene más facilidad. No digo que lo haga con menos esfuerzo, pero Federer tenía más condiciones naturales para llegar a ser un buen tenista. Rafa era un enorme competidor, así que lo que tuvo que trabajar más fueron los golpes.
Del top10 actual, ¿a quién te gustaría ayudar?
Sascha Zverev, me genera mucha curiosidad. Tiene el físico, la altura, los golpes… ¡pero no gana Grand Slams! Siempre que juega con los grandes, pierde. No sé lo que pasa, para un jugador la familia siempre es un punto muy importante, pero hay veces que los padres son los grandes enemigos. Un padre es el mejor apoyo bien utilizado, pero también te puede arruinar la carrera. ¡Fíjate Jennifer Capriati! No hicieron las paces hasta el día que ella entró al Hall of Fame. No conozco tan bien el caso de Zverev, pero creo que el padre debería dar un paso atrás y dejar que otro llevara la carrera de su hijo.

Se habla de la sociedad actual como una generación de cristal, ¿lo compartes?
Totalmente, este es un problema que cada día es más acuciante, lo conozco porque lo he vivido muy de cerca. Mi mujer es dueña de un colegio donde hay chavales desde los 14 años hasta el segundo año de universidad, así que muchas veces he dado conferencias de gestión del miedo y prevención del acoso escolar. Lo que veo es que los chavales de hoy en día están sobre-protegidos, de ahí que surjan tantas veces los problemas de ansiedad.
Ponme un ejemplo.
Pues mira, nosotros nos aseguramos de que los chavales no pudieran utilizar el móvil dentro de las aulas, hasta que vinieron los padres a montarnos un cristo por esto. Menos mal que una ley de la Junta de Andalucía nos amparó. Parece un ejemplo muy tonto, pero todo se vuelve más difícil si no tienes la actitud correcta por parte de tus padres. De hecho, en mis clases de años atrás tenía estrictamente prohibido que los padres estuvieran en pista con los niños para evitar que interfirieran con cualquier grito o advertencia. Hoy creo que sería imposible imponer esto, la sociedad se ha vuelto muy frágil.
Quizá estemos ante la peor generación de padres.
Es la peor generación de padres, desde luego. Sabemos que estamos dejando una sociedad a nuestros hijos donde las cosas no están fáciles, cada día hay más desempleo y el índice de pobreza no para de crecer, la clase media ha desaparecido. Si ya la geopolítica y el entorno socio-cultural es jodido, lo que no podemos hacer como padres es complicarlo todavía más. Hay un dicho que me gusta mucho: ‘Tiempos difíciles crean hombres fuertes, hombres fuertes crean tiempos fáciles, tiempos fáciles crean hombres débiles’.
Háblame del miedo, ¿cómo se enfrenta?
Antes de nada, cada persona debe responder a esta pregunta: ¿a qué le tienes miedo? En mi caso, cuando salté en paracaídas, tenía miedo a la falta de oxigeno en altura, a la velocidad a la que iba a caer y a los 40º bajo cero con los que iba a lidiar. Después de estudiar cada caso y ponerle solución, ese miedo se convirtió en nerviosismo, pero son los nervios que molan. Hice unos ejercicios de respiración previos al salto y desde ese momento lo disfruté como un cabrón. Pues en la pista de tenis pasa lo mismo.
Los nervios son necesarios.
A mí un jugador que no se pone nervioso antes de un partido, no me interesa. Eso es que no tiene ningún tipo de motivación. Lo que hay que enseñarle es a modificar y manejar bien ese miedo, te lo dice uno que ha llegado a vomitar antes de entrar a una pista de tenis. Yo tuve que trabajar muchísimo en este sentido, no podía con los nervios, muchas veces no era capaz de dejar de botar la pelota porque no me veía preparado para sacar. Nadie me enseñó en aquel momento lo que tenía que hacer.

Qué deporte este del tenis, una salvajada para la mente.
He llegado a la conclusión de que el tenis es el deporte más exigente mentalmente. En el paracaidismo puedes sentir miedo, vale, pero es miedo por un peligro de vida. En el tenis no hay riesgo de que te vaya a pasar nada, más allá de un esguince ocasional, pero supone viajar cada semana, durmiendo en hoteles, estando tú solo dentro de la pista… es un deporte bastante ingrato. Roger Federer, en toda su carrera, ganó el 56% de los puntos que jugó… ¡y es el mejor tenista de la historia! Imagínate los demás, somos todos unos perdedores (risas).

