Chris-Martina, la rivalidad más grande de la historia

Chris Evert charla largo y tendido sobre su rivalidad con Martina Navratilova, seguramente la más grande de la historia del tenis.

Martina Navratilova y Chris Evert. Foto: WTA
Martina Navratilova y Chris Evert. Foto: WTA

Sobran casi todos los dedos de una mano para enumerar mejores y más grandes rivalidades en la historia del tenis. Es muy probable que sea la mejor, hecho completamente aceptado si hablamos exclusivamente de tenis femenino. Lo que Chris Evert y Martina Navratilova crearon juntas es algo verdaderamente extraordinario, hasta el punto de monopolizar el tenis WTA de su época como ni antes ni después se ha repetido.

Valga un rápido vistazo a algunas de las estadísticas para comprobar la dimensión de su longevidad y dominio, una rivalidad que se fue hasta los 80 encuentros.

  • Partidos: Navratilova 43–37
  • Finales: Navratilova 36–24
  • Partidos de Grand Slam: Navratilova 14–8
  • Finales de Grand Slam: Navratilova 10–4
  • Semifinales de Grand Slam: 4-4
  • Finales WTA Finals: Navratilova 2-1
  • Finales de otros torneos WTA: Navratilova 24-20
  • Partidos a tres sets: Evert 15-14
  • Partidos en sets corridos: Navratilova 29–22

En una muy buena charla mantenida con 'Tennis Majors', Chris Evert habló sobre una relación que marcó para siempre al tenis femenino y que de alguna forma lo ubicó en un sitio difícil de olvidar. Una rivalidad que como la de Federer y Nadal nació y se desarrolló de tal forma que conquistó a la gente.

"Creo que fue una gran rivalidad por las diferencias y los contrastes", acierta en comentar Evert. "Trato de pensar si yo con Tracy Austin o Martina con Jana Novotna tendrían la misma rivalidad jugando de forma tan parecida. ¿Habría tenido el mismo impacto? No lo creo. Creo que ambas eran historias fascinantes y tan diferentes en cuanto a de dónde venimos y cuáles eran nuestras creencias y cómo crecimos; nuestro estilo de juego y nuestras personalidades. Todo lo que comparabas era tan diferente. Cada uno trajo su juego y trajimos al doble de fans que normalmente estarían viendo un partido de tenis, así que creo que eso realmente lo multiplicó".

Una relación marcada por tal cantidad de partidos que ambas tenían que comenzar a ir más allá para evolucionar y poder ganar en el siguiente partido, que estaba asegurado por el nivel de ambas. "Nos vimos obligadas a profundizar y aprender sobre estrategia incluso más que si estuvieras jugando contra cualquier otra tenista. Estábamos muy igualadas. Al principio, yo era mucho más fuerte mentalmente que ella. Así que era como si fuéramos opuestos."

El dominio de una sobre la otra en hierba y arcilla. “Ambos nos poníamos nerviosas en diferentes momentos, como cada vez que salía a una cancha de césped contra Martina, especialmente en Wimbledon, yo me preguntaba, 'oh, ¿qué hago?'. Sentí que era una batalla perdida. Muy a menudo ya había perdido cuando me enfrentaba con ella por la cancha. Y creo que a veces ella se sentía así cuando jugaba sobre arcilla conmigo. Es como, 'Dios mío, tengo que ser muy paciente y esta chica me va a volver loca'”.

Una relación, a nivel personal, de idas y venidas.

“Nuestra relación fue de altibajos. Al principio, recuerdo que jugué dobles con ella. Yo era el número 1 y ella el número 4 y luego fue 3 y finalmente 2. Y luego empezó a ganarme porque estábamos entrenando y jugando dobles. Y yo decía: 'Creo que se está familiarizando un poco con mi juego'. Así que rompí esa pareja que hacía con ella, porque sentía que los singles eran más importantes que los dobles. Fui a ella y se lo dije de una manera agradable. Pero tuvo una entrenadora, Nancy Liebermann, que le decía que me odiara para ganarme. Así es como Nancy compitió con éxito. Entonces Martina se convirtió en una persona diferente. Para mí, desafortunadamente".

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