El Roland Garros americano
Se cumplen 40 años de una de las ediciones más revolucionarias de la historia del US Open, que cambiaba la tradicional hierba por la tierra batida verde.
El 27 de agosto de 1975 daba comienzo una nueva edición del US Open, en ese momento el tercer Grand Slam de la temporada tras Roland Garros y Wimbledon. Esa, no sería una edición más del torneo. Supondría una de las mayores revoluciones en la historia de los ‘majors’. Tras 94 años disputándose en hierba, desde que arrancara en 1881 en las pistas del Casino de Newport, el abierto estadounidense pasaba a jugarse sobre polvo de ladrillo. Se equiparaban por fin las superficies, dos grandes sobre hierba (Wimbledon y Abierto de Australia) y dos sobre tierra (Roland Garros y US Open).
El West Side Tennis Club de Forest Hills, en el neoyorquino barrio de Queens, acogía ininterrumpidamente el torneo desde 1924. Las instalaciones del mítico recinto se encontraban en clara decadencia. Hasta la propia superficie de las pistas se hallaba un estado de dudosa calidad. Ante las reiteradas quejas de los jugadores durante ediciones pretéritas del evento, la USTA decidió levantar la hierba y poner en su lugar otra superficie verde aunque mucho más lenta, el hard-tru, o tierra batida americana. Un tipo de pista con más tradición en el oeste y suroeste americano que en la costa atlántica con torneos como Houston.
La medida era tan sorprendente como transitoria. A no muchos metros de Forest Hills se estaba construyendo el que albergaría el US Open de la modernidad, el de la Era Open. Un recinto de mucho mayor tamaño, facilidades y con una nueva superficie, la pista dura. Un compendio de asfalto, cemento y pintura acrílica que pretendía acabar con los altísimos costes que acarreaban las pistas de hierba.
Esta especie de Roland Garros a la americana duró exactamente tres ediciones. La primera, la de 1975, fue especialmente curiosa y digna de recordar. No solo por ser la primera sino por otros factores. Uno de ellos, la introducción de la luz artificial durante los partidos. Los aplazamientos por falta de luz serían ya cosa del pasado en el Grand Slam neoyorquino. No sería ya hasta 1988 cuando otro ‘grande’, el Abierto de Australia, llenaría igualmente de focos sus instalaciones aprovechando su propio cambio de superficie. Wimbledon fue el último en unirse al club de la luz artificial en 2009, aunque solo en la pista central. Y a la espera de que el Abierto de Francia cierre el círculo en los años venideros.
Otro de los factores que hicieron tan especial aquella edición del Abierto de los Estados Unidos está íntimamente relacionado con el tenis español. El zurdo granadino Manuel Orantes se proclamó campeón del evento, a la postre el único Grand Slam que conseguiría. Batió en la final al favorito local, joven por aquel entonces, Jimmy Connors en sets corridos. Pero mucho más recordado en el camino de Orantes al título quedó su duelo de semifinales contra el argentino Guillermo Vilas. El porteño dominaba 2-1 sets a uno y nada menos que 5-0 en la cuarta manga. Pues bien, Orantes remontó esa desventaja imponiéndose por 7-5 y cerrando el acceso en la final en el quinto set por 6-4. En la recién estrenada tierra batida verde de Forest Hills se vivió una de las grandes remontadas de la historia del torneo y, sin duda, un duelo más propio de la Philippe Chatrier de Paris que de Nueva York.
El doble cambio de superficie del US Open propició un récord muy particular, el de levantar el trofeo en tres superficies distintas (hierba, tierra y cemento). No fue otro que Jimmy Connors el que logró tal hazaña. En féminas Chris Evert consiguió ganar en tierra y en dura, pero no en hierba.