Harmony Tan amarga el regreso de Serena en un partido inolvidable

Con un repertorio de derechas cortadas, dejadas y grandes defensas, la francesa superó a una Williams que se agarró la pista en tres horas de épica total.

Harmony Tan. Fuente: Getty
Harmony Tan. Fuente: Getty

Serena Williams y su estatus de leyenda siempre aseguran espectáculo. Da igual que el polvo en su raqueta dure un año, que los asuntos extradeportivos copen los focos por su parte o que el ritmo del circuito y el paso del tiempo amenacen con pasarle por la derecha. La mística que provoca la estadounidense en la Pista Central de Wimbledon 2022 asegura clásicos como el que hemos vivido hasta hace unos minutos, un clásico en el que la protagonista, esta vez, fue otra: se trata de Harmony Tan, quien se dio el gusto de quitarse los zapatos y bailar descalza en una casa de la que Serena, antaño, fue propietaria. Danzando sobre la hierba y con un repertorio de golpes heterodoxos, su resistencia numantina agrietó los golpes de una Williams desesperada, que claudicó tras dejarse hasta la última gota de sangre en un encuentro épico (7-5, 1-6, 7-6(7)).

En el primer set, parecía que iba a ser Serena Williams quien pudiese poner tierra de por medio. Salió con todo la estadounidense, como si el tiempo no hubiese pasado por ella y su último encuentro profesional se hubiese dado en este mismo lugar, pero hace un año. La fuerza de la menor de las Williams desarbolaba el tenis de Tan, que se armó de paciencia y variedad de golpes para capear el temporal. Y Serena, consciente de que su nivel podía fluctuar ante la ausencia de partidos competitivos, empezó a llenarse de errores no forzados hasta entregar una primera manga increíblemente peleada. Parecía, de hecho, que su tanque de gasolina había llegado hasta ahí.

Pero las grandes campeonas no se rinden sin dejar hasta la última gota de sudor. Con toda la inercia positiva a su favor, Tan se encontró con una Serena que decidió ponerse el mono de trabajo y aumentar su intensidad hasta volverse una auténtica bestia competitiva. El juego que se convirtió en el punto de inflexión fue el segundo juego del segundo set: se alargó hasta los doce deuces y acabó con un grito huracanado de la estadounidense, que rompía para encarrilar un segundo set engañoso: el 6-1 del marcador no refleja los 50 minutos de lucha sin cuartel que se libraron en la Pista Central. Todo estaba preparado para un tercer set de auténtico infarto, con dos estilos de juego totalmente contrapuestos y el peso de la historia llamando a la puerta.

DRAMA HASTA EL ÚLTIMO SEGUNDO

Fue Serena quien llamó primero a la puerta, comenzando el set decisivo con un break que se antojaba clave. Sin embargo, Harmony nunca bajó los brazos y se dispuso a aprovechar los bajones de intensidad de Williams, tratando de enredarla en una tela de araña que tejía con precisión. Derechas cortadas, ángulos cortos, dejadas y, en general, un repertorio de trucos que terminaban por desesperar a Serena, presa de varios intercambios largos que minaban su confianza. Tan recuperó el break y miró de cerca a la victoria cuando le rompió en el 4-4 y se colocó con 30-15 en el juego posterior. Ahí, sin embargo, los nervios de ver el triunfo tan de cerca y la épica de la multicampeona de Grand Slams alargaron el partido ante el furor desatado de la Pista Central.

Harmony volvió a tener una oportunidad. 6-5, 30-40 y la oportunidad de jugar un intercambio de los que a ella le gusta, con alternativas desde el fondo. Quizás en otras circunstancias habría agotado a Serena, pero su invitación a la estadounidense resultó en un ataque demoledor con grito final incluido. Mal negocio esperar y darle toda la iniciativa a alguien a quien no le tiembla la mano. Bola de partido salvada, el supertiebreak en el horizonte como reto final para ambas.

Los cuatro primeros puntos fueron para Serena, desplegando un nivel de agresividad tremendo, pero insostenible a lo largo de una muerte súbita tan larga. La cosa iba de rachas, con una Tan que contragolpearía y se colocaría en ventaja en varias ocasiones, pero que se encontró siempre con una genialidad más de Williams... hasta que fue ella quien decidió pasar a la acción, con un revés cruzado que abrió pista y una derecha paralela perfecta para poner el 8-6. La línea de meta estaba muy cerca, casi al alcance de su mano, y estaba siendo capaz de defender casi lo indecible ante los nervios de una Serena que buscaba encontrar el equilibrio entre la agresividad y la desesperación.

En los últimos puntos lo que reinó fue la desesperación. La perplejidad ante la muralla numantina en la que se convirtió Tan, que insistió tanto que, ahora sí, consiguió forzar varios errores de la raqueta de su rival. El 10-7 del supertiebreak final fue el último acto de un encuentro de pura épica, otro más en un Grand Slam que ha iniciado con largos partidos y con favoritos mostrándose vulnerables y humanos. Serena no partía con ese cartel, pero volvió a demostrarnos que su garra y su corazón seguirán intactos más allá de cuál sea su nivel. Su vuelta al tenis tuvo una despedida amarga, pero el resultado es lo de menos: Serena Williams está de vuelta. Y el tenis siempre lo agradecerá.

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