La paradoja del tenis argentino

La nación sudamericana concluyó el año como la más ganadora en todas las categorías... a pesar de estar lejos de los países que más eventos organizaron. Éxito total.

Sebastian Baez se prepara en las Next Gen ATP Finals. Fuente: Getty
Sebastian Baez se prepara en las Next Gen ATP Finals. Fuente: Getty

Hacer mucho con poco. Pelear hasta el final, independientemente de la materia prima que tengas. Tener un espíritu combativo a prueba de bombas. Parte de la idiosincrasia del pueblo argentino, pasional, ferviente hasta la médula, se traspasa a un deporte en el que está alejado de las grandes potencias económicas. El tenis siempre despertó pasiones entre los albicelestes, llegando a crear una obsesión colectiva por la Copa Davis ya finalizada, pero que ha permitido producir muchísimo talento joven que, sin embargo, no siempre ve la luz al final del túnel en un deporte donde la economía manda. Por todo ello y más, la temporada 2021 ha supuesto un año absolutamente histórico para el tenis argentino. Nadie ganó tanto.

Y es histórico porque es, una vez más, la demostración de la fuerza voluntad de esos pibes que, en condiciones normales, jamás ganarían tanto como lo están haciendo. Si nos vamos al número de torneos organizados por país, Argentina queda lejísimos de los más de 50 eventos que firmaron potencias como Estados Unidos, España o Francia; también de los más de 40 de Italia, donde mayor fuerza cobra la correlación entre número de eventos - oportunidades a los tenistas jóvenes - producción de grandes talentos. Si la teoría dicta que ese es el mayor proceso lógico para generar grandes campeones, Argentina se empeña en demostrar que hay intangibles románticos que van más mucho más allá de la lógica: que se la bancan contra cualquiera y que son capaces de brillar en cualquier lugar, a cualquier nivel.

Como bien remarca nuestro amigo Ariel Fernández en Twitter, el tenis argentino acabó conquistado 50 títulos, en total, en este 2021. Se reparten en 2 torneos ATP, 20 torneos Challenger (el país, de hecho, que más torneos de este escalón ganó) y 28 torneos ITF (empatado con Estados Unidos y solo superado por Francia e Italia). Estados Unidos es colíder de esta clasificación, con 50 títulos en total (1 ATP más, 1 Challenger menos) y en el tercer lugar del podio se colocan Francia e Italia, con 44 títulos cada uno. Grandes datos que, como decimos, deben ser contextualizados a través de esa capacidad de persistir más allá de las dificultades logísticas y de oportunidades.

UN FUTURO PROMETEDOR

En Puntodebreak ya hablamos de la generación argentina que está por venir, una trinchera de tenistas con hambre de dar el salto al circuito ATP y que se ha labrado su camino en Challengers de la Vieja Europa, lejos, incluso, del calor de la gente y las gradas llenas. La pandemia ha servido como un espaldarazo impresionante a nombres como Sebastian Baez, Juan Manuel y Francisco Cerúndolo, Thiago Tirante, Tomás Etcheverry o Camilo Ugo Carabelli, nombres todos con mucho que aprender pero que ya han dejado su marca a lo largo de esta temporada. Prueba de ello son algunos datos y estadísticas brutales que hablan a las claras de una tendencia al alza, una tendencia que no promete parar.

Y es que Argentina es, a día de hoy, el país que más tenistas de menos de 23 años tiene en el top-300 del ranking: hasta 5 nombres (todos los anteriormente mencionados, exceptuando a Fran Cerúndolo), una nómina que supera a otros países donde los Futures y los Challengers se cuentan casi por cientos (Italia, por ejemplo, solo suma 4; Francia y Estados Unidos, 3). Todo ello se explica gracias al impresionante desempeño del tenis albiceleste en el circuito Challenger, donde el único beneficio que han podido sacar en la campaña postpandemia ha sido el alto número de eventos disputados sobre arcilla, su hábitat natural.

Porque, más allá de eso, las oportunidades han llegado lejos del continente sudamericano. Sebastian Baez es el líder absoluto, con 6 coronas: solo una de ellas llegó en suelo argentino (Buenos Aires, si bien reinó en las pequeñas giras disputadas en su propio continente, alzando tres coronas en Chile y solo el torneo de Zagreb en Europa). Quien le sigue, Juan Manuel Cerúndolo, no lo tuvo tan fácil: sus 3 títulos llegaron en el Viejo Continente, dos en Italia y uno en Bosnia Herzegovina, al igual que le pasó a Fede Coria (uno de sus dos títulos llegó en la República Checa, amén de que su primera final ATP llegó en Suecia) o a Tomás Etcheverry (que sacó todo el jugo de las giras por Italia, siendo campeón en Perugia y Trieste). Pedro Cachín triunfó en Portugal, Facundo Bagnis en Austria, Camilo Ugo Carabelli en Polonia, Fran Cerúndolo en Italia, y Facundo Mena y Thiago Tirante sí pudieron hacerlo en Sudamérica, pero no en casa (ambos en Ecuador; mucho que agradecer a la gira organizada por el Pulga De La Peña, que dio un trampolín vital a la Legión Sudamericana).

En definitiva, datos que alumbran una temporada absolutamente inolvidable que no merece quedar en el olvido. Datos que hablan a las claras de ese ADN argentino que permite a los suyos brillar entre tantas tinieblas, ser competitivos al máximo porque jamás se permiten el lujo de dar nada por sentado. Y, por si fuese poco, el futuro alberga grandes cosas, con una generación de guerreros que, además, quiere dar el 100% para formar parte algún día del equipo de Copa Davis, encabezada por Guillermo Coria. El cielo es el límite: los argentinos seguirán exprimiendo esa paradoja tan difícil de explicar.

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