Nalbandián, 15 años después

El extenista argentino recuerda cómo fue la edición de Wimbledon 2002, donde el cordobés llegó a la final, con apenas 20 años

Alejandro Arroyo | 7 Jul 2017 | 07.30
twitter tiktok instagram instagram Comentarios
Preferir Puntodebreak en Google
En Puntodebreak encontrarás toda la actualidad y noticias de tenis, así como fotos de tenistas e información de los torneos ATP y WTA como los Grand Slam y Copa Davis.
En Puntodebreak encontrarás toda la actualidad y noticias de tenis, así como fotos de tenistas e información de los torneos ATP y WTA como los Grand Slam y Copa Davis.

Streaming Challenger Istanbul en directo
🎾 David Jorda Sanchis vs Denis Yevseyev
  1. Entra aquí y regístrate en Bet365
  2. Haz tu primer depósito de mínimo 5 €
  3. Entra en la sección «Directo» y ve todos los partidos
Ver partido en Bet365

David Nalbandián fue finalista en Wimbledon 2002, un torneo que de alguna manera recuperó a los jugadores que desde el fondo podían gana en Londres. Él y su rival en la final, Lleyton Hewitt, temrinaron con la heegmonía de Sampras y los sacadores. A 15 años, La Nación recoge el testimonio del cordobés, que recuerda tramo por tramo una participación que marcó su carrera.

El argentino explica los momentos y días previos a la celebración del torneo y su llegada al club. "Fuimos a entrenar una semanita y nos costaba horrores. No había forma de meter una pelota del otro lado. Era como jugar a otro deporte. Encima, es como que no te cansas, pero terminas muy dolorido por estar todo el tiempo semiagachado; te duelen los glúteos, las piernas. Pones en funcionamiento otros músculos que sobre polvo casi no los usas. Si en ese momento alguien me decía lo que pasaría unas semanas más tarde, le decía que me estaba haciendo una broma de mal gusto. Era imposible",

Nalbandián, que comenzaba a despuntar, ni se imaginaba lo que iba a suceder. "La verdad es que llegué con la expectativa de ganar dos o tres partidos. Eso hubiera sido suficiente, era joven y no tenía experiencia. Salíamos a comer a dos o tres lugares que había ahí cerca, íbamos caminando. Los días libres íbamos un rato a entrenar al club. A mí no me gustaba pasar muchas horas en los clubes, entonces íbamos a la mañana, entrenábamos, comíamos y nos volvíamos para tener la tarde libre, caminar un poco, relajarnos. Aunque Wimbledon es bastante particular, caen dos gotas, te tapan la cancha, se atrasa todo. Es difícil mantener rutinas quince días ahí adentro".

De hecho, cuenta David que al inicio de los entrenamientos todo era muy diferente, no se encontraba cómodo. "Mis sensaciones al principio no eran buenas. Haber jugado contra un español en la primera ronda me sirvió para tener ritmo y aprender un poquito más del juego sobre pasto y adaptarme. Me encontré con otra cosa de la que había probado en Hurlingham. Sampras, que hubiera sido mi rival en la tercera rueda, perdió en la segunda en cinco sets contra el suizo George Bastl. Pasé de tener uno de los peores cuadros a los mejores. Increíble; el destino".

La suerte le acompañó, y pudo soltarse, mostrar su juego. "Allí me empecé a sentir peligroso. Cuando le gané a Bastl, me di cuenta que tenía oportunidades de ganar un par de partidos más. Ahí me empecé a sentir bien. Antes de eso, no. Y después vino un partido clave: contra Wayne Arthurs (89°), que era un especialista en la superficie. Ese fue bisagra",

"Después de jugar seis partidos en Wimbledon nunca lo había hecho en la cancha central, me encontraba en la final y no había entrado nunca. Son esas cosas raras que pasan cuando uno no es cabeza de serie y la viene remando de atrás. Sentí los nervios. Hewitt era el número uno indiscutible, yo era muy pequeño. Jugué la final con tensión. Para mí, Wimbledon era especial porque mi ídolo era Boris Becker y lo veía jugar ahí y tenía mucho condimento. Era como que se me venían imágenes mías con cinco años viéndolo a Boris en la televisión".

Con el tiempo, Nalbandián recuerda como muy especial y fundamental en su carrera aquel torneo. "Fue un torneo vital para mi confianza, para darme cuenta que era peligroso. El cambio fue total: de ranking, de ánimo, pero también por cómo te empiezan a ver los sponsors, los rivales, los entrenadores. Ese Wimbledon fue como hacer un máster en Harvard".