Llevamos toda la semana hablando de la Copa Faulconbridge pero muy pocas personas conocen por qué el actual Challenger de Valencia recibe este nombre. Hoy os traemos la respuesta con una combinación apasionante: entrevista + libro.
David Castelló (Valencia, 1968) ha sido un apasionado del tenis durante toda su vida, ejerciendo multitud de funciones dentro de este deporte, tanto dentro como fuera de las pistas. Tenía que ser él, un historiador de renombre, quien llevase a cabo el proyecto más ambicioso posible: ‘Historia de la Copa Faulconbridge’. Así se llama su última obra, la que reúne toda la información de un torneo legendario dentro de nuestras fronteras, un evento que ca camino de ser centenario y que en 2022 hizo su regreso al circuito de manera oficial.
El Club de Tenis Valencia –no podía ser en otro lugar– me da la oportunidad de sentarme con David y ojear las páginas de un libro que pesa lo mismo que una buena malla de naranjas. Tapa dura, fotografías grandes, papel de calidad y un cariño extremo en cada línea de texto. La entrevista se acerca más a una masterclass donde el profesor expone todo su conocimiento y el alumno queda hipnotizado. Si os gustan el tenis, los libros y la historia, aquí tenéis un ejemplar que no puede faltar en vuestra biblioteca.
‘Historia de la Copa Faulconbridge’, un título sin rodeos. ¿Qué podemos encontrar en sus páginas?
Este libro es un acto de justicia histórica. Nunca se había escrito nada de la historia de la Copa Faulconbridge… y lo poco que se había escrito, estaba mal documentado y con muchísimos errores. Por ejemplo, el campeón del 1933 aparece como Jerónimo Villota, cuando realmente es Jorge de Villota, un jugador de Puerta del Hierro. El campeón de 1935 es Arturo Suqué, no Francisco Suqué, del Real Club de Tenis Barcelona. El de 1949 no es Armando Casas, sino Ricardo Casas. Incluso el mismo nombre de Faulconbridge se escribía mal, ‘Faulcombridge’.
Esta última tiene delito.
Nosotros encontramos la iglesia de Liverpool donde fue bautizado Alfred John Faulconbridge. Sabemos dónde está enterrado, tenemos fotos de la lápida con la ’N’, incluso su firma. Por eso digo que es un acto de justicia histórica, una pieza que trata de rescatar la memoria de un torneo casi centenario, reuniendo año por año todo lo que aconteció. Aquí hay anécdotas, hechos destacados y pequeñas reseñas biográficas de cada campeón y campeona. Eso es lo que contiene este libro.
¿Qué te movió a escribirlo? Porque este proyecto no se hace en un fin de semana.
A mí me supuso más de un año de trabajo y documentación sistemática, pero lo enfoqué como un acto de generosidad hacia el tenis. A mí el tenis me lo ha dado todo, es un privilegio dedicarme al tenis, aunque yo soy historiador, pero una parte fundamental de mi vida es el tenis. Esta era una forma de devolverle algo que le debía al mundo del tenis. Luego también fue un reto, porque no había nada escrito, pero significaba juntar mis dos grandes pasiones: historia y tenis. Si tenemos en cuenta que además era sobre algo de mi tierra, porque yo soy valenciano, pues se juntó todo.
¿Tuviste apoyos cuando presentaste la idea?
Tanto Ole Andresen, presidente del Club de Tenis Valencia, como Pablo Andújar, me animaron desde el principio y me apoyaron para llevar adelante el proyecto. Ambos consideraron que la historia es una herramienta fundamental para ellos. No es lo mismo pedir una subvención al Ayuntamiento diciendo que esto es un torneo de tenis como otros tantos que puede haber en Valencia, que un torneo que se remonta a 1933, un patrimonio histórico deportivo de la ciudad.
¿Tan importante llegó a ser la Copa Faulconbridge?
Es el torneo internacional más longevo de este país. El Godó nace en los años 50, pero este es de los años 30, son veinte años más de antigüedad. Aunque al principio fue un torneo que osciló entre el carácter local y nacional, a partir de los años 50 se convierte en internacional y, por lo tanto, en un referente mundial. Por ejemplo, Manolo Santana lo ganó cuatro veces. Manuel Orantes lo ha ganado dos veces. Andrés Gimeno lo gana en 1972, ¡el mismo año que gane Roland Garros!
¡Vaya tres nombres!
En 1956, el estadounidense Sam Richardson la Copa Faulconbridge siendo el número 3 del mundo y número 1 de su país. Ese año lo juega también la australiana Thelma Long, dos veces campeona individual del Campeonato de Australia, catorce en dobles y cuatro en mixtos. O Pierre Darmon, que en 1962 fue subcampeón de Roland Garros. Hablamos de un torneo referente a nivel mundial en los años sesenta y setenta, ahí estaba en la cúspide.

¿Y qué pasó?
La Era Open arranca en 1968 y ahí llegan unos años muy convulsos para el mundo del tenis. Se crea la ATP y el circuito Grand Prix de la ITF. Se crea también el WCT, un circuito de un empresario tejano, Lamar Hunt. La Era Open abre las puertas a los profesionales, porque antes no podían jugar, Ken Rosewall o Rod Laver no podían jugar los Grand Slams. Entonces la Copa Faulconbridge queda un poco descabalgada, pero el torneo a nivel nacional sigue siendo importantísimo. En 1986 lo gana Arantxa Sánchez Vicario y en 1987 lo gana su hermano Emilio. Como curiosidad, este es el único torneo del mundo que lo han ganado cuatro hermanos, los Sánchez Vicario.
¿Por qué desapareció entonces?
Llega un momento donde el torneo acaba convirtiéndose en un evento más nacional, incluso más valenciano. Manuel Sala gana el torneo el año 2000, último año del siglo XX, momento donde el Club de Tenis Valencia se replantea todo. Ellos querían tener un torneo que fuera referente, así que en 2001 no se disputa el torneo y en 2002 se crea la Copa Faulconbridge Challenger, donde el campeón es David Ferrer. Este fue el último año que se disputó.
Sería la antesala de algo mucho mayor.
Claro, el año 2002 es el trampolín para que en 2003 se cree el ATP de Valencia, que ganó Juan Carlos Ferrero. Es una continuación de la Copa Faulconbridge, aunque nunca llevó su nombre y, por tanto, no es objeto de estudio de este libro. Realmente fue como una continuación histórica, en 2002 termina el torneo Challenger y en 2003 se creó el ATP de Valencia, que se jugó en este club hasta 2008. De 2009 a 2015 se marchó al Ágora, convirtiéndose en un ATP 500, hasta que hay un cambio de gobierno y las ayudas desaparecen, de ahí que el torneo quedara fulminado del calendario.
Pero todo lo bueno vuelve.
Eso es, en 2022 aparece Pablo Andújar y decide crear un torneo Challenger. Con muy buen criterio, rescata la historia y lo nombra Copa Faulconbridge.

Cuando se crea el ATP de Valencia en 2003, ¿no se barajó mantener el nombre de Faulconbridge?
No, nada. En ningún momento se plantearon ponerle ese nombre, sonaba demasiado inglés (risas). Querían potenciar el nombre de la ciudad, que Valencia estuviera presente en primer lugar: Valencia Open. Es un buen criterio también, así que nunca se plantearon rescatar el nombre de Faulconbridge para la ATP.
Por cierto, ¿quién fue Alfred Faulconbridge?
Alfred Faulconbridge es un inglés que nace en Liverpool a finales del s.XIX, pero decide abandonar su Liverpool natal y trasladarse a Valencia. En Inglaterra se habían patentado las primeras normativas del lawn tennis, el tenis sobre césped, así que se comercializaba como un set conformado por un baúl donde venía: una red, dos postes, dos raquetas, pelotas blancas, una cinta métrica y un libro con el reglamento. Total, que la idea de Alfred era explotar cítricos por los mercados ingleses, pero su verdadera pasión era el tenis. Un día, paseando por la ciudad junto a los jardines de Monforte, descubre un lugar idílico que se llamaba Huerto del Santísimo. Allí había una pista de patinaje cubierta de tierra y Alfred piensa: ‘Este será mi Wimbledon particular’. Limpió la pista, montó los postes, dibujó las líneas y empezó a jugar con otros ingleses.
Y así nació el tenis en Valencia.
Se tiene la idea de que Faulconbridge incluso fundó el Club de Tenis Valencia, llamado Sporting por aquel entonces, pero no es cierto. De nuevo hay que reescribir la historia, él lo que funda es el Valencia Lawn Tennis Club, que tiene su sede en el Huerto del Santísimo, donde todos los jugadores era ingleses.
¿Y cómo se desarrolló aquella raíz?
Empezaron a jugar, empezaron a subir de nivel, se van a jugar con los ingleses de Barcelona, hasta que deciden fundar esta sociedad. Así están muchos años, hasta que se funda el Sporting Club en 1905 por la aristocracia valenciana, pero ahí Faulconbridge no pinta nada. La cuestión es que ambos proyectos corren en paralelo, hasta que la pista del Huerto del Santísimo desaparece y los ingleses se integran en el Sporting, donde Faulconbridge llega a ser presidente. De ahí la buena relación de este hombre con este club.
¿Fue buen presidente?
Le dio un impulso increíble al club, en los años 20 cambian de sede para que haya tres pistas. En 1926 vuelven a cambiar para que haya cuatro pistas. En 1932 vuelve a cambiar para que haya ocho pistas. Esto significa que el número de socios incrementaba, hasta que llega un día donde Faulconbridge fallece. Es entonces cuando se descubre en su testamento una herencia millonaria para que el club pudiera tener unas instalaciones gigantescas. A modo de homenaje, como gran pionero del tenis en Valencia, se crea la Copa Faulconbridge al año siguiente de su fallecimiento y, en mayo de 1933, se juega la primera edición.

¿No tuvo hijos?
No, muere en 1932 sin hijos. La mujer estaba entre Liverpool y Valencia, hasta que fallece en Liverpool sin descendencia.
El relato es tremendo.
Faulconbridge es un nombre muy mítico, para mí es el nombre más bonito del mundo. Faulconbridge se podría traducir como la Copa del puente de los halcones, un nombre precioso. Incluso un sobrino suyo se fue a Australia y fundó una ciudad que se llama Faulconbridge.
¡Qué me dices!
Siempre le digo a Ole que tienen que hermanarse con esa ciudad (risas). Como anécdota, otra sobrina suya se casó con el hijo de Tolkien, el famoso escritor de ‘El señor de los anillos’, que fue un gran jugador de tenis. De hecho, una lesión de tobillo mientras jugaba le obliga a pasar un tiempo en cama y es ahí donde crea ‘El Hobbit’.
Debes estar contentísimo con el libro.
Soy muy perfeccionista, me cuesta mucho estar satisfecho de un trabajo […] De este, sin embargo, lo estoy. No falta un solo campeón en el libro, están todos, tanto de individual, como de dobles, como de mixtos. Es un trabajo arduo de investigación donde me apoyo en las fuentes primarias y las fuentes secundarias. Aquí el problema es que secundarias no tenía ninguna, porque nadie había escrito de la Copa Faulconbridge, así que tuve que acudir directamente a las primarias. Me he pasado horas y horas en un sótano pasando páginas de Las Provincias y algunas revistas especializadas. Aquí fue clave el apoyo de otros historiadores del mundo del tenis que, por fortuna, tenían todas estas revistas.
¿Cómo has hecho para reunir tantas fotos, tan antiguas y de tan buena calidad?
Ahí se da el elemento más romántico. Por ejemplo, no existía ninguna foto de la primera edición de la Copa Faulconbridge, en 1933. Nadie sabía cómo era la cara del primer campeón… pues terminé consiguiendo esa foto. Para empezar, en el palmarés aparecía Jerónimo Villota, pero ese nombre estaba mal, el verdadero nombre era Jorge de Villota. Acabé encontrando su árbol genealógico: Jorge de Villota Muniesa. Fui bajando y apareció Emilio de Villota, el piloto de Fórmula Uno. Total, que contacto con él y le pregunto por el descendiente más cercano de Jorge de Villota Muniesa… y me dice: ‘Es mi primo hermano’.
¡Noooo!
Jorge de Villota Salgado, correcto. Me pongo en contacto con él, le explico todo el trabajo y ahí rompe a llorar. Le pido que me cuente cosas de su padre, de cómo jugaba, de qué hizo después de la Guerra Civil. Obviamente, le pido una fotografía, la necesitaba para un libro tan visual, aunque fuera una foto de tenista, ni siquiera hacía falta que fuera de ese año. Acabé yendo a su casa, bajamos al garaje y ahí saca un baúl enorme que vuelca por completo. Será que soy historiador y estoy acostumbrado a esa situación, pero es que la vi de primeras. Identifiqué a Pepín Albiol, que fue el subcampeón, y al lado estaba su padre. Le pedí una lupa y se confirmó mi hipótesis. Abajo de la foto, a bolígrafo, estaba escrito: ‘1933, Copa Faulconbridge’.
Qué barbaridad, David.
Casi te podría contar una anécdota por cada año, pero esta del primer campeón es muy difícil de superar.
Por cierto, ¿Faulconbridge jugaba bien al tenis?
Sí, sí. Jugó en Barcelona, en Suiza, en Gales y aquí en España muchas veces. Acabó nacionalizándose español y jugó los tres primeros campeonatos de España, donde llegó a cuartos de final.
Te felicito de verdad por esta obra.
Muchas gracias. Para mí es un libro redondo, muy visual y muy divulgativo. Me gusta el contenido y también el continente, quería hacerlo bien, con la máxima calidad. Estoy muy orgulloso.
¿Del torneo actual estás orgulloso?
El cuadro es el de un ATP 250: Zizou Bergs, Roberto Bautista, Alejandro Tabilo, Matteo Berrettini, Pablo Carreño… es un torneazo. Ahora es un Súper Challenger 175, que solo hay seis en el mundo, ubicado en una fecha ideal como la segunda semana de Roma. ¿Por potencial? Claro que podría seguir creciendo, aunque respecto al cuadro no creo que se notara mucho, como mucho sumaría algún top20 más. Tendría un nivel muy semejante, pero ahí ya depende de que se libere alguna licencia y se pueda comprar, como cuando el Valencia Open perdió la suya y se fue a Amberes.
Por cierto, ¿cómo se pueden ir añadiendo al libro las próximas ediciones?
Estaría bien hacer una actualización, pero de ninguna manera sería algo anual, eso costaría mucho dinero […] Mira, para 2032 será el centenario, dentro de seis años, ahí sería una buena ocasión.

