La inercia ganadora suele estar relacionada con las victorias importantes. La llamada confianza, la que permite tomar riesgos sin parecerlo, labrada a base de victorias y salud, es la que sigue buscando Andy Murray, a quien 2017 no le está trayendo suerte ni demasiadas alegrías. El aún número 1 del mundo, defensor del título en Wimbledon, no llega de la mejor manera al torneo más prestigioso del calendario, pero su calidad y su adaptación a una superficie tan particular podrían ser suficientes para que, una vez en la segunda semana, su nombre tome gran protagonismo.
Es lo que piensa uno de sus antiguos entrenadores, y uno de los grandes opinadores del tenis actual, Brad Gilbert, quien cree que, precisamente esas condiciones del escocés sobre pasto son las que pueden solventar los problemas de confianza y falta de victorias con las que llega Andy al torneo, el tercer Grand Slam del año, época del año donde más puntos defiende el de Dunblane.

"Definitivamente ha sido un año confuso para él. No nos dimos cuenta del peaje físico que tuvo que pagar con tanto torneo y su problema de herpes, y eso hay que valorarlo. Dicho esto, la hierba es sin duda su mejor superficie. Todavía se mueve brillantemente en esta superficie para poder defenderse y restar tan bien como el mejor".
Gilbert pone de ejemplo el torneo de Roland Garros, donde, y a pesar de no ser su mejor superficie y de llegar sin grandes resultados, llegó al quinto set de las semifinales. "Él no tenía ninguna racha de resultados para llegar bien a Roland Garros y aún así llegó a las semifinales, así que creo que en esta superficie, podría fácilmente llegar igual o más lejos".

