David Nalbandian: “Para mí, tenista fui en otra vida”

El argentino recuerda su título en Shanghai de hace diez años y afirma que no echa de menos el tenis en su nueva vida. “Es una etapa concluida, terminada”.

Fernando Murciego | 21 Nov 2015 | 07.48
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Han pasado ya dos años desde que el circuito ATP dijera adiós a uno de los grandes talentos del nuevo siglo: David Nalbandian. El argentino colgó su raqueta definitivamente a finales de 2013 cuando una cirugía en su hombro derecho acabó convirtiéndose en algo más que un problema. El primer día del calendario cumplirá 34 años, aunque una fecha que tampoco olvidará fue la acontecida ayer mismo, 20 de noviembre, pero de hace justo diez temporadas, fecha en la que conquistó la Masters Cup de Shanghai. El cordobés rememora todas estas vivencias en una charla con el periódico La Nación donde revela que el tenis ya forma parte del pasado.

Dicen que la retirada, para un tenista, siempre es difícil. Sobre todo a la hora de llenar tanto tiempo que antes ocupaba el darle golpes a una bola. "No lo sufrí, no. Soy de mirar hacia adelante más que para atrás. Había iniciado varias cosas antes de retirarme, entonces no tuve un tiempo sin saber qué hacer. Me ayudó a seguir ocupado y con la cabeza activa. Hace pocos días agarré un poco el Twitter. No le daba mucha pelota, soy un desastre en eso. Agarraba la computadora y me electrocutaba (sonríe). Y el otro día leí que pasaron ocho años de los títulos de Madrid y París, y si no lo veo, no lo registro. Para mí, tenista fui en otra vida".

Éste es David Nalbandian, un hombre que ha pasado página en su historia y que, ni aunque se lo propusiera, podría volver a las pistas. “Me había operado la cadera en 2012 y si bien no quedé al cien por ciento, estaba para competir. Lo del hombro fue mucho peor, contra eso no podía hacer nada. Hoy podría sacar, pero mañana ya tengo el brazo que se me cae. Si sacara de abajo podría jugar perfecto todos los días. El tema es cuando el codo me pasa la altura del hombro, todo lo que sea lanzamiento o movimientos de repetición me molesta. Después, para la vida cotidiana, no tengo ningún problema”, declara el argentino.

Ahora su tiempo libre se rellena con otras cosas, como por ejemplo, los rallys. “Hago las cosas de mis inversiones, temas en los que me fui metiendo. También con el rally, que no me lleva demasiado. Es una vez por mes, de miércoles a domingo, no es mucho. Es la excusa para irme de casa (sonríe). El tenis era una profesión, con más obligaciones, más presiones. Le dedicaba todo el día. Y esto lo hago como diversión”.

¿Se acuerda del tenis David Nalbandian? ¿Cuesta dejar atrás una etapa de catorce años como profesional? “No, no me costó nada, la verdad. Sin el tenis vivo más tranquilo. Antes, tenía que andar con el bolso armado de un lado para el otro. Cuando volvía, en una semana quería hacer todo lo que no hacía en dos meses de gira. Ahora tengo una rutina en la que me organizo como para disfrutar y hacer cosas con la familia”, expresa el cordobés, quien tampoco echa en falta la adrenalina de la competición.

No la extraño. Ya la viví, la sentí dos millones de veces en partidos y ahora es época de otra cosa. Es más, juego al fútbol con amigos y ni me caliento. Yo los puteo porque se calientan con el árbitro y se hacen echar al pedo. Les digo ‘Boludos, estamos jugando un torneo de mierda. ¿Qué hacéis renegando con un árbitro? Dejad de hinchar las pelotas, que estamos divirtiéndonos’. Ese momento ya lo viví, ya lo pasé, ya fue, ya está. De repente, para un tipo que nunca compitió, el partido del fin de semana es todo lo que tiene. Y es entendible”, argumenta el ex número tres del mundo.

Pero si algo había a lo que Nalbandian deseaba dar carpetazo definitivo, era a los viajes. “Creo que lo primero que dejas de extrañar son los viajes. Si la camada nuestra, la de los argentinos, hubiera vivido en Europa o en Estados Unidos, muchos hubiésemos jugado algún año más. Por ahí yo no por la lesión, pero quizá los que se retiraron jóvenes sí. El viaje era una de las peores cosas. Todas las giras son lejos, largas, incómodas. Me acuerdo de que, después del retiro, en los primeros viajes de vacaciones me sentía raro porque me faltaba el bolso, el raquetero. Piensas que te estás olvidando de algo. Es gracioso. El tenis es una etapa concluida, terminada. Muy buena, pero no la extraño para nada”, repite una y otra vez el talentoso diestro.

El tenis, base o quizá en un rol de técnico. ¿Podría Nalbandian volver a ligarse al tenis en un futuro? “Con el desarrollo no sé. La verdad es que la Asociación nunca me llamó, nunca hablé. Y para ser entrenador tienes que estar dispuesto a viajar, porque entrenar un par de semanas acá a un jugador bueno y no viajar, es como no terminar de ayudarlo. Y volver a viajar sería casi la misma vida que tenía como jugador. No me convence”.

Atrás, muy atrás, quedan los años de oro del tenis argentino con ‘La Legión’ y todos sus éxitos cosechados. Algo que, lamentablemente, tardará mucho tiempo en volver a repetirse. "Creo que lo de la Legión no va a volver a pasar. Inclusive por más presupuesto y plata que haya. Es muy difícil. Hoy, si yo le doy un presupuesto ilimitado a la Asociación, tampoco creo que saque la cantidad de jugadores que hubo en ese momento. Hubo un conjunto de cosas. Mira Estados Unidos, Francia, Australia o Inglaterra, tienen todo el presupuesto del mundo y no sacan tantos jugadores. No es un tema económico solamente. Todos los fines de semana había un argentino jugando semifinales y finales, en cualquier superficie y en cualquier lado. No era normal. El problema de la sociedad nuestra es que te vas acostumbrando; entonces, cuando pasaron esos tres o cuatro años increíbles, la gente pensó que jugar al tenis era como hacer arroz, que ponías agua en el fuego y salía. Por algo no había pasado antes tampoco”, recuerda el que fuera campeón de once títulos ATP y finalista en Wimbledon.

Unos se irán que otros llegarán. Aunque nada será igual. “Veo que hay un receso, un cambio generacional. A Pico (Mónaco), por más que vuelva bien, no le va a quedar mucho. Juan Martín (Del Potro) está con el tema de la mano y no se sabe qué va a pasar. Podría jugar bien algunos años más, pero hay que ver cómo queda. Y después, el resto, pueden ser jugadores que pueden estar fluctuando del 100 al 30, como está Leo (Mayer), pero tampoco ves camadas grandes. Es una lástima haber logrado tantas cosas en la Argentina y que hoy no haya ni un título ni un par de jugadores para seguirlos por la televisión”.

Y como gran espina clavada, la Copa Davis, aquello que tantas veces se resistió. “Ya no sufro con esto, aunque aquello era único, momentos mágicos. Me pongo un poco nervioso porque quiero que ganen los chicos, obvio. Pero no es lo mismo verlo desde tu casa. Hoy me pongo bastante más nervioso por River, eso sí”, revela el padre de Sossie y Teo, éste último, llegado al mundo hace apenas un mes.

Un recuerdo sobresale del resto si ahondamos en el baúl de sus hazañas: la Copa de Maestros de la temporada 2005. Un torneo que disputó casi de rebote. “Cómo comenzó la historia ya fue una locura. Yo estaba con el bolso casi preparado para irme a pescar, y si me llamaban un día después no me encontraban, porque iba a estar pescando en un lugar sin señal, sin teléfono, sin nada. Me llamaron cuando se borró Roddick. Yo de suplente no iba ni loco, menos a Shanghai. Y terminó siendo un torneo inesperado, increíble”.

Lo que me dio el parámetro de que estaba bien fue el primer partido con Roger, que, si bien lo perdí, no me sentí mal. Al contrario. Ese partido era, en teoría, el peor, por el rival y el poco tiempo que llevaba en Shanghai. Y cuando terminé, pensé ‘Che, no estuve mal’. Me dio esperanza y me llevó a pensar que iba a dar pelea. Después jugué un gran partido con Ljubicic, con Guille [Coria], con Davydenko igual. Partido a partido fui mejorando y al final podía pasar cualquier cosa. La final la pondría dentro de los mejores cinco encuentros de mi carrera. Quizá no por nivel, porque fue un partido raro, pero sí por ser la final del Masters, por Federer y por todo el ambiente”, subraya David, quien remontó dos sets en contra ante un Federer que llegaba con 35 triunfos consecutivos a la espalda y con una racha de victorias en sus últimas 24 finales.

Él ya retirado y Federer, un año más viejo, todavía dando guerra. “Es un animal. No sé, el tipo no se resfría, no sé qué le pasa. ¡Y con cuatro pibes! Es todo muy raro [sonríe]. Hablando en serio, es asombroso, porque de vez en cuando tiene un dolor de espalda o algo, pero para lo que es el tenis son cosas mínimas. Que siga manteniendo el nivel es increíble. Es normal que cada vez le cuesten más los partidos de Grand Slam y a cinco sets, pero en torneos a tres sets está para ganarle prácticamente a cualquiera. En este Masters En Cincinnati le ganó a Djokovic, por ejemplo. Se ve que le gusta mucho el tenis, no otra cosa [sonríe]. Los cambios que hizo, como el de la raqueta, es un ejemplo de la necesidad que tiene de mejorar para mantenerse. Físicamente, lo lógico es que sea inferior a las camadas nuevas. Es lo lógico. Esa mejoría es lo que lo mantiene motivado”, destaca el que fuera uno de sus grandes rivales en la época.

Aunque el hombre que gobierna el vestuario hoy en día se llama Novak Djokovic, y para él también tiene una opinión: “Es increíble. Su temporada es comparable con las mejores de Federer y Nadal. Ahora, Nole es capaz de batir cualquier récord”.

Eso sí, un motivo por el cual el serbio es el dominador de todo el circuito ATP es debido a la homogeneización de las pistas, un tema con mucha controversia para cerrar una jugosa entrevista. “En general veo que las superficies son más lentas que rápidas. Cuando yo empezaba en profesionales, el pasto era rapidísimo, al igual que algunas canchas indoor. Hoy no encuontras una superficie de ese tipo. Jugar de fondo en pasto prácticamente no existía. Hoy hay mucho más desgaste físico porque los puntos son muy largos. Y veo muchos jugadores que compiten con más potencia, pero con menos cabeza”, concluye el argentino.