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Hewitt señala lo que hizo gigante a Federer: “Tenía una diana en la espalda”

En una semana cargada de homenajes hacia el tenista suizo, Lleyton Hewitt se ha querido sumar alabando una de las cualidades de Federer que menos cuajó en la mente de los aficionados.

Federer era mucho más que talento: la revelación de Lleyton Hewitt sobre su grandeza

Hasta 27 veces llegaron a enfrentarse Roger Federer y Lleyton Hewitt. No hace falta contarle al australiano de qué pasta estaba hecho el suizo. De ahí que sus palabras cuando habla de esta rivalidad cobre un valor tremendamente especial.

El ex número uno del mundo se pasó por la mesa de Tennis Channel para dialogar acerca de la figura de Roger Federer, un hombre con el que compartió cada paso del camino desde que su etapa junior. La fortuna es que no solamente le enfrentó dentro de la pista, sino que también pudo construir una amistad con el suizo fuera de ella. Ahora que estamos en una etapa de múltiples homenajes, os invito a escuchar a alguien que lo sufrió como pocos.

De entrada, Hewitt recuerda que ya con 15 o 16 años Federer tenía “una capacidad increíble para crear golpes”, pero todavía estaba lejos de ser el jugador que terminaría dominando el circuito. Su enorme talento convivía con cierta irregularidad. Un día podía ofrecer un tenis espectacular y al siguiente cometer demasiados errores. De hecho, Hewitt reconoce que durante sus primeros enfrentamientos era él quien conseguía imponerse con mayor consistencia. Hasta que algo cambió.

Según el australiano, fue alrededor de 2003 cuando todas las piezas comenzaron a encajar. Federer ya había enseñado su potencial en Wimbledon 2001, cuando puso contra las cuerdas a Pete Sampras, pero un año después perdió en primera ronda ante Mario Ancic. La transformación definitiva llegaría poco después, coincidiendo con su primer título en Wimbledon.

Hewitt tumba la idea equivocada que todo el mundo tiene con Roger Federer

Para Hewitt, existe un aspecto de Federer que no siempre recibe el reconocimiento que merece, su fortaleza mental. “A veces hablamos de Novak o Rafa y de lo mentalmente fuertes que son, pero no asociamos eso suficientemente con Roger”, explicó. Y puso un ejemplo que considera extraordinario: Federer nunca se retiró de un partido a lo largo de toda su carrera. Para Hewitt, ese dato resume perfectamente su compromiso. Jugara bien, mal, con problemas físicos o con toda la presión del mundo sobre sus hombros, siempre se ponía en disposición de competir.

Siempre tuvo una diana en la espalda”, recordó. Y aun así, siguió saliendo a pista para darse una oportunidad de ganar. Esa mentalidad, unida a la variedad de golpes que ya poseía desde adolescente, terminó convirtiendo sus herramientas en un arsenal prácticamente imparable. Hewitt también recuerda el punto de inflexión que supuso su enfrentamiento en la Copa Davis de 2003. El australiano venció a Federer después de remontar una desventaja de dos sets y, desde entonces, perdió los siguientes 15 enfrentamientos contra el suizo. “Fue un gran cambio de impulso”, admite.

A mediados de los 2000, Federer ya era prácticamente intocable en cualquier superficie. Y para Hewitt, su grandeza no se explica únicamente por el talento natural. Se explica por haber aprendido a dominarlo, pulir cada herramienta y, sobre todo, desarrollar una fortaleza mental extraordinaria. Por eso, ahora que Federer ha ingresado en el Salón de la Fama del tenis, Hewitt no duda: “Ha sido un modelo y un embajador increíble para nuestro deporte. Se merece todo esto”.