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Welcome to the Rafael Jódar Show

Milagrosa remontada del madrileño en su debut en Cincinnati: caía por 1-5 en el tercer set, tuvo dos bolas de partido en contra... pero superó a un Shapovalov que se diluyó como un azucarillo.

Jódar firmó una remontada histórica.

Hay victorias que resultan difíciles de explicar. Debes estar ahí, sentirlas con la misma intensidad que los protagonistas, nutrirte de sus momentos importantes para generar una conexión que vaya más allá del propio momento. Cuando remontas un 1-5 en el tercer set, levantas dos bolas de partido y te llevas los dedos a la oreja para señalar a la gente que tú estás empeñado en seguir tu camino más allá de las críticas, lo que haces es crear afición; le dices al mundo que en ti hay madera de leyenda, que en ti se puede confiar. Por todo ello y más, hoy Rafael Jódar ha cuajado en su debut en el ATP Cincinnati 2026 una de las actuaciones más impresionantes de su carrera, tumbando a Denis Shapovalov en una montaña rusa que culminó con un rosco virtual (7-5, 4-6, 7-5).

3 horas y miles de alicientes. Tiempos médicos, drama múltiple con los cordones de las zapatillas (en momentos aleatorios, sin que Rafa tuviera culpa, pero creando la suficiente tendencia como para ser comentado en redes justo a la conclusión del duelo), dos bolas de partido que el madrileño salvó con valentía, vaivenes en la confianza del juego, problemas físicos que se solucionaron a tiempo... y la confianza, a un lado, de quien juega como un veterano teniendo 19 años, repartiéndose por el duelo a partes iguales con las dudas y el miedo de un tipo de talento ilimitado, pero confianza guadianesca en su plan de juego (más aún en los momentos importantes).

Jódar firmó una remontada histórica apoyado en las dudas de Shapovalov

Así transcurrió el primer set, con el canadiense completamente aferrado a un plan de juego claro: cortar el ritmo, ser letal con el saque + 1 y encontrar las aperturas con su drive. Lo logró, y no solo a cuentagotas, sino con una cadencia y regularidad que hacían ver al madrileño que el partido de hoy sería realmente complicado: llevar las riendas del partido le granjeó una rotura que acabó siendo su pesadilla, puesto que le impulsó a ser muy irregular con el saque, a regalar dobles faltas y, finalmente, dos breaks que le dieron el primer parcial al madrileño.

Sorprendió, tras un colapso mental tan claro, que recuperase la compostura en un inicio de segundo set arrollador, en el que apretó el pie del acelerador para no soltarlo nunca. Lo cierto es que el partido pasaba por su raqueta: sus golpes fluían, su revés aguantaba las acometidas del drive de Jódar, y su rapidez de piernas era muy superior a la del madrileño. Los partidos acumulados hacían mella en un Rafa serio, regular, pero sin la explosividad y viveza del canadiense cuando lanzaba sus ataques. Cuando el partido se marchó al tercer set y los calambres, leves, hicieron acto de presencia, todo parecía estar listo para la sentencia.

Ahí comenzó una visita al manicomio que, de verdad, no tiene explicación. Entre cambios de zapatillas y presencia del médico, Jódar se desangraba y el partido entraba en una extraña dinámica, una nebulosa de la que Shapovalov no conseguiría salir. El canadiense dejó de confiar en su saque (solo un 45% de primeros dentro a partir del 5-1 del tercer set), manifestó sus nervios a través de las acciones de ataque (solo un ¡37%! de efectividad en situaciones ofensivas: subía a la red como pollo sin cabeza, empezando a comerse voleas muy sencillas) e hizo ver a Jódar que no tenía todas consigo.

Ahí, claro, el Monstruo de Leganés vio a una víctima perfecta. Inició una remontada que acabó metiéndose al público en el bolsillo, que pasó de lanzarle ligeros silbidos en uno de los cambios de zapatillas a entonar el 'Rafa, Rafa, Rafa' en una de las últimas roturas. El partido había cambiado: ahora Jódar, tras haber pasado la pájara física, sí creía en sus golpes de ataque, encontraba los restos a los pies que tanto atemorizan al circuito y, en definitiva, sentía que cualquier golpe de su raqueta se convertiría en oro. 

Solo así se se entiende semejante remontada: a través del aspecto mental, de la confianza que te dan tantas victorias, de la sensación de volar por un circuito que aún no se siente tuyo, como quien sale al recreo y vive en él, sin pensar en asignaturas complicadas. Así afronta Jódar cada partido, aunque se irá de Cincinnati con una gran lección (es más bien el circuito quien la recibe): jamás entregará un partido por irse mentalmente. Para ganar a Rafa hay que rematarlo en el suelo, porque el madrileño siempre pensará que tiene una mínima posibilidad de darle la vuelta a todo... y eso, amigos, es una cualidad que no se entrena. Escuela española, tenis del Siglo XXI y magia en tierras estadounidenses. Welcome to the Rafael Jodar show.