Aryna Sabalenka llegará al US Open 2026 con una presión muy diferente a la de temporadas anteriores. La bielorrusa continúa siendo la mejor jugadora del mundo, ha protagonizado una campaña sobresaliente en términos de regularidad y conquistó el prestigioso Sunshine Double, pero las decepciones en los Grand Slam generan un poso de crisis en torno a ella.
Las derrotas sufridas en Melbourne, Roland Garros y Wimbledon han dejado una sensación agridulce alrededor de una jugadora que sigue liderando con autoridad el ranking WTA, pero que todavía no ha conseguido trasladar ese dominio a los torneos más importantes del calendario. Nueva York representa ahora la oportunidad perfecta para redimirse, ampliar su colección de Grand Slam y evitar formar parte de una estadística tan extraña como poco deseada para cualquier número uno del mundo.
Una temporada brillante... con la espina de los Grand Slam
Resulta complicado calificar como decepcionante un año en el que una jugadora ha permanecido prácticamente sin discusión al frente de la clasificación mundial. Sabalenka ha vuelto a demostrar por qué es la referencia del circuito femenino, acumulando victorias, finales y títulos que le han permitido construir una ventaja considerable respecto a sus perseguidoras.
Especialmente brillante fue su gira estadounidense de primavera. Conquistar de forma consecutiva Indian Wells y Miami, el denominado Sunshine Double, constituye uno de los logros más difíciles del tenis moderno y confirmó que la bielorrusa seguía siendo la rival a batir.
Sin embargo, el tenis de élite suele juzgarse con un criterio diferente. Por muy consistente que haya sido una temporada, son los Grand Slam los que terminan definiendo el legado de las grandes campeonas. Y ahí es donde Sabalenka ha encontrado un obstáculo inesperado durante 2026.
En Australia no consiguió defender el trono, en Roland Garros volvió a quedarse a las puertas del gran objetivo y Wimbledon tampoco terminó ofreciendo la respuesta que esperaba. Tres oportunidades perdidas que han ido aumentando progresivamente la sensación de que necesita un golpe sobre la mesa antes de cerrar el año.
Una anomalía histórica amenaza a la número uno
La importancia del US Open no se limita únicamente a la lucha por un nuevo Grand Slam. También puede evitar que Sabalenka pase a formar parte de un grupo muy reducido de jugadoras que, siendo número 1 del mundo, completaron una temporada sin conquistar ninguno de los cuatro grandes.
En lo que va de siglo XXI, esta circunstancia solo se ha producido en ocho ocasiones, una cifra sorprendentemente baja que refleja hasta qué punto las grandes dominadoras del ranking acostumbran a traducir esa superioridad en títulos de Grand Slam. Las protagonistas de esa peculiar estadística fueron:
| Año | Jugadora |
|---|---|
| 2003 | Kim Clijsters |
| 2004 | Amélie Mauresmo |
| 2008 | Jelena Jankovic |
| 2009 | Dinara Safina |
| 2010 | Caroline Wozniacki |
| 2011 | Caroline Wozniacki |
| 2017 | Karolina Pliskova |
| 2017 | Simona Halep |
Un escenario todavía más extraño
Sabalenka podría protagonizar incluso un caso todavía más llamativo. Existe una combinación de resultados que convertiría este US Open en una situación prácticamente inédita para la bielorrusa.
Si no conquista el título y, además, Elena Rybakina consigue los resultados necesarios para arrebatarle el liderato del ranking, Sabalenka podría cerrar un año completo como número uno del mundo sin haber ganado un solo Grand Slam durante ese periodo de doce meses.

Se trataría de una circunstancia extremadamente poco habitual en el tenis moderno. Porque mantener el liderato del ranking durante tanto tiempo suele ser consecuencia directa de dominar también las grandes citas. En el caso de Sabalenka, su extraordinaria regularidad, la enorme cantidad de puntos acumulados en torneos WTA 1000 y su capacidad para alcanzar las rondas finales prácticamente cada semana han sostenido un liderazgo que, sin embargo, todavía reclama un gran título reciente como principal argumento.
Paradójicamente, pocas jugadoras han parecido tan superiores durante tantos meses sin que esa superioridad terminara reflejándose en los Grand Slam.
Nueva York, una cuestión de legado
Más allá de las matemáticas del ranking, el US Open representa una oportunidad de enorme valor simbólico para Aryna Sabalenka. La bielorrusa sabe perfectamente que nadie cuestiona su condición de mejor jugadora del mundo en términos de consistencia. Lo que necesita ahora es volver a demostrar que también puede imponerse cuando toda la presión recae sobre sus hombros y el escenario es el más importante posible.
Además, conquistar el último Grand Slam del año cambiaría por completo la narrativa de su temporada. Las decepciones de Melbourne, París y Londres pasarían a interpretarse como simples tropiezos dentro de una campaña extraordinaria culminada con un gran título. No hacerlo, en cambio, dejaría inevitablemente abierta la sensación de que 2026 fue un año en el que dominó el circuito... pero no los grandes escenarios.
El hambre de una campeona
Precisamente esa sensación puede convertirse en el mayor aliado de Sabalenka. A diferencia de otras temporadas en las que llegaba como gran favorita tras haber conquistado ya algún Grand Slam, esta vez aterrizará en Nueva York con una motivación añadida. Necesita redimirse, cerrar heridas recientes y recordar por qué ha permanecido tantos meses en lo más alto del tenis femenino.
Su potencia, agresividad y capacidad para dominar desde el primer golpe siguen convirtiéndola en una de las grandes candidatas al título. Pero el desafío será tanto mental como tenístico. Tendrá que gestionar una presión diferente, la de saber que un solo torneo puede modificar profundamente la valoración de toda una temporada.
Porque el US Open 2026 no solo pone en juego un Grand Slam. Para Aryna Sabalenka representa la posibilidad de confirmar que su dominio en el ranking también encuentra reflejo en los títulos más importantes o, por el contrario, de entrar en una de las estadísticas más singulares del siglo XXI. En una jugadora acostumbrada a desafiar cualquier límite, pocos retos pueden resultar tan estimulantes como ese.

