Durante los últimos minutos ha salido un bombazo que afectará de lleno al circuito femenino de tenis. Según ha adelantado el periodista Ben Rothenberg, la WTA exigirá a todas las jugadoras unas pruebas genéticas de determinación de sexo para que puedan jugar en el circuito, lo que supondrá un cambio mayúsculo y un proceso mucho más estricto para poder competir.
A pesar de que en el circuito de tenis femenino no existe a día de hoy ninguna tenista trans, en el mundo del deporte en general es cada vez más común ver ese tipo de casos, con todas las polémicas que eso genera. Por tanto, a partir de este mes la WTA llevará a cabo esta iniciativa con el objetivo de descartar a cualquier mujer que pueda tener un marcador genético específico que sugiera rastros de biología masculina.
Esto convertirá a la WTA en el primer circuito deportivo profesional femenino independiente en exigir este tipo de pruebas genéticas a todas sus atletas. Además, aquellas tenistas que no entreguen estas pruebas podrán ser sancionadas incluso con varios meses sin poder jugar, por lo que la organización va muy en serio con la iniciativa. De momento no se ha actualizado el reglamento en la web de la WTA, pero se espera que suceda en los próximos días.

Los cambios en la normativa que afectarán a deportistas transgénero
La vigente normativa, que data del 2024, abría la puerta a deportistas transgénero a poder jugar el circuito femenino, o incluso a que un hombre biológico con una identidad de género femenina o no binaria pudiera optar a competir si alcanzaba y mantenía los bajos niveles de testosterona requeridos. Sin embargo, todo esto cambiará de golpe, por lo que en caso de que haya tenistas transgénero no podrán jugar en el circuito femenino al contrario que sucedía hasta ahora.
Las nuevas reglas de la WTA tendrán como objetivo prioritario determinar la presencia del gen SRY, y las pruebas genéticas solo tendrán que ser entregadas en una ocasión, ya que esto no cambia a lo largo de la vida de una persona. El gen SRY es una pequeña sección de ADN, que generalmente se encuentra en el cromosoma Y, y que desencadena el desarrollo de testículos en lugar de ovarios en el feto.
Por tanto, si una jugadora da positivo en la prueba del gen SRY, solo podrá seguir compitiendo en eventos de la WTA si puede demostrar que "tiene el síndrome de insensibilidad completa a los andrógenos u otro trastorno del desarrollo sexual que significa que nunca ha experimentado los efectos fisiológicos de la minipubertad masculina o la pubertad adolescente masculina", según señala Rothenberg en su artículo.
Unas pruebas que podrían generar un posible trauma en las tenistas
La única tenista transgénero que se conoce es Renée Richards, que jugó en la década del 1970, por lo que a priori este cambio de normativa no debería afectar al circuito. Sin embargo, estas pruebas genéticas también podrían mostrar resultados sorprendentes en casos excepcionales, incluso para personas que han vivido toda su vida con un solo género, algo que podría llegar a poner en riesgo la carrera de alguna atleta.
La WTA apoyará a las atletas afectadas por estos casos, aunque a priori no debería haber ningún problema de este estilo con un cambio de normativa que generará mucha polémica y traerá cola, ya que se ha decidido cerrar la puerta a que sucedan casos parecidos a otros deportes donde atletas transgénero sí pueden competir contra mujeres de igual a igual.

