Daniil Medvedev nunca fue un niño prodigio del tenis. A diferencia de otros grandes campeones de su generación, el ruso no dominó el circuito júnior ni apareció desde muy joven como una futura estrella. Sin embargo, su constante evolución terminó llevándole hasta el número 1 del ranking ATP, un camino que ahora ha recordado en una entrevista concedida a la ATP.
El ex número uno del mundo confesó que el sueño de alcanzar la cima siempre estuvo presente, aunque nunca perdió la perspectiva de avanzar poco a poco. "Siempre quise ser número uno del mundo, pero siempre fui paso a paso".

Medvedev también rememoró con cariño sus primeros años de infancia, cuando pasaba horas golpeando una pelota contra la pared de su apartamento mientras imaginaba enfrentarse a sus grandes ídolos. "Cuando era muy pequeño jugaba contra la pared en mi apartamento. Mis padres me odiaban por eso. Le daba con la raqueta a todas las paredes y acababan completamente marcadas. Mientras jugaba, siempre imaginaba que estaba enfrentándome a Roger Federer o a Rafa Nadal".
Lejos de ser una de las grandes promesas del tenis mundial, el ruso reconoce que nunca ocupó los primeros puestos del ranking júnior y que muy pocas personas confiaban en que pudiera llegar a la élite. "Nunca fui el mejor júnior. Siempre fui un buen jugador, pero jamás ocupé el número uno en ninguna de esas clasificaciones. Siempre estuve un poco en la sombra y creo que, si preguntas a la gente que me conocía entonces, incluso a mis entrenadores, si les hubieras dicho que algún día sería top 10, probablemente habrían respondido: 'Bueno, en el tenis todo es posible'".
Esa condición de aspirante silencioso terminó convirtiéndose en una motivación para el propio Medvedev, que nunca necesitó el foco mediático para crecer como jugador. "Pero dudo que hubiera mucha gente que pensara que llegaría a ser número uno del mundo. La gente no me consideraba una gran promesa, pero a mí siempre me gustó ser el tapado", confesó.

