Han pasado dos semanas desde que leímos la noticia y todavía seguimos sin entender nada: Pere Riba (Barcelona, 1988) y Qinwen Zheng (Shiyan, 2002) separan sus caminos tras una etapa cargada de éxitos. ¿Por qué? ¿Qué ha pasado entre los dos?
Aquí lo vamos a explicar. Después de 21 meses trabajando juntos, la china pasó de estar #170 del mundo a meterse en el top20, levantando una expectativa dentro de su entorno que no se ha sabido manejar. En una entrevista exclusiva con Punto de Break, Pere Riba relata dónde estuvo el conflicto para haber llegado a este desenlace.
Pere, ¿qué ha pasado?
La relación entre nosotros está muy bien, pero la figura de ‘Qinwen Zheng’ lleva muchas cosas detrás. Como entrenador, a mí me gusta trabajar de una manera, pero esta temporada hay algunas cosas que han cambiado. A principio de temporada se pactó un nuevo acuerdo con su padre. Unos objetivos que, de no cumplirse a estas alturas, yo debía apartarme el proyecto.
¿Se puede profundizar en esos objetivos?
No me gustaría entrar en detalles. Los objetivos estaban relacionados con el ranking y con ciertos eventos.
¿Ganar un gran torneo?
Por ejemplo.
¿Qué dice Qinwen?
Ella quería seguir conmigo, pero no es fácil, tiene mucha presión. En estos niveles hay mucha influencia en la toma de decisiones. Las cosas han ido muy bien desde que empezamos, jugando torneos de 25.000$, en nada empezamos a disputar las fases previas de Grand Slam y, actualmente, siendo cabeza de serie. Cada vez ha ido jugando mejor y teniendo mejor ranking, es difícil encontrar un motivo a esta ruptura, pero su entorno considera que ella necesita este cambio.

¿El entorno piensa que es lo mejor para ella?
[…] Yo quiero lo mejor para ella, entiendo que los demás también, son los primeros interesados. El que ha estado cada día con ella he sido yo, el que mejor la conoce tenísticamente soy yo. Si tengo que salirme del proyecto para que ella esté tranquila, soy el primero que me aparto, porque quiero lo mejor para Qinwen.
Igual podría anularse aquel pacto.
Soy un hombre de palabra, eso es innegociable. Si se debe continuar, tiene que ser la propia jugadora la que lo marque. Cuando yo doy mi palabra, aunque no haya firma por medio, se cumple a rajatabla.
Si Qinwen te lo pidiera, ¿seguirías entrenando con ella?
Es una hipótesis, pero Qinwen no es quien toma las decisiones, sino su padre. Ella sabe lo que hay, lo hablamos desde el momento en que surgió esta conversación. Siempre le he contado la verdad, he sido muy claro y honesto en todos los sentidos.
Debe estar entre la espada y la pared.
Para Qinwen es una situación muy complicada, lo que debería hacer es apostar por lo que más le convenza, lo que le haga sentir a gusto y sea más positivo para su tenis. En definitiva, lo que le haga estar tranquila. Pero que le dejen tomar sus propias decisiones, sobre todo yendo las cosas bien.
Después de casi dos años juntos, la progresión es incontestable.
Por supuesto, empezamos a trabajar juntos cuando estaba muy lejos, pero estoy contento porque en todo este trayecto he podido trabajar como yo quiero trabajar. En el momento en que el entorno me hace cambiar algunas cosas, soy yo el que propongo este acuerdo para que me dejen seguir trabajando igual que al principio. ¿Si me da pena? Por supuesto, hemos dado el 150% desde el primer día, pero si mucha gente piensa que este cambio es lo mejor para ella, soy el primero que lo apoya.

¿Qué te cambió el entorno?
La metodología de trabajo. Al principio, al viajar solos, yo me encargaba del tenis, del físico y prácticamente de todo. He estado muy encima de ella, en Barcelona vivíamos a cinco minutos, eso nos ha permitido comer juntos muchas veces, o acompañarle al médico, al podólogo, etc. Todos estos factores, empujados por su disciplina y su talento, es lo que le ha llevado a estar donde está ahora mismo.
¿Tan buena es?
Muy buena, tiene cualidades que no se las he visto a nadie, pero al principio no tenía orden. Hizo un gran cambio en ese sentido, pero pasamos tan rápido de estar 170 a estar 20 que ahora parecía que estábamos obligados a ganar un Grand Slam. Todo es un proceso, no puedes pasar de jugar un 25.000$ en octubre de 2021 a estar obligada a ganar un Grand Slam en enero de 2023.
Este año ha sido segunda ronda en Australia y segunda ronda en Roland Garros. ¿Es un fracaso?
La sensación era tal cual: si no se ganaba un Grand Slam, es un desastre. Yo lo veo distinto, para mí es todo un proceso, viene quemando etapas muy rápido y jugando cada vez mejor, físicamente está muy bien, mentalmente ha evolucionado, es que solo puede seguir subiendo. De verdad te lo digo, esta temporada la veo entre las diez primeras, pero tanta revolución ha hecho que se adelanten un poco esas fechas y esos objetivos. Tenía que ser en París y no se ha dado.
¿Te vas satisfecho del proyecto?
Me voy muy satisfecho, pero no solo por los resultados y el ranking, además de ser la jugadora revelación de 2022. Me quedo con cómo jugaba ella y cómo juega ahora, verla entrar a pista y saber que tiene una base, que sabe lo que tiene que hacer. Solo es su segunda temporada en el tour profesional, tiene que estar muy orgullosa con lo que está haciendo, ha puesto mucho de su parte para cambiar las cosas, aguantando mucha exigencia por mi parte también. El equipo la ha empujado para que lo consiguiera y ella lo ha manejado a la perfección.
Quizá tú también necesitabas un descanso de tanto viaje.
Si las cosas van bien, el jugador escucha, veo que está a tope y que va contigo al 100%, a mí el circuito no me quema. Para quien tenga familia y ciertas responsabilidades imagino que será más complicado. El tema es cuando empieza a costar un poco más, cuando te tienes que pelear y la convivencia se va desgastando, al final los resultados mandan y la presión está ahí cada día. Si se dan esas peleas constantes y viajas cada semana, es normal que la relación se vaya desgastando.

¿Fue vuestro caso?
Fuera de la pista nuestra relación está perfecta, pero es normal que dentro de ella choquemos alguna vez, pero por la presión diaria. Qinwen tiene mucha ambición, al igual que yo. Al final, las cosas de pista se quedan en pista, aunque fue una buena idea incorporar a Jordi Arrese al equipo, que me entrenó a mí durante once años y sé perfectamente cómo trabaja.
¿Le gustó a Qinwen?
Probamos en pretemporada y le gustó, entre los dos era más fácil que le llegara el mensaje, con dos voces siempre es más fácil. Jordi empezó a viajar con nosotros en Stuttgart, aunque en diciembre ya nos había acompañado unas semanas. A Qinwen la tienes que entender, hay que saber cómo llevarla, es una jugadora única y hay que saber manejarla por un tema de edad, de cultura y de cómo entiende ella el juego. Son muchas cosas que vas aprendiendo en el día a día.
Qué pena que se acaba un proyecto así, Pere.
¡Yo estoy bien! Todo es positivo, hemos trabajado mucho, hemos entrenado duro, de verdad que no veo nada negativo. Tenemos que cortar en este momento porque la situación lo requiere, le deseo lo mejor, quiero que le vaya lo mejor posible. Si algún día necesita cualquier cosa, simplemente me tiene que llamar. Pero me tiene que llamar ella, personalmente.
Es decir, que no es un punto y final.
Es un punto y aparte, pero se tiene que parar aquí por un tema que se ha pactado con su padre, la persona que toma las decisiones.
Su padre ha elegido a Wim Fissette como nuevo entrenador, ¿te imaginas verla ganar Wimbledon en un mes?
Estaría súper contento por ella. De hecho, me sentiría un poco partícipe. Si has trabajado dos años con ella y un mes después te gana un título así… Ojalá le vaya bien porque de verdad se lo merece, trabaja muy duro para cumplir sus sueños.

Pero sería duro verlo a distancia.
Sería raro, sí [...] Mi ilusión siempre ha sido ganar un Grand Slam, el día que lo gane…
… ¿qué?
Me guardo la respuesta para la próxima entrevista (risas).
¿El sueño de Qinwen también es ganar un Grand Slam?
Exacto, es su mayor ilusión. Todavía le quedan algunas etapas por pasar, pero no tengo ninguna duda de que algún día lo conseguirá.

