Timofey Skatov, el kazajo valenciano

En 2018 fue el mejor junior del planeta, cuatro años después lucha por alcanzar el top100. Entrevistamos al kazajo para hacer balance de su mejor temporada profesional.

Fernando Murciego | 25 Nov 2022 | 21.19
twitter tiktok instagram instagram Comentarios
Preferir Puntodebreak en Google
Timofey Skatov en el Club de Tenis Valencia. Fuente: Punto de Break
Timofey Skatov en el Club de Tenis Valencia. Fuente: Punto de Break

Streaming ATP Halle en directo
🎾 Joao Fonseca vs Yannick Hanfmann
  1. Entra aquí y regístrate en Bet365
  2. Haz tu primer depósito de mínimo 5 €
  3. Entra en la sección «Directo» y ve todos los partidos
Ver partido en Bet365

Después de cuatro temporadas trabajando en Valencia, podemos decir que Timofey Skatov (Kazajistán, 2001) ya es uno de los nuestros. Llegó con 17 años a Lozano-Altur Tennis Academy después de convertirse en el mejor junior del mundo, aunque eso nunca te asegura la transición soñada. De la mano de José Altur ha ido aprendiendo, madurando, así hasta llegar a un ranking que le permite jugar la Qualy de los Grand Slam. Un viaje lleno de altibajos que merece la pena escuchar.

La conversación con Punto de Break se da en el Club de Tenis Valencia, durante la celebración de la Copa Faulcombridge 2022. Skatov parte como sexto cabeza de serie, un amplio porcentaje de la grada está de su lado, pero Andreev y un viento incontrolable le cierran el paso en el debut. No es el resultado esperado, pero eso no empaña el gran trabajo de los últimos meses del curso. Timo nos recibe en la sala del club con una sola preocupación: ‘Es mi primera entrevista en español’. Media hora después, se confirma que su progresión dentro de la pista es paralela a su progesión con los idiomas.

¿Se puede decir que esta semana jugabas en casa?

Se puede decir, sí. Tenia esa ilusión por jugar en casa, me hubiera gustado avanzar más en el cuadro, pero no pude ganar mi partido de primera ronda. Las condiciones ese día fueron complicadas, hubo mucho viento, no podías sentir bien la pelota… voy a hablar con Pablo Andújar para que en 2023 haga el torneo un poquito antes (risas).

¿Vino a verte mucha gente?

Mi familia ahora mismo está viviendo en Rusia, pero sí pudo venir mi novia y la gente de la Academia, entrenadores y compañeros. Espero que el año que viene pueda reunir a más personas.

¿Dónde nace tu vínculo con esta ciudad?

Cuando tenía 16 años, vine a Valencia a probar durante tres semanas en Lozano-Altur Tennis Academy, cuando todavía disputaba torneos juniors. Más tarde, cuando cumplí 17, vine ya para quedarme y empezar a trabajar con José (Altur). Llevo casi cuatro años aquí y me encanta vivir en Valencia, el tiempo es increíble y la gente tiene un trato muy cercano. Ahora que ya me defiendo en español es todo mucho más fácil.

Los inicios no fueron tan fáciles.

Fácil no fue, pero tampoco soy una persona que necesita salir de casa cada día, puedo estar solo tranquilamente. Además, la vida del tenista consiste en viajar constantemente, jugar muchos torneos, aunque al principio sí solía regresar de vez en cuando a Rusia, donde están mis padres. Cuando mi novia se vino a vivir aquí ya dejé de ir tanto.

¿Por qué Valencia?

Por tenis, por la Academia y por José, para trabajar con él. No es que tuviera en mente una lista de ciudades, pero creo que Valencia es el mejor lugar de España para practicar tenis.

¿Qué es lo que más te gusta de aquí?

Me gusta mucho la gente. Si comparamos España con Rusia, aquí las personas son un poquito más positivas, aunque seguramente sea por el clima. Por ejemplo, ahora mismo en Rusia está haciendo un frío que es para no salir de casa. Toda la gente de la Academia me trató muy bien desde que llegué, cada año mejor, así que me quedo con eso. La gente de Valencia es… cómo decirlo… sois fáciles. No os preocupan demasiadas cosas, quizá en Rusia le damos demasiadas vueltas a todo, aquí todo es mucho más relajado. Me gusta.

Dime algo que no te guste.

No es que no me guste, pero lo que sí es muy diferente es la comida. En Rusia se come otro tipo de alimentos, así que por ahí me costó un poco al principio, aunque me estoy adaptando, cada vez me gusta más la paella y el jamón.

Hablemos de José Altur.

Antes de conocerle, la gente me decía que José era un hombre muy duro, que gritaba todo el rato, que rompía raquetas, ¡la gente tenía miedo de él!

(Risas)

Luego no es así, para nada. A ver, en algunos momentos difíciles, igual alguna raqueta sí que vuela por la pista, pero es normal (risas). De José, por encima de todo, destacaría que es una persona que sabe muchísimo de tenis, te juro que a veces alucino. Puede predecir lo que va a pasar en cada partido, recuerdo un día que me dijo: ‘Ahora le va a hacer break’. Yo le decía que no, que era imposible, pero va y pasa. Habré perdido como 200 Coca Colas en este tipo de apuestas. Es una persona que me da mucha tranquilidad, cuando llegué con 17 años tuvo que hacer también de padre.

¿Cómo fueron esos primeros días en pista?

Desde el primer momento me puso a entrenar con Andújar, Bautista, Zapata, Taberner… todos estaban con mejor ranking, yo ni siquiera tenía puntos ATP, pero entrenamientos así son los que te hacen crecer. El trabajo de José conmigo ha sido tan grande que no puedo ni explicarlo, me ayuda cada día.

¿Qué has aprendido con él?

Una cosa que me ha enseñado es que tengo que ser paciente. Cuando vine con 17 años, mi cabeza pensaba que en dos meses estaría ganando Futures… ¡y en dos años top100!

No es tan fácil.

Claro, ahí José me paró los pies: ‘Tranquilo porque igual ni en cinco años llegas a ser top100’. Lo más importante es trabajar día a día, no podemos estar obsesionados con los resultados, eso acaba llegando si haces bien tu trabajo. Hay que estar tranquilo, eso me lo ha enseñado José. Puede pasar que no salgan las cosas un día, o una semana, incluso en un año. Hay que seguir trabajando, eso es innegociable.

En enero cumplirás 22 años, ahora mismo eres #146 ATP. ¿Eres de los que busca la comparación con los de tu generación?

Muchas veces me comparo con otros chicos. Mira Alcaraz, por ejemplo, tiene dos años menos que yo y es el Nº1 del mundo, ya ha ganado un Grand Slam. Hay otros chicos que a mi edad ya ganaron títulos ATP y están entre los cien mejores. Me jode, por supuesto, pero José me repite cada día que no me tengo que centrar en eso: ‘Cada uno va a su ritmo, cuando tengas 30 años ya veremos quién gana más’. Es muy importante cuidar esa parte mental, no entrar en comparaciones.

¿Tú estás satisfecho?

Ahora estoy feliz, aunque no ha sido fácil. Tuve un verano bastante duro, perdía muchas primeras rondas, estaba casi depresivo, pero a partir de septiembre empecé a ganar partidos y así he llegado al #146. Al final ha terminando siendo un año bastante bueno para mí.

En su momento fuiste Nº1 del mundo junior, ¿llegó a suponer un obstáculo?

Con 21 años ya no tengo esto en la cabeza, pero en aquel momento me afectó muchísimo. Con 17 años era el Nº1 del mundo junior, pensaba que a partir de ese momento debía ganar todo, pero lo que me encontré fue un colapso absoluto, no podía ganar ni un partido. Cuando puse los pies en Valencia, José me lo dejó claro: ‘Ya no eres un junior, ahora eres un jugador ATP, toca empezar de nuevo’. Hoy la gente ya no habla tanto de eso, afortunadamente.

¿Por qué es tan complicada esa transición?

En mi caso fue muy difícil, con 17 años apenas tenía el físico desarrollado, empiezas a jugar Futures en Turquía y ahí te cruzas a chicos de 27 años que son hombres, esa gente te mata. Luego miraba su ranking y era gente que estaba #800, no entendía nada, el nivel es altísimo desde el principio. A la que pierdes tres partidos seguidos ya estás diciendo: ‘¿Dónde me he metido?’. Hay que trabajar muchísimo para aceptar estas derrotas, curtirte en partidos duros y así ir cogiendo confianza y nivel. Si has sido buen junior, lo último que esperas es empezar a perder tanto, esa es la parte más difícil.

Voy a darte un dato positivo. En tus cinco años como profesional, siempre acabaste la temporada con un mejor ranking que el curso anterior.

El ranking es algo que da muchas vueltas. Este año, sin ir más lejos, estaba #180 en mayo y #250 en agosto. Con ese ranking no me daba para jugar la Qualy del Us Open, me sentó fatal quedarme fuera, pero luego el hecho de no haber más Grand Slam me hizo tranquilizarme. Empecé a jugar mejor y así empezó una evolución. Está claro que es positivo ver cómo vas recortando el ranking cada año, pero si llega una temporada que no mejoro, no pasaría nada.

¿Qué tienes que mejorar ahora?

Es un mix de todo, tenis y mental. También de táctica para leer mejor los partidos, saber qué tengo que hacer en los momentos importantes. Diría que es más un tema mental, creer que de verdad puedo ser top100. Ahora parece que estoy cerca pero… todavía está a tomar por el c***.

¡Qué buen español! (Risas)

Es la verdad. Yo estoy preparado para lo que venga, también existe el riesgo de que me vaya para atrás. Pase lo que pase hay que seguir con este ritmo de trabajo, mejorando un poquito cada día. ¿Por qué Alcaraz ya gana Grand Slams? Desde hace meses, en las entrevistas, ya decía que estaba listo para ganarlos. Uno puede decir lo que quiera, pero él creía en eso, por eso gana.

¿Tan importante es creer en uno mismo?

Totalmente. Ahora mismo cualquier jugador del top400 saben jugar muy bien a tenis, todos tienen los golpes, el #380 puede ganarle al #50 a un partido, exceptuando quizá a los Djokovic, Nadal y Federer. ¿Por qué estos tres son tan buenos? Porque mentalmente son los mejores, más fuertes que todos. Si tú crees que puedes ganar a cualquiera y lo acompañas con trabajo, entonces vas a ganar.

¿Te agobia pensar en llegar al top100?

De momento estoy #140. Por supuesto que pienso en todas esas cosas, un poco más en el top100, es el objetivo que me marco a medio plazo, pero si me empiezo a concentrar demasiado en esto siento que ya no pienso en mi trabajo. Mi cabeza tiene que pensar en el día a día, estar centrado en pista y seguir todas las pautas que me marca José. En el momento que te desvías a otras cosas… todo mal. Hay que tener los pies en la tierra.

Dónde ya eres un referente es en Kazajistán, el número 2 del país.

Llevo de Nº2 tan solo dos meses, no es mucho tiempo. Tengo por delante a Bublik (#37) y durante mucho tiempo también estuvo Kukushkin (#223), una leyenda en Kazajistán. En chicas tenemos a Rybakina, que ganó un Grand Slam este año, así que de momento no soy muy famoso allí. Me encantaría llegar a ser bueno, ser un ejemplo para los niños de allí.

¿Qué te preocupa?

Hombre, sé que no soy muy alto, así que tengo que tener paciencia y ser muy trabajador.

Hoy va todo más rápido, el saque directo manda.

Es la evolución del deporte, hoy el físico es mucho más importante que hace 20 años. En mi caso, no me queda otra que aceptar que nunca seré un jugador de muchos saques directos, así que debo consolidarme en el fondo de la pista. Tengo que ser consistente, ser muy rápido y tener mucho físico para estar tres horas en pista y que el otro no pueda sacar más (risas). El saque siempre ayuda, pero también es algo muy mental. Si te mentalizas que puedes hacerlo bien sin un gran saque, saldrás ahí fuera y podrás ganar igual. No es un problema enfrentarte a un gran sacador, aunque jode que te hagan dos aces por juego.

Malditos gigantes.

Totalmente, podían irse a jugar a baloncesto (risas).

Octubre de este año, Parma. Tu primer título Challenger. ¿Qué significa?

Llegué después de hacer semifinales en Sevilla, Braga y Lisboa, pero es curioso porque en Parma no jugué tan bien, no me sentí perfecto físicamente, arrastraba algunas lesiones, pero fui muy fuerte mentalmente. Aquello me dio mucha confianza, me ha hecho creer que puedo ganar estos torneos, aunque tuve varios partidos durísimos, cerca de las tres horas, corriendo cada día a morir. Fue una gira impresionante que acabó de la mejor manera posible, feliz también por mi equipo, fue el último tramo de un túnel muy largo donde por fin vimos la luz.

Con tu ranking actual, ¿diseñarás un calendario por arriba o por abajo?

De momento vamos a hacer un mix de torneos Challenger y Qualys ATP. Ahora mismo da igual qué partido juegue, dónde sea y contra quien lo juegue: solo estoy enfocado en hacer bien mi trabajo. Esta es la única manera de que lleguen los resultados. Si pienso en otras cosas no ganaré nada.

Vamos con la ronda rápida. Un ídolo.

Roger Federer. Sorry Rafa.

Un torneo.

Wimbledon. No puedo explicar por qué, pero desde pequeño sueño con este torneo, quizá por Federer. ¡Y solo jugué dos veces en hierba en toda mi vida!

¿Alguna manía?

Cuando era joven estaba loco con estas cosas. Para desayunar, por ejemplo, tenía que tomar dos tomates y dos pepinos. Y si no había, no podía empezar. Ahora lo vivo todo más tranquilo, me di cuenta que no ganaba o perdía por esas cosas.

Tu mejor victoria.

Pues mira, en mi primer Challenger del año perdí contra Mitchell Krueger por 6-1 y 6-0. Meses después, en la Qualy de Roland Garros, volvimos a quedar 6-1 y 6-0… pero esa vez gané yo. Fue un parido muy bueno, muy concentrado, muy sólido. No hay muchos partidos así en una temporada.

Tu rival más duro.

Santiago Rodríguez Taverna. Siempre juego fatal cuando nos enfrentamos, no sé por qué. Ese argentino me vuelve loco.

Un partido inolvidable.

Uno fue cuando pasé la Qualy del Open de Australia. Y otro cuando hice semifinales del US Open Junior. Aquello fue un milagro, no tenía visado hasta dos días antes del torneo, así que me tocó ir solo a Nueva York pensando en lo feliz que sería si ganaba un partido. Luego las cosas fueron muy bien.

Un mal recuerdo.

Este año, en la Qualy de Roland Garros, contra Rodríguez Taverna. Perder ese partido me hizo mucho daño, me costó volver a entrenar bien y ser competitivo. Cuando fui Nº1 Junior, los meses siguientes también fueron muy duros.

Tu primer recuerdo con una raqueta.

De pequeño, recuerdo empezar a jugar a tenis y no gustarme nada. Era más menudo que los otros chicos, así que me costaba mucho, lo odiaba. Fui a mis padres y les dije que nunca más, que quería irme a casa. Después todo cambió.

Un sueño.

Ganar un Grand Slam, el que sea… pero si puede ser, Wimbledon.

¿Qué le pides a 2023?

Mejorar día a día y hacer bien mi trabajo. Confiar que puedo hacer las cosas bien. Estar feliz en pista con mi equipo y disfrutar del tenis.

¿Y de números?

Mejor no decir nada de números, prefiero demostrarlo con actos.