El tenis es considerado el deporte más igualitario del mundo en cuanto al dinero que perciben hombres y mujeres, y no es para menos. Por eso llaman la atención ejemplos como el del torneo de Queen´s, que a pesar de haber hecho un incremento importante en el prize money a repartir del torneo WTA, presenta cifras muy inferiores a las que percibirán los jugadores del circuito ATP esta semana. ¿Por qué sucede eso?
Uno de los clubes más emblemáticos e icónicos del tenis mundial abrió el pasado año las puertas al tenis femenino, en una noticia que fue muy celebrada. Queen´s se erige en el centro neurálgico del tenis mundial durante dos semanas de esta gira de hierba, con la disputa de un torneo WTA 500, del que ha salido vencedora Donna Vekic recientemente, y un ATP 500, en el que se dan cita alguno de los mejores jugadores del mundo. Ambos torneos se disputan en las mismas pistas, tienen la misma categoría y el mismo número de participantes, pero el prize money es sensiblemente distinto.
Las cifras son claras. Aunque la organización incrementó el prize money del torneo femenino un 35,34% respecto a la edición anterior equivalente dentro del calendario WTA, las jugadoras siguen percibiendo cantidades notablemente inferiores a las que recibirán los hombres esta semana en el ATP 500 de Queen's. Y eso ocurre pese a que ambos eventos comparten exactamente la misma categoría dentro de sus respectivos circuitos.

Para muchos aficionados resulta difícil de comprender. ¿Cómo es posible que un ATP 500 y un WTA 500 ofrezcan premios tan diferentes? Más aún cuando en los cuatro torneos de Grand Slam y en aquellos en los que hombres y mujeres compiten de forma simultánea, el dinero que se reparte en sendos cuadros es idéntico. La respuesta es más compleja de lo que parece.
Prize money en Queen's: cuánto ganan hombres y mujeres en cada ronda
Las cifras muestran una realidad evidente. Aunque la organización ha realizado un esfuerzo considerable para aumentar la dotación económica del torneo femenino, las diferencias siguen siendo importantes, especialmente en las rondas finales. La campeona del torneo femenino recibe 294.445 dólares, mientras que el campeón masculino percibirá 556.747 dólares. La brecha se mantiene en prácticamente todas las rondas, aunque con matices interesantes.
| Ronda | WTA Queen's 2026 ($) | ATP Queen's 2026 ($) |
|---|---|---|
| Campeón/a | 294.445 | 556.747 |
| Finalista | 181.745 | 299.539 |
| Semifinales | 104.770 | 159.634 |
| Cuartos de final | 53.135 | 81.557 |
| Octavos de final | 28.245 | 43.535 |
| Primera ronda | 20.160 | 23.214 |
Lo llamativo es que las diferencias son mucho más reducidas en las primeras rondas que en las últimas. Una jugadora eliminada en primera ronda cobra apenas un 15% menos que un jugador ATP. Sin embargo, cuando se alcanza el trofeo, la distancia se dispara hasta acercarse al 90%. Es una estructura que refleja una realidad económica muy concreta: la organización considera que el valor comercial del torneo masculino sigue siendo superior, especialmente en las fases decisivas del evento.
Igualdad salarial en el tenis: el deporte más avanzado en materia de paridad
Antes de sacar conclusiones precipitadas conviene introducir un matiz fundamental. El tenis es, probablemente, el deporte más igualitario del mundo cuando hablamos de premios económicos entre hombres y mujeres.
Los cuatro Grand Slams pagan exactamente lo mismo a campeones y campeonas. Wimbledon, Roland Garros, el US Open y el Open de Australia reparten idénticas cantidades independientemente del género de los participantes. También sucede en buena parte de los grandes torneos combinados, donde ATP y WTA comparten sede, fechas, patrocinadores y estructura organizativa.
Indian Wells, Miami, Madrid o Roma son ejemplos de eventos donde las diferencias económicas han desaparecido o se encuentran en proceso de hacerlo. Por eso Queen's resulta tan interesante desde el punto de vista del análisis.
No estamos ante una situación en la que hombres y mujeres compitan simultáneamente dentro del mismo producto comercial. Estamos ante dos torneos diferentes, disputados en semanas distintas, con acuerdos televisivos, contratos de patrocinio y dinámicas comerciales independientes. Y es precisamente ahí donde reaparecen las diferencias.
El aumento del 35% en el torneo femenino: una noticia que pasa desapercibida
Hay otro dato que rara vez aparece en el debate y que merece atención. Mientras el ATP 500 masculino ha aumentado su prize money aproximadamente un 2,4% respecto al año anterior, el torneo femenino ha experimentado una subida superior al 35% en todas las rondas.
La campeona ha pasado a recibir 294.445 dólares, un incremento del 35,07%. La finalista ha visto aumentar su premio un 35,37%, mientras que las semifinalistas reciben un 33,59% más que en la edición anterior. Incluso las jugadoras eliminadas en primera ronda perciben un 34,22% más.
Es decir, la dirección que está tomando el torneo es evidente. Esto se ha podido hacer en esta segunda edición por la buena acogida que tuvo entre el público londinense el regreso del tenis femenino al mítico Queen´s Club, algo que reafirma el buen momento en que se encuentra el circuito WTA y la sensación de oportunidad perdida respecto a promoción y negocio en que se está incurriendo por la ineficacia de la entidad encargada de ello.
¿Por qué la WTA genera menos ingresos que la ATP?
Aquí aparece la parte más delicada de todo el debate. Los defensores del actual modelo argumentan que los premios económicos deben estar vinculados a los ingresos generados por cada competición. Si un torneo vende más entradas, consigue contratos televisivos más lucrativos y atrae más patrocinadores, resulta lógico que disponga de una bolsa económica superior.
La pregunta entonces cambia por completo. No se trata de por qué las mujeres cobran menos en Queen's. La verdadera cuestión es por qué el tenis femenino genera menos ingresos cuando se comercializa de forma independiente, sin la estructura que provee de manera homogénea un Grand Slam o un Masters 1000/WTA 1000 en el que hombres y mujeres compiten de forma simultánea.

Una parte de la respuesta está relacionada con el mercado. Históricamente, el circuito ATP ha disfrutado de mayores audiencias, más repercusión mediática y una capacidad superior para atraer patrocinadores globales. Sin embargo, sería simplista atribuir toda la responsabilidad al supuesto menor interés del público.
La propia WTA debe asumir una parte importante de culpa en esta situación. Durante años, el organismo ha demostrado enormes dificultades para promocionar adecuadamente su producto. La construcción de rivalidades, la creación de narrativas, el posicionamiento de sus grandes figuras y la explotación comercial de sus estrellas han estado muy por debajo de lo que cabría esperar para un circuito con semejante talento deportivo.
Mientras la ATP logró convertir la era de Roger Federer, Rafael Nadal, Novak Djokovic y Andy Murray en una historia global capaz de trascender el tenis, la WTA ha tenido problemas para construir relatos similares alrededor de algunas de las mejores generaciones de jugadoras de la historia.
Y eso resulta especialmente llamativo porque materia prima no ha faltado. Serena Williams, Maria Sharapova, Ashleigh Barty, Iga Swiatek, Aryna Sabalenka, Coco Gauff o Mirra Andreeva son nombres con potencial suficiente para atraer audiencias masivas. Sin embargo, la sensación es que el circuito femenino rara vez ha conseguido maximizar el impacto de sus propias estrellas.
Como prueba irrefutable de esto, se encuentran las enormes dificultades para que un aficionado en España pueda ver tenis femenino, más allá de los Grand Slams. No hay ninguna plataforma televisiva potente que se haya hecho con los derechos y que haya apostado realmente por un producto repleto de potencial, pero con muchas taras en cuanto a promoción y desarrollo por parte de la WTA.
De hecho, los rumores acerca de una posible fusión entre ATP y WTA que se escuchan desde hace tiempo emanan precisamente de este contexto. Ambos circuitos se englobarían dentro del mismo paraguas organizativo, en un intento por hacer que el tenis femenino se sitúe al mismo nivel que el masculino en lo que a comunicación, marketing, promoción y construcción de personalidades más allá de las pistas se refiere, algo que ha ayudado mucho al desarrollo del tenis masculino desde hace lustros.
El gran desafío de la WTA para alcanzar la igualdad económica
Quizá la discusión más interesante ya no sea si hombres y mujeres deberían cobrar lo mismo. La mayoría de aficionados probablemente responderían afirmativamente. La verdadera cuestión es cómo conseguir que el tenis femenino genere los ingresos necesarios para sostener esa igualdad en todos los torneos, incluso cuando no comparte escenario con la ATP.
Porque los ejemplos de los Grand Slams demuestran que la igualdad salarial es perfectamente posible cuando existe voluntad organizativa y una estructura económica suficientemente sólida.
Queen's refleja otra realidad diferente. Muestra un producto femenino que sigue creciendo, que ha experimentado una subida espectacular en sus premios económicos y que cuenta con un potencial enorme para seguir desarrollándose. Pero también evidencia que todavía existe una distancia importante respecto al valor comercial que el mercado asigna al circuito masculino.
El tenis ha recorrido más camino que cualquier otro deporte en materia de igualdad salarial. Sin embargo, la situación vivida estas dos semanas en Queen's demuestra que todavía quedan preguntas sin resolver.
Y quizás la más importante de todas sea esta: si el tenis femenino dispone de tanto talento, tanta competitividad y tantas historias capaces de conectar con el público, ¿por qué todavía no consigue generar el mismo valor económico que el masculino cuando ambos compiten por separado? La respuesta a esa pregunta marcará buena parte del futuro de la WTA durante la próxima década.

