Cuando apenas faltan dos minutos para las 10:30 de la mañana, Bernabé Zapata (Valencia, 1997) hace acto de presencia en el club de tenis donde Punto de Break se reúne con él. El valenciano viene de firmar el mejor resultado de su carrera, octavos de final en Roland Garros, quizá por eso la fotografía es más llamativa. Con un casco, a velocidad moderada y montado sobre un monopatín, el Nº97 del ranking ATP aparece con su clásica sonrisa para enfrentarse a la trigésima entrevista de la semana.
Y si digo 30 igual me quedo corto, pero Bernabé es totalmente consciente de lo que hizo en París y la repercusión que ha causado en nuestro país, sobre todo en Valencia, donde todos los medios locales han llamado a su puerta. Una vez sentados y pedidos los cafés, la gente que pasa no pierde la ocasión: ‘Enhorabuena Berni, ¡te seguimos desde casa!’, le exclama una persona desde la mesa de al lado. ‘Trátalo bien!’, expresa esta vez dirigiéndose a mí. Pero Zapata sabe perfectamente que está en buenas manos: ‘Tranquilo, es valenciano, siempre me cuida’.
Octavos de final de Grand Slam, ¿a qué saben?
Aún estoy saboreando el dulce, pero muy contento. Poco a poco estoy volviendo a la realidad, han sido unas semanas de locura, no solamente las que estuve allí jugando.
¿Qué te encontraste al volver a Valencia?
Muchísimas cosas nuevas, muchos focos encima, algo muy poco habitual. Estoy intentando volver a la realidad, parece que se haya terminado el año después de este gran torneo (risas). Lo más chocante ha sido tener a la prensa detrás durante tantos días, ha sido complicado porque es difícil de gestionar sin perder un poco la cabeza. Por ejemplo, el otro día en la presentación de la Copa Davis fue una locura la cantidad de entrevistas que di.
Hacerlo bien tiene sus consecuencias.
Ya lo veo, tanto el torneo como lo que ha venido después, pero ahora ya estoy otra vez con la mente puesta en el trabajo, eso es lo que no hay perder, no te puedes despistar.

¿Has podido descansar?
Los primeros días después de Roland Garros fue imposible, miraba la agenda y tenía mil cosas que hacer, además de muchas cosas que gestionar en lo personal después de estar dos semanas fuera de casa. Ha sido agotador, la verdad, por eso decidí no competir esta semana.
¿Qué valor tiene un resultado así?
Para mí es el premio a todo el trabajo de una vida, ver que ahora se ve recompensado de esta manera es muy gratificante. De esta experiencia me llevo unos reconocimientos que, el día de mañana, estoy seguro que no volveré a tener en ninguna otra faceta o trabajo. Eso lo valoro mucho, tener esto una vez en la vida es algo muy bonito, algo que le contaré a mis nietos.
Tus inicios estuvieron marcados por la falta de apoyo económico, ¿te acuerdas mucho de aquellos años?
Me acuerdo muchísimo, a veces lo hablo con mi entrenador y con mi padre. Todos esos años fueron de sufrimiento, de no tener oportunidades para prosperar, jamás pensé en llegar a tener una carrera tenística. Es un milagro, la verdad, la pretensión nunca fue ser un tenista de élite, nunca nos planteamos esa realidad cuando era niño.
Si te dicen antes del primer partido de Qualy que te metes entre los 16 mejores del torneo, ¿qué?
No, imposible. De hecho, el primer día que llegamos, jugué un set contra Varillas y me pegó 6-2 (risas). Pero es verdad que ese entrenamiento me sirvió mucho, noté que había sumado algo. En el año 2020, que no llegué a jugar pero sí a entrenar, descubrí que las condiciones del torneo me gustan bastante, tanto la bola, las pistas, como el tiempo. En 2021 lo mismo, pero tuve mala suerte con el sorteo, venía jugando muy bien pero me tocó Carlitos en primera ronda.
A la tercera fue la vencida, en 2022.
Totalmente, este año he vuelto a encontrarme bien, con esa pelota tan viva y por la noche pesada, que tampoco me desagrada. Sabía que si jugaba un buen tenis podía ganar partidos, pero nunca imaginé llegar a octavos de final. Tampoco pensaba en ganar partidos, solamente estaba enfocado en hacer bien mi trabajo, nada más. Ni siquiera pensaba que estaba jugando Roland Garros.

Ha sido el mejor torneo de su carrera, ¿hiciste algo diferente?
Honestamente, sigue todo igual, no he hecho nada diferente a estos dos últimos años. Mentalmente todavía hay margen de mejora, seguimos en ese proceso, lo que sí hemos estado es preparados para combatir las adversidades que iban saliendo dentro de la pista, sin ninguna pretensión de verme obligado a ganar por estar jugar bien. En el tenis muchas veces te puedes sentir mal y ganar partidos, pero al revés también.
Háblame de Carlos Navarro, el entrenador que lleva contigo desde que tenías 14 años.
Es una persona que sobre todo influye mucho en mi aspecto tenístico, me da mucha seguridad en mi juego. Me lleva inculcando su manera de ver el tenis desde hace once años, esa es la base, que yo le haga caso en esa misma dirección. Confío en él, en su trabajo, es el patrón de este equipo.
Imagino que habrás tenido alguna anécdota por París, ¿alguna que se pueda contar?
Tuve la oportunidad de hablar con Novak (Djokovic) en el vestuario, nunca había cruzado una palabra con él, solo que me encaró hablando en inglés y me atrapé un poco, me puse nervioso (risas). Fueron cinco minutos de charla, se interesó por mí, me dio la enhorabuena, me preguntó por Valencia, súper simpático. Al día siguiente nos vio entrenando y enseguida vino a saludarnos, como si fuera colega de toda la vida (risas).
Bueno, ¡y fuiste a ver el Real Madrid - Liverpool!
Esa es impresionante. Me llamó Emilio Butragueño a las 0:30 de la noche para decirme que tenía una entrada para ver la final de la Champions, imagínate. Encima ese fue el día que gané a Isner, el más increíble de todos.
Cuando miraste el cuadro de octavos y viste tu nombre junto al de Nadal y Alcaraz, ¿no se te hinchó un poco el pecho?
Un poco sí, sobre todo porque esa parte del cuadro era la más dura. Que me metieran por unos días en ese saco con Rafa y Carlos me gustaba, claro que sí, eso siempre mola (risas). Por dentro sentía mucha satisfacción de verme ahí, pero seguía centrado en trabajar duro, sin perder el foco del próximo partido. Intentaba no pensarlo mucho, ya se me hinchará el pecho cuando vuelva a casa.

¿Cómo lo hiciste con el teléfono móvil?
Intenté responder todo lo que pude. Por mi experiencia, creo que estas cosas ya no me afectan, quizá en otro momento de mi carrera sí me afectaba más. Desde el partido que le gané a Fritz me llegaron un montón de mensajes de enhorabuena, así que busqué el hueco para responder a tantos como pude. Siempre desde la distancia, sin mirarlo mucho, había que despejarse en ese tiempo libre para desconectar. Incluso estando de torneo, el jugador necesita tener tiempo para olvidarse del trabajo, eso te da tranquilidad.
Partido contra Zvrev, cuéntame.
Al principio estaba un poco nervioso. Venía jugando muy bien todo los días, me sentía competitivo, pero después del partido con Fritz empecé a notar que mi cuerpo ya no estaba tan fresco. Mentalmente sí, pero la dureza del partido con Isner me desgastó mucho. Con Zverev intenté jugar tranquilo, me mentalicé para dejarlo todo y llegar al límite, hasta donde pudiera. Sabía que iba a ser muy complicado pero no solo por la pista y el rival, también por mí, porque ya no veía tan fresco. Al final creo me faltó un poquito de experiencia y un poco de convicción, pero sobre todo experiencia.
Mucha gente decía: ‘Este partido es para disfrutar’. Pero de disfrutar nada, saliste a morder.
Desde el minuto uno salí a competir, a ganar, me olvidé del teatrillo ese de disfrutar. Venía de dos semanas corriendo sin parar, no quería dejar pasar esta ocasión, así que me mentalicé a darlo todo, pasara lo que pasara, como había hecho el resto de días. Luego salí jodido del partido, obviamente, yo quería ganar. Me dio rabia perder los dos primeros sets porque el partido ahí podría haber cambiado… o igual no, igual en si llego al quinto set acabo roto, pero me dio rabia.
¿Al día siguiente estabas contento?
Ahí sí, pero eso viene después. En el momento del partido, por mucho que fuera ante el Nº3 del mundo en unos octavos de final de Grand Slam, yo quería ganar. Eso es lo que intenté, afrontar el último partido exactamente igual que el primero, igual que uno de previa. Quise tratar a cada partido por igual.

¿Y ahora qué?
Ahora vienen dos meses muy malos de resultados, porque me conozco y porque sé cómo es el tenis. Ponlo así porque es verdad, ahora vienen dos meses muy, pero que muy difíciles. La gente ahora se piensa que ya no puedes perder con según que jugadores, pero es al revés, ahora todo el mundo está muy motivado y el nivel en los Challenger y los ATP es muy alto. Ya veremos si ganamos partidos en estos dos meses, no es la prioridad, ahora el objetivo es retomar la línea de trabajo con la que llegamos a Roland Garros.
Das por hecho que te viene una etapa donde la mente te la puede jugar.
Son ambas cosas, tenísticamente hay semanas mejores y peores, lo mismo que a nivel mental. Incluso a veces llegas muy preparado en ambas facetas y no ganas partidos, pero es que los otros también juegan muy bien. Cuando el nivel es tan alto, pese a que hagas muy bien tu trabajo, los partidos se deciden por detalles. El cuarto set que perdí con Isner explica perfectamente la realidad del tenis.
¿Qué pasó?
Pues que jugué un set bastante bueno, tuve varios MP a favor, los afronté bien, pero él los jugó mejor y se llevó el set. Hice un muy buen set, pero lo perdí, yendo 5-2 arriba. Eso es lo que pasa en el tenis cada semana, que hay veces que compites muy bien pero pierdes en segunda ronda. Tener la regularidad para pisar semifinales cada semana es muy complicado, solo está al alcance de los mejores.
Si ahora no pasas la Qualy de Wimbledon, igual algún valiente se atreve a criticarte.
Me da igual, hace años sí que me fijaba más en las opiniones de la prensa, pero esto es como todo, tienes que estar centrado en tu trabajo. Si las cosas no van bien, pues no van bien, a seguir trabajando duro y no caerte mentalmente. Este torneo ha ido muy bien y todo es muy bonito, pero luego habrá semanas que vaya mal y será todo fatal. Lo normal es que vaya a Wimbledon y pierda en primera ronda, hay que estar preparado para todo, en el tenis lo normal es perder todas las semanas.
Por cierto, el prize money del torneo. Buen pellizco has pegado.
Eso es (risas).
Ya vendrá el arañazo de Hacienda...
Si me pegan arañazos es una buena noticia, es porque he ganado dinero (risas). Por suerte ha salido un torneo muy bueno y ha sido en un Grand Slam, los torneos más fuertes económicamente, pero es normal. Son torneos que ingresan una barbaridad de dinero y su prize money es muy reducido si lo comparamos con todo el montante de ingresos, tendrían que subirlo todavía más.

Será difícil volver a dar un golpe así.
Lo hablaba esta mañana con Carlos. Creo que si ahora ganamos un ATP 250, ganaríamos la mitad del dinero que hemos ganado en este Roland Garros haciendo cuarta ronda.
¿Piensas invertirlo de alguna manera en lo deportivo? ¿Ampliar tu equipo?
El equipo está bien como está, por ahora no voy a añadir más personas. En principio seguiré viajando solo con Carlos y en los torneos más grandes vienen también Nacho, mi preparador físico. Son las personas con las que me siento a gusto, no tengo intención de sumar más gente. Una persona que invierte en su equipo tiene que estar convencida de hacerlo, quizá buscar algo diferente.
Todo a la hucha entonces.
Bueno, esto me sirve para amortizar un poco de hipoteca, ahí no te lo niego que me ha venido bastante bien.
¿Y algún lujo?
Por ahora no me he dado ningún lujo. Lo único que hicimos fue irnos a cenar una noche y ahí me gasté dinero en un buen vino, una cosa que me encanta. No soy una persona de grandes lujos, solo me permito, de vez en cuando, alguna buena botella de vino.
Tienes todavía una apuesta pendiente con la comunidad de Punto de Break.
Es verdad, pero Carlos (Taberner) tampoco cumplió la suya, apúntala (risas).
¿Verán nuestros ojos esa celebración?
Me la guardo para la siguiente. Si tengo la suerte de volver a ganar otro partido en Grand Slam en cuadro final, lo hago. Cumpliré mi palabra, a ver si en el US Open puedo ganar un partido en la Pista14, ahí me puedo tirar al suelo y hacer el circo que no pasa nada (risas).
Pero escucha, ya no te pones tan nervioso en Grand Slam.
Ya no me pasa, es verdad. No sé si tenemos que cambiar la celebración, yo lo dejaría así, será un honor sacar los desfibriladores.
¿Qué te pone nervioso ahora?
Esperar en las colas de los aeropuertos, sobre todo esperar la maleta, eso me desquicia.
¿Y dentro de la pista?
Ponerme a correr cuando vuelvo después de un parón, o cuando me siento muy cansado, eso me poner de los nervios, me cuesta mucho aceptarlo. En torneos está la tensión de los partidos, pero ya no me pasa de llegar a un torneo temblando, este año en Barcelona estuve tranquilo, me apetecía mucho jugar allí. He pasado por varias etapas en mi vida, ahora vivo la competición mucho más tranquilo.

