Lina Krasnoroutskaya, una carrera impronunciable

Hoy recordamos la historia de una de las jugadoras más prometedoras del s.XXI. Apuntaba a lo más alto, pero las lesiones no le dejaron llegar.

Fernando Murciego | 4 Jun 2022 | 08.30
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Lina Krasnoroutskaya posando durante un torneo. Fuente: Getty
Lina Krasnoroutskaya posando durante un torneo. Fuente: Getty

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Es impactante ver a un tenista profesional abandonar la pista como lo hizo ayer Alexander Zverev. Se nos olvida que son de carne y hueso, que llevan sus capacidades al límite, que también fallan. Las lesiones serán siempre el mayor enemigo del deportista profesional, aunque en ciertos casos esta mala suerte parece acentuarse más de la cuenta con algunos individuos. En el mundo de la raqueta, uno de los ejemplos más claros fue el de Lina Krasnoroutskaya, jugadora rusa nacida a mediados de los años 80 que apuntaba maneras desde su etapa junior. Sobre ella se habló, se escribió y se predijo un futuro brillante, pero el destino le tenía reservado otro horizonte. Hoy rescatamos su historia.

Nacida el 29 de abril de 1984 en la localidad de Obninsk, Lina Krasnoroutskaya no lo tuvo fácil para abrirse paso hasta el profesionalismo. De familia humilde pero muy trabajadora, estos dos valores fueron los que se sumaron a un tercer factor primordial para que todo funcione: el talento. Según iba cumpliendo años, la rusa iba quemando etapas, hasta llegar al circuito Tennis Europe Junior, donde dejó por primera vez su huella. Hasta entonces, ningún tenista había defendido la posición de Nº1 dos temporadas consecutivas en esta categoría, hasta que en 1998, Lina tiró abajo la estadística. Su maleta iba cargada de trofeos con apenas 14 años, entre ellos el Campeonato Junior y Les Petits As, a los que sumaría el US Open Junior individual capturado en 1999. Todo el mundo dio por hecho que su éxito no encontraría barreras entre los profesionales, no había razón para pensar lo contrario.

Se hizo profesional en 1999 con tan solo 15 años, una edad vertiginosa para empezar a comer en la mesa de las grandes, pero su apetito era tal que aquello no supuso un problema. Tras un par de años de aclimatación, su momento llegaría en Roland Garros de 2001, donde accedió a los cuartos de final con 17 años, convirtiéndose en la séptima mujer más joven de la historia en pisar esa ronda. Por darle un poco de contexto, jugadoras como Schiavone, Henin o Clijsters también desbloquearon por primera vez esa pantalla en aquel torneo. El mundo entereo presenciaba una nueva camada de futuras campeonas, listas para dar el relevo a la generación previa, pero no todas cumplieron el pronóstico. El futuro de Krasnoroutskaya no volvió a dibujar ni una sola sonrisa, ni una pequeña alegría, solamente contratiempos, frustración y una despedida cruel de la competición.

Una grave lesión en la primera gira de 2002 sería el origen de todos los males. Aquello la mantuvo apartada de las pistas durante siete meses, aunque lo mejor estaba por venir. En el verano de 2003 da la campanada en el WTA 1000 de Toronto, donde el esfuerzo de toda la semana le impide competir en la final ante Justine Henin, quien la supera cómodamente (6-1, 6-0). Lina siente que tiene el potencial, pero le falta continuidad, contundencia y un pelín de suerte para dar el ultimo salto. En enero de 2004 toca su mejor ranking (#25) gracias a victorias sonadas frente a Seles, Bovina, Petrova o Clijsters, momento donde encara un túnel de lamentaciones que la terminarán colocando contra la pared. Una lesión de hombro crónica, una afección hepática y unos problemas estomacales constantes la obligaron a parar, reflexionar y replantear su situación. En la primavera de 2005, meses después de haber cumplido los 21 años, la rusa anunció su retirada indefinida de las pistas, anunciando que en noviembre sería madre y que luego volvería. De estas dos cosas, solo se cumplió la primera.

UN FINAL TAN AMARGO COMO RECORDADO

Krasnoroutskaya jamás regresó, pero en su ficha dejó casi un millón de dólares en premios gracias a las 131 victorias oficiales que firmó. Ganó partidos en todos los Grand Slams, hizo cuartos de final en Roland Garros, octavos de final en singles de Wimbledon (2001) y semifinales en dobles (2003), además de una final de dobles mixto en el US Open de 2003, donde ella y su compañero Daniel Nestor desperdiciaron tres bolas de partido. Su trayectoria tuvo una duración de siete temporadas, desde los 15 hasta los 21 años, un sueño que acabó mutando en pesadilla, de la que ya nunca despertó.

Hoy Lina tiene 38 años, sigue involucrada en algunos torneos de su país, incluso ha probado suerte comentando en televisión, experiencias que han servido para aceptar su realidad, madurar emocionalmente y oxigenar un corazón que nunca dejó de bombear tenis. Su apellido sigue siendo impronunciable para muchos, aunque lo más difícil de esta historia es no haber visto su nombre copando las grandes portadas y conquistando las mejores plazas. ¿Quieren un consejo para acabar? Nunca den nada por hecho en esta vida.