El único torneo en el que Federer perdió dinero

En las 23 temporadas en la élite del tenista suizo, solo sucedió una vez. Fue en 1998, Roger tenía 17 años y una multa por mala conducta tuvo la culpa.

Roger Federer. Fuente: Getty
Roger Federer. Fuente: Getty

¿Roger Federer perdiendo dinero? Por imposible que parezca, hubo una semana donde el suizo se marchó de un torneo con menos dinero del que trajo, aunque ninguna de las cantidades fueron relevantes. Sucedió apenas unos meses después de hacer su debut oficial en el circuito ATP, cuando tenía tan solo 17 años y ya muchos periodistas hablaban de su talento. ¿Quieren saber lo que pasó? ¿Quieren saber qué fue lo que provocó que perdiera dinero en aquel mes de octubre de 1998? Se lo vamos a contar, pero antes toca construir el contexto.

El contexto nos lleva en primer lugar hasta 1997, temporada en la que Federer decide apostarlo todo e iniciar el camino al profesionalismo. Cómo no hacerlo, si todo el mundo hablaba del gran futuro que le esperaba. Un año después, en el verano de 1998, serían sus brazos los que levantarían al cielo el trofeo de Wimbledon Junior, tanto en individual como en dobles. Aquello llamó la atención del director del torneo Gstaad, concurso clásico del mes de julio sobre tierra batida. '¿Y si le damos una WC?' No todos estuvieron de acuerdo, no entendían la necesidad de hacer debutar tan pronto a un chico de 16 años en el circuito ATP. Pero estábamos en Suiza, un factor que casi te empujaba al riesgo.

Aquella semana Federer era el 702º de la clasificación mundial, pero allí estaba, en el cuadro final del ATP de Gstaad junto a otros profesionales. El sorteo le emparejó en primera ronda con Tommy Haas, tres años mayor pero ya entre los 50 mejores del ranking. Con el tiempo, el alemán acabaría siendo uno de sus mejores amigos dentro del circuito, aunque un virus estomacal de última hora impidió que se vieran las caras aquella semana.

Haas se bajaba del torneo y el argentino Lukas Arnold (#88 ATP) ocupaba su lugar como lucky loser. El cartel cambiaba bastante y seguramente la cabeza de Roger tampoco fue la misma. Perdió por un doble 6-4, otorgándole a su rival el privilegio de ser el primer tenista de la historia en enfrentarle y ganarle en un partido oficial.

Dicen que las gradas aquel día estuvieron abarrotadas desde el calentamiento, todo el mundo quería ver en acción a ese chico de 16 años del que tanto hablaban. Eso sí, antes de dar el salto al profesionalismo, Federer todavía tenía una misión como junior. El suizo sabía lo importante que era terminar aquel año en lo más alto del ranking, sabiendo que esto se traduciría la temporada siguiente en más wildcards en torneos ATP, mejores contratos publicitarios y, al fin y al cabo, una mayor exposición en los medios. Pero el helvético era Nº3, por delante aparecían el francés Julien Jeanpierre y el chileno Fernando González. El US Open, donde perdería la final ante David Nalbandian (cinco meses más joven), le ayudaría a acercarse a ese objetivo.

Los que no estaban dispuestos a esperar mucho más tiempo eran los torneos grandes. En octubre, Roger superó la fase previa en Toulouse para afrontar su segundo cuadro final a nivel profesional. Esta vez, para ganar sus primeros partidos. Superó al francés Guillaume Raoux (#45) y al australiano Richard Fromberg (#43) para luego ceder en cuartos de final ante el holandés Jan Siemerink (#20). Solo con este torneo, su ranking se dividió por dos, pasando a formar parte del top400 de la clasificación. Con 17 años recién cumplidos.

Siguiente parada: Basilea. El torneo de tenis más importante de su país, el Swiss Indoors que tantas veces había seguido por televisión y también en persona desde el imponente St. Jakobshalle Stadium, a tan solo un par de kilómetros de distancia de la casa de sus padres. Aquella WC sabía todavía mejor que la de Gstaad, pero el azar le envió a un monstruo en primera ronda: Andre Agassi. El triunfo del estadounidense no tuvo turbulencias (6-3, 6-2), aunque el chaval de Las Vegas le tomó la matrícula a su adversario. Algo en su interior le decía que no sería la última vez que se verían las caras.

Bueno Fernando, llevamos seis párrafos y todavía ni una palabra del tema del dinero. ¿Hemos sido engañados?’. Ni mucho menos, solo estaba preparando el decorado.

LA ÚNICA SEMANA EN LA QUE FEDERER PERDIÓ DINERO

Pese a la derrota con Agassi, el presente de Federer era lo más cercano a vivir un sueño. De golpe se veía compitiendo con los mejores jugadores del mundo, en grandes estadios, rodeado de una multitud entregada y llegando a millones de hogares gracias a la televisión. Más duro fue el golpe de tener que volver a su realidad, la de un chico de 17 años que todavía tenía que quemar rueda en el circuito ITF. De repente, Roger pasó de jugar ante 9.000 personas a jugar en una pista vacía. De salir en todos los medios de comunicación, a no ver un periodista en toda la semana. Era tan drástico el cambio que pasó lo que pasó.

Equipado de arriba a abajo con su ropa Nike y sus raquetas Wilson (IMG buscaba producir un nuevo Sampras), Federer afrontó en aquel mes de octubre un torneo Satélite en Küblis, localidad suiza ubicada en el cantón de los Grisones, zona de montañas. Allí no había gente, no había recogepelotas, ni siquiera jueces de línea. Por supuesto, al otro lado de la red tampoco estaba Andre Agassi, sino Armando Brunold, el undécimo mejor suizo del ranking. Después de sentirse una estrella, aquel panorama supuso un descalabro emocional para Roger, falto de motivación desde el minuto uno.

Se quedó allí plantado, en medio de la pista, desmotivado, complaciente, haciendo dos dobles faltas por juego”, reconoció años después el juez de silla Claudio Grether en una entrevista con René Stauffer.Podría haberle descalificado, pero entonces no habría podido seguir jugando el circuito Satélite”, reconoce el umpire.

Perdió 7-6 6-2 y ganó una factura de $100 que le puso el torneo por romper la regla del esfuerzo, esa norma que obliga a todos los jugadores a dar su mayor esfuerzo en cada partido disputado. Federer lo aceptó sin rechistar, no era necesario generar más ruido, además la lección ya estaba aprendida. Así que se fue de Küblis con un prize money de $87, que si le restamos la multa se quedó en -$13. ¿Cuál fue la venganza del suizo? Convertirse años después en el jugador que más dinero ha ingresado en la historia de este deporte.

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