La decisión de Monica Seles

La serbia pasó a la historia por jugar a dos manos tanto la derecha como el revés. Sin embargo, en sus inicios hubo personas que intentaron manipular su estilo.

Fernando Murciego | 13 Dec 2020 | 17.58
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Monica Seles junto a su padre Karolj. Fuente: Getty
Monica Seles junto a su padre Karolj. Fuente: Getty

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La carrera del tenista profesional está repleta de decisiones y momentos que marcan el rumbo de su historia. La historia de Monica Seles se vio golpeada drásticamente en 1993 con tan solo 19 años, aunque aquel día la decisión la tomó otra persona. Sin embargo, a la jugadora serbia le habían bastado cuatro temporadas para asegurarse una butaca entre las mejores de todos los tiempos. Lo hizo a un ritmo inalcanzable, a su manera, con un estilo nunca antes visto. Muchos todavía la recuerdan golpeando tanto su drive como su revés a dos manos, un sistema sorprendente que al principio resultó chocante para el espectador. Finalmente el tiempo le dio la razón, aunque según cuenta su protagonista en Getting a grip, su libro autobiográfico, hubo momentos donde a punto estuvieron de obligarle a tomar otro camino.

Lo cierto es que un niño nunca elige a qué edad coge por primera vez una raqueta, pero sí elige cómo empuñarla. “Dos manos para golpear el revés y dos manos para golpear la derecha”, así lo cuenta la propia Monica, quien entendió esta como la manera más práctica para utilizar el instrumento. Años después, cuando se introdujo en el mundo de la competición, descubrió que no era lo habitual. "Cuando empecé a viajar a los torneos, varios entrenadores intentaron quitar de en medio a mi padre. ‘Karolj, no serás capaz de dejar que tu hija juegue de esa manera, ¿verdad?’, le preguntaban continuamente. ‘Sí, ¿por qué no?’, respondía él. ‘Básicamente porque no es la manera correcta, no es así como se supone que se juega al tenis. Ella nunca se convertirá en una gran jugadora si golpea con dos manos todos los golpes”.

Hoy resulta cómico leer estas declaraciones pero, por aquel entonces, todas aquellas personas que advertían al padre de Seles acerca de la técnica de su hija posiblemente lo hiciera con la mejor de las intenciones. Al menos, lo hacían opinando con los libros de historia en la mano, señalando que jamás un tenista había empuñado así la raqueta. Y claro, aquello se sumaba a la dificultad que ya de por sí conlleva jugar todo a dos manos. “La lista de motivos por los que no jugar todo a dos manos no hacía más que aumentar. Aquello me repercutía en numerosos sentidos, me restaba movilidad, me quitaba tiempo para colocarme en la posición ideal, además de tener un menor alcance para los tiros. Nadie jugaba así. Sin embargo, mi padre me interrumpía cada vez que me veía demasiado preocupada por el tema”, recuerda la de Novi Sad.

Acabo de saltar a escena la persona más importante del artículo, quizá incluso por encima de la propia Seles. Su padre y primer entrenador, Karolj Seles, el hombre más importante de toda su vida. ‘Así es como ella quiere coger la raqueta, así es su golpeo natural, es como lo siente’, respondía siempre en defensa de su hija. ‘Por tanto, así es como Monica piensa que debe jugar’. Esa cantinela, escuchada una y otra vez, sirvió para que la futura Nº1 del mundo se aceptara tal y como era, al menos dentro de la pista. “Cuando escuchaba a mi padre defenderme así, de inmediato iba corriendo hacia él y nos fundíamos en un profundo abrazo, para luego seguir trabajando. Era uno de los aspectos positivos de tener como entrenador a mi padre, alguien que no sabía demasiado de tenis, pero eso le hacía afrontar este nuevo mundo con una mentalidad totalmente fresca y abierta. Para él, golpear la derecha con dos manos era tan bueno como hacerlo con una mano, que ningún jugador lo hiciera así no significaba nada para él. Lo único que tendríamos que hacer es compensarlo según fuéramos avanzando”.

Tanto Monica como Karolj pactaron no dudar jamás acerca de aquella decisión tan peculiar, sobre todo porque a la hora de competir las cosas funcionaban. Otra historia muy diferente fue la que ocurrió al aterrizar en la Academia de Nick Bolletieri, siendo todavía era una niña. “Los entrenadores de la Academia aceptaron mis maneras al principio, pero todos estaban convencidos de que tenía que iniciar una transición hacia un golpe de derecha mucho más ortodoxo, con una sola mano. Los mejores tenistas lo hacían así, ¿por qué iba a ser yo diferente? Pero aquello fue un error. Es realmente complicado cambiar algo tan importante cuando ya has cumplido los 12 años. Pete Sampras, por ejemplo, fue capaz de cambiar su revés a dos manos por un revés precioso a una sola mano cuando tenía 13 años, pero era Pete Sampras, un caso único”, comprara la mujer que acabaría siendo otro caso único, la mejor del mundo con tan solo 16 años.

En Florida se resucitó aquel viejo debate, hasta el punto de obligar a Monica a empezar a jugar con su drive a una sola mano. ¿Qué piensan que resultó de todo aquello? Se lo pueden imaginar. “Mi mayor fortaleza con mis golpes era precisamente la fuerza, pero era incapaz de sentirla o enfocarla si golpeaba solamente con una mano, me sentía débil. Me sentía incómoda, no encontraba la misma conexión con mi cuerpo, no encontraba el feeling con ese golpe. Intentarlo fue un grave error, nunca funcionó, de hecho llegó a destruir por completo toda mi confianza. Después de perder 6-1 y 6-0 contra Carrie Cunningham –una jugadora a la que había vencido fácilmente días atrás– las dudas se apoderaron de mí”, rememora sobre aquellos días a mediados de los 80.

Obligar nunca es la solución

Lo que terminaron consiguiendo aquellos entrenadores, aparte de que Monica dejara de sonreír haciendo lo que más le gustaba, fue que la balcánica realizara una llamada de urgencia a sus padres. No llevaba todavía un año en la Academia de Bolletieri pero la soledad, la frialdad del lugar y la distancia familiar le hicieron descolgar el teléfono pidiendo ayuda. Ya no aguantaba más. “Lo primero que ocurrió fue una conversación entre mi padre y Nick, una conversación muy larga que terminó con una decisión contundente: mi derecha a dos manos debía ser reinsertada de inmediato en mi sistema. El golpeo a una mano no había funcionado, de nada sirvieron todas las horas de entrenamiento. En ese momento recuperé la sensación de divertirme otra vez con el tenis, sobre todo por volver a tener al lado a mi padre, que volvía a ser mi entrenador”.

Toda la familia, tanto sus padres como su hermano, hicieron el que probablemente fuera el esfuerzo más grande de sus vidas, dejar su hogar y mudarse a Florida, para tener cerca a su pequeña y que, al mismo tiempo, no dejara de entrenar con los mejores. Una inversión que con el tiempo daría los mejores frutos que podían imaginarse. A partir de aquel momento, hasta la primavera de 1993, todo lo acontecido en la vida de Seles fueron cosas positivas. “Al final del día, en esos momentos donde mostraba una mala actitud o daba un mal entrenamiento, mi padre era la única persona que sabía sacarme una sonrisa en apenas unos segundos, devolviéndome toda esa energía para el resto del día”. Y no solo la sonrisa, ya que Karolj fue también el hombre que movió las fichas para que su hija decidiera por ella misma cómo empuñar aquel objeto que terminaría haciéndola millonaria. ¿Y si no hubiera sido así? Responde la propia Monica. “Mi padre y la consideración que tuvo conmigo salvaron mi carrera. Si no, a los 14 años ya hubiera estado quemada”.