Nos encanta escuchar historias, sobre todo cuando proceden de jugadores con ganas y talento para hablar. Daniil Medvedev no solamente es uno de los jóvenes más prometedores del circuito masculino, también es una de esas personas que cada vez que abre la boca es para no dejar indiferente a nadie. Vamos, exactamente igual que cuando ejecuta sus golpes dentro de la pista. Esta vez, el ruso da rienda suelta a sus recuerdos más íntimos en Behind the racquet, el portal donde los tenistas profesionales confiesan sus episodios más comprometidos para liberarse de su confesión. Merece la pena escuchar cómo recorrió su camino desde abajo hasta llegar a ser Nº5 del mundo.
“Siempre hubo una pequeña pelea entre mi padre y mi madre. Mi madre quería que estudiara más, por eso estuve compaginando la escuela y el tenis hasta que cumplí 18 años. En Rusia, la mayoría de los atletas profesionales terminan de estudiar sobre los 12 años, esa podría ser la razón por la que no fui tan bueno como el resto de mis compañeros durante algún tiempo, pero no me arrepiento. Hubo muchos momentos difíciles antes de que tuviera la ayuda de la Federación y los patrocinadores, como cuando no había el suficiente dinero. Hubo partidos donde perdí en los que solamente estaba pensando en los 100$ adicionales que podría haber ganado”, rememora el de Moscú acerca de sus primeros años en el circuito.
Pero lo más complicado todavía estaba por llegar. “El período más difícil para mí fue cuando llegó el cambio de juniors a profesionales. Terminé a los 13 años mi etapa en el mundo juvenil, comencé a entender rápidamente, después de jugar mis primeros Futures, lo complicado que sería llegar a ser el 700 del mundo, o el 300 del mundo. Necesitabas ahorrar la mayor cantidad de dinero posible mientras intentabas ganar cinco o seis Futures lo más rápido posible. En el momento en que perdía ya no sabía lo que hacer, porque veía a muchísimos otros jugadores en busca del mismo objetivo. Recuerdo hablar con Alexander Bublik mientras jugábamos un torneo en Francia. Yo estaba cerca del 700 del ranking y le pregunté: ‘¿Cómo se hace para estar 300º? Me parece algo imposible’. A día de hoy todavía me recuerda esa frase cada vez que me ve”, comenta con humor.
“Incluso después de alcanzar por primera vez el top100, sabía que me quedaba mucho camino para convertirme en profesional. Cuando estaba dentro de la pista sí es verdad que daba el 100%, pero fuera de la cancha no era profesional: me acostaba tarde, jugaba muchas horas a la Play Station y no me preocupaba de las pequeñas cosas. Desde el top70 al top5 fue el salto en el que decidí realmente dedicarme por completo al tenis. Finalmente, me propuse encontrar mis límites. Sé que la gente suele decir que no hay límites, pero quería ponerme a prueba y encontrar el mío. Ese fue el momento donde todo cambió para mí”, reconoce el ruso, quien empezó a recoger los mejores frutos.
Ese fue su punto de inflexión definitivo, aunque muchos ya ni lo esperasen. “Antes de ese gran salto, recuerdo jugar un gran partido y al día siguiente perder porque no podía ni moverme. Si hablas con la gente que coincidió conmigo en los juniors, te dirán que yo era uno de los jugadores con peor forma, a veces me entraban calambres después de tan solo 30 minutos de encuentro. Ha sido la consistencia en los entrenamientos físicos y la recuperación diaria lo que ha cambiado mi juego. Sigue habiendo veces que no sé muy bien lo que hacer, pero ahí está mi equipo para ayudarme. Todavía no sé muy bien cómo pasé de acalambrarme en los juniors a ganar títulos corridos en profesional, supongo que me afecta mucho cuando escucho a la gente opinar sin pensar”, señala Daniil con esa personalidad forjada desde el constante desafío.
“Me lo puede preguntar 200 veces y siempre responderé lo mismo, no tengo un ídolos, solo quiere hacer mi camino. Hay gente fuera de mi círculo que piensa que debo ganar este partido o convertirme en alguien mejor, pero no juego para ellos. Si no quieres entrenar, no entrenes. Si eres feliz donde estás, no dejes que nadie te diga que debes ser mejor. Este fue el mayor impulso para mí, la idea de que siempre fui independiente de los demás. Apagar tu atención de todos estos comentarios lleva su tiempo, por eso intento mantener mi privacidad durante el tiempo que estoy fuera de la cancha, lo cual no es fácil. En este mundo siempre escuchas lo que los demás dicen sobre ti, lo que piensan. Si tienes a diez personas ante ti, obtendrás diez opiniones distintas. Siempre habrá alguien que diga: ‘Debe hacer las cosas así, pero no las hace’.

