En un duelo de dos clásicos del top-10 de esta década, Tomas Berdych logró su pase a los octavos de Wimbledon tras vencer al alicantino David Ferrer con cierta comodidad, en tres mangas, y jugando muy suelto. Ambos cediendo terreno en sus principales virtudes, el resultado dijo que la potencia de Tomas, inspirada en las direcciones hoy, fue demasiado para la intensidad, venida a menos, también la movilidad, de un Ferrer que no pudo igualar con electricidad lo que ya de por sí son problemas en esta superficie: falta de envergadura; sin un gran primer servicio ni ningún golpe realmente definitivo.
Esa diferencia fue palpable y llamativa desde el primer momento. La cita estableció su narrativa en base a la fina potencia del checo y la débil resistencia de David para contragolpear y llegar a la pelota con apoyos y manos firmes para poner a Berdych, precisamente en el lugar que más le cuesta. Si Berdych golpea desplazado en una superficie como esta, tiene un serio problema. Y las intenciones de Ferrer, huérfanas de un resto antaño diferencial, no pudieron crear dificultades a un Tomas absolutamente pegador.

El checo lanzaba las manos, sobre todo con el revés, con tiempo, una pelota de bote alto y en posiciones cómodas, un contexto muy propicio para llevar la total iniciativa del choque. Lograda ese mando en los puntos, con facilidad para acelerar y acabar el punto, Berdych cogió confianza para aumentar sus porcentajes con el saque. Una pared demasiado vertical para un Ferrer que en otro momento podría haberla escalado y coronarla, pero a día de hoy, todo le cuesta más.
Así fue transcurriendo el partido, que en ningún momento se estrechó. No hubo tramos de juego de remolque para Tomas, que tradujo su superioridad en el juego en el marcador, con breaks tempraneros, mucha tranquilidad y calma para abrir la pista con sus golpes y jugar directo y a las líneas. Ferru se vio muy por debajo y sólo en el inicio del tercer set pudo intentar la machada.
Allí tuvo dos bolas de rotura para situarse con 3-1 arriba pero Berdych las desbarató, igualó a 2 y mandó un mensaje de extrema confianza que David no supo contestar. El checo avanza así a los octavos de final, donde chocará con Dominic Thiem o Jared Donaldson. Antiguo finalista en 2010, Berdych afronta la segunda semana como un posible tapado.

