Andy Murray jugará la final del Open de Australia contra Novak Djokovic después de deshacerse del suizo Roger Federer en cinco apasionantes sets. El británico encarará de esta forma el próximo domingo su sexta final de Grand Slam, la tercera de forma consecutiva.
Camina firme Andy Murray por el circuito. Tras quitarse la losa que suponía ganar un gran evento por primera vez, como fueron los Juegos Olímpicos, parece moverse ya como pez en el agua el escocés en escenarios grandes. Campeón del US Open y primer británico en lograr un Grand Slam desde que lo hiciera Fred Perry en el lejano 1936, es ahora el de Dunblane un tenista liberado.

Sin hacer ruido empezó la temporada ganando en Brisbane, y casi con el mismo sigilo se metió en las semifinales del Open de Australia, la octava semifinal en sus últimas nueve presencias en torneos grandes. Allí le esperaba Roger Federer, palabras mayores, y no decepcionó el británico.
Cimentado en un portentoso saque que no lo perdió en las tres primeras mangas y con el que firmó un total de 21 aces y un 75% de primeros servicios ganados por ninguna doble faltas, Murray fue siempre el dominador de un partido, al que sólo el oficio y tesón de Roger Federer obligó a que se prolongara hasta la instancia definitiva y a que se consumieran cuatro horas exactas de juego.
Sólido como siempre desde el fondo de pista, demostró Murray que una de sus grandes transformaciones con la llegada al banquillo de Ivan Lendl ha sido el cambio de actitud, ese que le ha llevado a jugar de forma autoritaria los puntos clave y que le hacen ser un tenista agresivo y sin la más mínima especulación los momentos determinantes, especialmente en la quinta manga. Fruto de ello, son sus 61 winners, 19 más que el helvético, estadística que durante años fue a la inversa.
Rápido de piernas y un auténtico correcaminos desde el fondo de pista, tiene Andy Murray muchas papeletas hacer una carrera deportiva antológica. En una época donde le ha tocado medirse a tres de los hombres más fuertes de siempre (Roger Federer, Rafa Nadal y Novak Djokovic), tiene ahora la misión de ser el primer hombre en la historia en lograr ganar sus dos primeros Grand Slam de forma consecutiva.
Algo inimaginable hace un año o siquiera seis meses cuando las lagrimas derramadas en aquella final de Wimbledon perdida le diagnosticaban como uno de esos perdedores incapaces de sumar triunfos de relevancia, más allá de una buena cosecha de Masters 1000.
Tercera final en Australia en cuatro años, tiene ahora la oportunidad tiene ahora la oportunidad de ganar un torneo en el que casi siempre ha jugado bien, pero en el que la fortuna le ha sido esquiva en el último encuentro.
Djokovic-Murray, una fuerte rivalidad sin claro favorito
El del próximo domingo será un nuevo capítulo de la fuerte rivalidad que mantienen Andy Murray y Novak Djokovic desde bien jóvenes. Ambos de 25 años de edad (se llevan tan sólo siete días) se midieron muchas veces las caras en las categorías más tempranas. Desde que son profesionales, se han enfrentado en 17 ocasiones con un balance favorable al serbio de 10-7.
En Grand Slams, han jugado en tres ocasiones (dos de ellas finales), con dos triunfos de Djokovic y uno del escocés, el que le supuso a éste último su único major logrado en Nueva York. En las dos veces que lucharon en Australia, el triunfo fue para Djokovic. En 2012, fueron un total de siete partidos los que les vio enfrentarse con cuatro victorias para Novak y tres para Murray.
Para Murray, la final no solo supondría la conquista de un nuevo título. En caso de ganar reduciría considerablemente las distancias con Novak Djokovic y Roger Federer en la lucha por la primera posición. Actualmente, situado en el tercer puesto a casi 5000 puntos, podría lograr reducir el margen en 2080 puntos, pues sumaría 1280 como campeón y le restaría al serbio 800, por no poder defender su corona de 2012.
Cábalas todavía hipotéticas, pero que podrían permitirle, teniendo en cuenta que hasta Wimbledon sólo defendería 1630 puntos, aspirar al sueño de ser número 1. El segundo todavía sería más factible, pues Murray se podría poner a menos de 1000 puntos del suizo, que defiende 2000 puntos en los próximos dos meses.
Luchador Roger Federer
Por su parte, Roger Federer no puede salir disgustado del todo del Open de Australia. Es cierto que siempre es duro perder una semifinal de un Grand Slam, y más para un hombre acostumbrado al éxito como él, pero dio la cara durante las cuatro horas.
Con un cuadro durísimo fue liquidando rivales de enorme entidad, y aunque con el británico no hizo buen encuentro (especialmente con su saque con el que sólo firmó cinco aces), demostró que todavía tiene suficiente fondo físico como para lucharle a contricantes más jóvenes los Grand Slams. Fue a remolque del partido todo el tiempo, pero demostró que sabe luchar como pocos y ello le hizo tener opciones de triunfo hasta la última manga.

Ahora sin Copa Davis, y con Rotterdam, Dubái e Indian Wells como focos de defensa de sus coronas de 2012, deberá seguir con la línea mostrada en Australia. Si lo hace, será difícil no volver a verle levantar un grande más, especialmente, en su deseado Wimbledon.

