Al igual que hay debates que merece la pena tocar, hay otros que son incuestionables. Por ejemplo: ¿quién es la mejor doblista del sigo XXI? Sin lugar a dudas ni a réplicas, se trata de Katerina Siniakova.
No se puede discutir, basta con miras su palmarés: 11 títulos de Grand Slam en categoría de dobles femenino, un Wimbledon en dobles mixtos, dos oros olímpicos en disciplinas por parejas, unas WTA Finals, una Billie Jean King Cup y un buen puñadito de semanas como número uno del mundo. Vamos, que no le queda absolutamente ningún cromo por pegar a la checa. ¿Cómo encontrar la motivación cuando a los 30 años ya rompiste todas las barreras?
Quizá lo mejor sea no hacerse esta pregunta y simplemente seguir compitiendo. Así reaccionó Katerina Siniakova cuando cortó los lazos con su gran compañera Barbora Krejcikova y todo el mundo se preguntó: ¿y ahora qué? Pues ahora, a seguir ganando Grand Slams pero con otras parejas. Algo muy único debe tener Katerina para convertir en oro cualquier compañera que toca, así lo refleja su historial. Desde hace un tiempo formando dúo con Taylor Townsend, les bastó apenas unos meses para plantarse en lo más alto de la tabla. En este último Roland Garros, arrasaron sin piedad.
“Disfruté mucho de estas dos semanas, creo que tuvimos partidos realmente buenos. Algunos fueron duros y otros fueron más sencillos, pero siempre mantuvimos ese espíritu de equipo. Creo que trabajamos muy duro, así que estoy orgullosa de cómo intentamos mejorar y evolucionar nuestro juego. Esta última final es el mejor ejemplo del gran trabajo que hemos hecho”, reconoce tras tumbar en la final de Roland Garros a Danilina/Krunic por un marcador de 6-2 y 7-5. No está mal para ser una final.
“La química funciona, no hay mucho más secreto. Es muy bueno saber que a tu lado tienes a alguien con quien puedes decir cosas en voz alta. Puedes hablar incluso cuando no te sientes bien o no encuentras tu juego en pista, llegar a una conclusión y seguir adelante, encontrar siempre soluciones. Es realmente agradable, ayuda mucho conectar fuera de la pista, así puedes estar más relajada”, valora la checa acerca de Taylor, con la que empezó a jugar los primeros torneos en 2024.

En total son siete Grand Slams junto a Barbora Krejcikova, uno junto a Cori Gauff y tres ya de la mano de Taylor Townsend. Sin contar, como bien antes citamos, el dobles mixto que levantó en Wimbledon 2025 junto a Sam Verbeek. Una cosechadora de éxito que siempre es capaz de dar con la tecla para que la cosa funcione.
“Una parte muy fuerte de nuestra unión es que somos zurda y diestra, esto lo hace más complicado para nuestras rivales”, subraya Siniakova. “El juego de Taylor y el mío es totalmente diferente, pero esto para las rivales es un incordio, puesto que podemos cambiar y jugar prácticamente a cualquier cosa que queramos, incluso durante el partido. Trabajamos absolutamente todos los escenarios, lo cual nos facilita las cosas”.
Nueva York, el lugar para que Katerina Siniakova multiplique su leyenda
En poco tiempo se ha demostrado que Katerina Siniakova y Taylor Townsend son, de largo, la mejor pareja de la actualidad. Campeonas del Open de Australia, de Roland Garros, de Wimbledon… y finalistas del US Open. ¿Qué quiere decir esto? Que dentro de dos meses, cuando lleguen a Nueva York, tienen una cita con la historia. Para la estadounidense supondría completar el Grand Slam, el sueño de cualquier tenista profesional. Mientras que para Katerina significaría haber ganado dos veces cada Grand Slam, firmando el póker con dos parejas distintas. Se mire por donde se mire, palabras mayores.
“Es el único major que no está en mi lista, el que más quiero por ser el de casa, Nueva York es un lugar muy especial con una energía única”, afirma Townsend sobre la posibilidad de ganar en la Gran Manzana. “Significaría todo para mí ganar el US Open, ya estuve cerca varias veces, de hecho, la primera vez perdí contra Katerina (risas). Estoy muy agradecida por estar en esta posición, por luchar cada día y ofrecer un tenis realmente bueno como equipo. Mientras estemos sanas en lo mental, físico y espiritual, creo que no tenemos límite. No veo ninguna razón por la que no podamos seguir jugando nuestro mejor tenis, aunque sé que ambas cumplimos 30 este año y ya no somos unas jovencitas”, reconoce entre risas la estadounidense.

