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Shelton corona la semana perfecta y manda un aviso al circuito desde Canadá

El estadounidense firmó una imperial final ante Nakashima para defender su título en Montreal: ¿está preparado para mantener este nivel en el próximo US Open?

Ben Shelton es campeón en Canadá jugando un tenis increíble. Fuente: Getty

Ganar un Masters 1000 sin ceder un solo set es un privilegio al alcance de muy pocos. Algo tiene Canadá, no sabemos el qué, que revoluciona y doma a partes iguales la fiera que hay en Ben Shelton. En tierras norteamericanas es eléctrico, rápido y furioso... pero también sosegado, sereno, imperial. El idilio del estadounidense en el país vecino continúa: tras proclamarse campeón en Toronto el año pasado, decidió redoblar la apuesta para hacerse en el ATP Montreal 2026 con el segundo Masters 1000 de su carrera, coronando una semana perfecta con una final a la altura frente a su compatriota Brandon Nakashima (6-3, 7-6(4))

Qué manera de defender una corona. Un tenis explosivo, una mayor resistencia de lo habitual a los impactos del rival y una tranquilidad que pocas veces habíamos visto en Ben Shelton. El cemento canadiense le impulso hasta el último día, en una final en la que salió algo más timorato de lo habitual: sorprenderá a muchos, pero quien arrancó manejando mejor los nervios fue el novato, un Brandon Nakashima que apenas cedió puntos con su saque en los primeros juegos del partido y generó las primeras bolas de break. Como sucediese ante Jódar, no fue capaz de aprovecharlas... y, una vez llegados al ecuador del primer set, Ben entró en su Matrix particular para regalarnos un exabrupto de tenis increíble.

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Shelton se proclamó campeón en Montreal jugando un tenis de altura.

¿Tiene Shelton nivel para ser candidato a ganar el US Open?

Los últimos tres juegos del estadounidense para cerrar el primer set, incluyendo dos roturas, son dignos de candidato a todo. Así de simple. Un popurrí de restos ganadores (el primero de ellos, una derecha paralela con comba que le sirvió para certificar el primer break), derechas imposibles, subidas a la red controladas, passing shots inverosímiles; en definitiva, la explosividad de un atleta privilegiado con la confianza de quien sabe que convertirá en oro todo lo que pase por su raqueta. Nakashima, sorprendido ante el número de restos que su rival conseguía devolver, se desdibujó en su esquema ante el desparpajo y la potencia de Shelton, con alguna que otra subida a la red precipitada que su compatriota castigó sin piedad.

Supo recuperarse Brandon del azote que le dio el partido, encontrando de vuelta la consistencia en su saque para traer de vuelta la igualdad en cada turno de servicio. Supo salir, además, de situaciones complicadas, con varios 0-30 y 15-30 salvados al saque, lo que demostraba, eso sí, que el break de Shelton estaba mucho más cerca que en toda la media hora anterior. Alargó el partido lo que pudo Brandon, con buenas combinaciones, voleas al límite y algo de fortuna, pero enfrente estaba una bestia muy diferente a lo que había enfrentado en duelos anteriores, alguien que apenas concedía al saque y que convertía cada derecha en un látigo muy imprevisible.

Precisamente una derecha de arriba a abajo, con el centro de la pista ganado, fue la que concedería a Shelton el minibreak definitivo en el tiebreak del segundo parcial. La ola de la confianza surfeada por el de Atlanta en toda la semana le hizo afrontar la muerte súbita sin miedo a un posible tercer set, sabedor de que el partido estaba en su raqueta, sin presión por ningún tipo de favoritismo. Analizar su camino en Canadá nos lleva a preguntas, quizás, grandilocuentes: destrozó a Mensik en una de las mayores exhibiciones del año, dejó a Tien en un tipo sin armas y desarmó al tipo más en forma de todo el torneo en una final que combinó oficio con fuegos de artificio. Ahora, claro, esas cuestiones: ¿es capaz de hacer esto a cinco sets? ¿Puede su físico aguantar estos picos de intensidad de forma más continuada? ¿Puede jugar así ante Sinner y Alcaraz? Quizás el US Open nos aporte respuestas más precisas; hasta ahora, Ben, disfruta de una corona que te has ganado.