La victoria lograda por Carlos Alcaraz en su partido de cuartos de final en el ATP Doha 2026 frente a Karen Khachanov podría resumirse en una palabra clara: evolución. El desarrollo y final del envite son la constatación de lo mucho que ha progresado el murciano en el último año y medio, tapando carencias de antaño y dejando atrás las desconexiones y los momentos en los que, parecía, se iba a nivel de lenguaje corporal del partido.
El de El Palmar se encontró al otro lado de la red con un Khachanov ultramotivado. El ruso salió fiel a su estilo... e incluso saliendo algo de su zona de confort: más agresivo de lo habitual, pulverizando la derecha y buscando los paralelos con más asiduidad, con una misión clara: negar el centro de la pista y el dominio de la línea de fondo a Carlos. No solo eso: estuvo muy punzante al resto, dañando los segundos de Carlos, que bajó en torno a un 10% su porcentaje de primeros dentro.
Aún así, Alcaraz mantuvo el tipo y consiguió llevar, entre luces y sombras, el primer set al tiebreak definitivo. Acabaría Alcaraz con 22 errores no forzados el primer parcial, notando especialmente los fallos por la zona del drive, un golpe que estuvo verdaderamente errático. Aún así, el tramo de partido desde el tiebreak hasta el 2-2 del segundo set fue una absoluta barbaridad por parte de Karen. El ruso promedió un 9,7 de nota global, no perdió ni un solo punto en posición ofensiva (dejar durante cuatro juegos y un tiebreak a Carlos en cero puntos ganados desde la defensa está al alcance de muy pocos), promedió un 9,8 con su derecha y no se colocó en posición de desventaja en ninguna situación con su derecha paralela. Aguantaba de revés, sacaba como los ángeles y encontraba en el drive el golpe ejecutor... pero la perfección es muy difícil de mantener durante tres horas seguidas.


Promedios de Khachanov en el tramo desde el tiebreak hasta el 2-2 del segundo set. Casi fue perfecto.
Así le dio la vuelta Alcaraz a su partido ante Khachanov: regularidad, aparece el saque... y los paralelos lo cambian todo
Le dejó un mínimo resquicio el ruso a Carlos en ese juego del 2-2. Bajó un pelín la intensidad... y el murciano, en un chispazo de genio, dejó atrás un lenguaje corporal algo apático para darse cuenta de que él tenía la superioridad física y de explosividad sobre Khachanov. Qué difícil es mantener un nivel de sobresaliente durante más de dos horas contra genios como éstos, y qué facil es para Carlitos elevar sus prestaciones al oler la sangre del oponente.
Como un tiburón, varios aspectos evidenciaron el giro de tuerca total del partido. El primero, que la batalla saque/resto pasó a ser dominada por Alcaraz de forma incontestable. El nivel de Karen al resto bajó más de dos puntos (del 9,4 del primer set al 6,1 del segundo: el ruso dejó de intimidar a Carlos desde los restos de segundo, permitiendo al murciano ganar la línea de fondo con mayor frecuencia), Alcaraz subió un 4% su porcentaje de ataque y, sobre todo, fue él quien pasó a encontrar los paralelos para someter a su rival.
En el segundo set, fue la derecha cruzada la que le permitió maniatar a Khachanov, extrayendo sus errores no forzados; en el tercero, Alcaraz se colocó en muchas más situaciones de ventaja que de desventaja cada vez que se atrevió a tirar golpes paralelos. No solo eso: lo hizo con especial frecuencia, logrando encontrar su drive paralelo el 16% de los puntos, el segundo patrón más repetido (tiró más derechas paralelas que cruzadas), mientras que con el revés paralelo también obtuvo muchísimo más rédito.


A través de los paralelos, Alcaraz se hizo con el dominio del partido. Encontró muchas más situaciones de ventaja: aquí, datos del tercer set.
Todo eso, claro, permitido gracias a sus mejores porcentajes con el primero y su capacidad para apagar el resto del ruso: perdió el centro de la pista en el segundo y tercer golpe Khachanov, permitiendo a Alcaraz dominar y encontrar los paralelos para quitarle el oxígeno a su cuerpo, para obligarle a sufrir más y más en cada contrapié ejecutado. Carlos fue paciente, regular, supo esperar los atajos que le concedió el duelo y fue de menos a más: una demostración de tenis, pero también de oficio. Un partido para demostrar que la consistencia y regularidad de tu mejor nivel acaba siendo la frontera que separa a las leyendas de los muy buenos. A semifinales, donde ya espera Andrey Rublev.
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