Un general curtido en mil batallas frente a un príncipe cuyo reinado comenzó sin previo aviso. El Open de Australia 2026 no podrá tener un mejor fin de fiesta: dos generaciones encontradas, separadas por 16 años de diferencia, en uno de los partidos con mayor carga histórica que jamás hayamos presenciado. ¿Logrará Carlos Alcaraz convertirse en el jugador más joven de la historia en hacerse con los cuatro Grand Slams, completando así el Career Grand Slam? ¿Romperá Novak Djokovic su empate con Margaret Court y se convertirá, de forma inequívoca y sin la necesidad de muchos de sacar a la palestra a la australiana, como el jugador más ganador de la historia gracias a su 25º Grand Slam? La casa de Rod Laver dictará sentencia.
No ha sido fácil llegar a este punto, por mucho que los mismos protagonistas se diesen cita en el mismo escenario hace apenas un año. Era un Carlos más dócil, propenso a ser víctima de la sabiduría y experiencia de sus rivales, asalvajado y tan espectacular como, en ocasiones, kamikaze; era un Novak menos consciente de sus oportunidades, menos alerta ante el peligro de las nuevas generaciones, un año menor (lo que 2025 demostró que no es un dato baladí).
Atrás quedaron un valiente pero inconcluso Sasha Zverev, también un regular pero carente de magia Jannik Sinner. Curtido en mil guerras, como un viejo general napoleónico, Novak Djokovic carga el peso de una generación de jugadores, un legado incontestable que busca sumar la última gran conquista a su currículum; con la tecnología, velocidad y desparpajo de las nuevas armas, Carlos Alcaraz, enarbolando también la bandera de la creatividad, busca establecer de forma incontestable un reinado que se extienda a todos los territorios... y sobre todos sus oponentes.
Novak Djokovic, el peso de la vieja guardia
El serbio nos ha vuelto a dejar sin palabras, una vez más. Incapaz de competir de tú a tú en los Slams frente a Sinner y Alcaraz, su pretemporada se convirtió en una exhaustiva batalla frente a su cuerpo, el tiempo y la biología. ¿Qué batalla, pues, deja Nole sin ganar? Su triunfo ante Jannik constató que para él no existen los imposibles: siempre hay un territorio nuevo por explorar, una guerra por ganar, una boca por callar, una prensa a la que desmentir, un récord que perseguir y una nueva generación más de jugadores por las que ser perseguido.

De esa generación ya cayó su primer monarca; al segundo lo conoce, también, a las mil maravillas. Ha compartido bailes con él en todos los Grand Slams, le ha visto crecer como si de su pupilo se tratase y ha establecido con él un vínculo de sabiduría, como el viejo escriba que enseña su oficio a su principal pupilo... hasta que le termina superando. Pero la vieja guardia todavía tiene mucho que decir, y esta final supone la oportunidad de reivindicar no solo su figura, sino la de sus coetáneos y principales compañeros de viaje: demostrar que no importa la velocidad a la que viaje la bola actualmente, que nadie dominó los tiempos de la pista y el entendimiento del juego como él.
Para ello, eso sí, necesitará un factor diferencial todavía puesto en cuarentena: el físico. De él, de cómo se levante tras su batalla contra Jannik, dependerá que pueda ejecutar ese tenis feroz, agresivo, como si de un viaje en el tiempo se tratase. La explosividad en sus piernas sostendrá un sistema que quita tiempo al rival, un sistema que, obligado por los casi 39 años que ya marca su ADN, contemporiza menos y ataca directamente al corazón del enemigo. ¿Es sostenible durante más de cuatro horas, las que firmó ante Sinner? Es, sin dudas, la gran pregunta... pero nadie nunca tuvo tantas ganas de responderla como él.
Carlos Alcaraz, un joven rey que solo sabe conquistar territorio
Decían muchos que la salida de su principal maestro, Juan Carlos Ferrero, confundiría a Carlos Alcaraz. Que le sumiría en una especie de crisis de identidad, una pequeña grieta en una coraza forjada a base de éxitos, pero también decepciones. Si algo ha demostrado Australia es que la línea continuista de 2025 sigue ahí: la de un joven rey que no ha heredado su trono, sino que lo ha conquistado a base de creatividad, atajos, carisma, sonrisas, una única manera de ser y una madurez encontrada que podría elevarle a cotas inigualables.
Así ha transitado en Melbourne, antaño lugar de fantasmas para él: superando a viejos verdugos (Zverev en semifinales, ¿Djokovic en la final?), reencontrándose con el amor por este deporte, incluso sabiendo sufrir y disfrutando en el fragor de la batalla. Aquel que pensó que se retiraría en mitad de su episodio de calambres conoce poco a Carlos: su constante sonrisa, su inocente devoción por este juego, se complementa con su capacidad para encontrar soluciones y competir en situaciones de dificultad. Es la última actualización a un sistema que apenas deja margen a sus rivales.

Y esa actualización, la de un joven rey que expande su imperio en múltiples direcciones, le ha llevado al que quizás sea el partido más importante de su carrera. Es la cita que podría elevarle en el libro de los récords, colocarle en un lugar privilegiado, el de haber conquistado todos los Grand Slams... y ser el más joven en hacerlo. ¿Presión? ¿Físico? Quizás sean las dos incógnitas, ante la magnitud del contexto y los calambres vividos hace un par de días, que puedan poner en duda a un tipo que si por algo se caracteriza es por rendir de fábula en los momentos importantes... y sería extraño no volver a verle hacer lo mismo ahora.
El partido, una guerra de trincheras donde la derecha toma un papel fundamental
38 vs 22 años. La juventud y el físico deberían estar del lado de Carlos, pero la hercúlea jornada de semifinales ha dejado cicatrices en ambos cuerpos, cicatrices que no se desvelarán hasta que la primera bola se ponga en juego dentro de unas horas. ¿Presión? La cita es monumental para ambos: Alcaraz, por el peso de lo que puede conseguir; Novak, por el peso de lo que -no- puede conseguir (¿será ésta su última bala para encadenar dos triunfos ante Carlos y Jannik y lograr así su 25º Grand Slam?).
Con las espadas en todo lo alto, la pista será un lienzo donde cada trazo cobrará la máxima importancia. El murciano dispone, eso sí, de un golpe del que careció Jannik: una derecha profunda, creativa y versátil, capaz de abrir pista, dominar, buscar ángulos imposibles y, sobre todo, sacar del centro de la pista a su rival. Novak, encantado con el ritmo lineal que le propuso Sinner en semifinales, siempre golpeó primero; mientras Jannik pensaba que la fortaleza del serbio se desvanecería en algún momento, fue Djokovic quien encontró su drive para ganar la batalla desde el fondo, un factor sorpresa con el que el murciano, por suerte para él, ya cuenta.
Con todo y con ello, a Nole no le quedará otra, por piernas y físico, que redoblar su apuesta. Clínico con el servicio, como en las bolas de break en contra en semifinales; letal con la derecha, tenga o no tenga espacio para cargarla, y solidísimo desde el fondo, entregado a su última bala y sin importar sus consecuencias. Esa combinación de puntos cortos (saque + 1) y puntos medios (aguantar con el revés y abrir pista con la derecha paralela para sacar a Carlos del centro de la pista) se convierten en su esquema de juego para aspirar al 25º... siempre que el físico y las patas, claro, lo permitan.
Alcaraz, como decíamos, se puede dar el lujo de huir del ritmo de frontón que propuso -sin éxito- Jannik. Más allá de estar explosivo y veloz para poner en juego todos los restos de primero que pueda, deberá echar mano de multitud de variantes (cortado, dejadas (Nole tiene 38 años, ¡no lo olvidemos!), ángulos cortos y cambios de dirección) para evitar que el serbio golpee primero. Si le roba el centro de la pista y le impone su tenis, dejándole claro que no sentirá miedo ni presión ante la ocasión, el partido debería estar bajo su control.
Una final que emociona. Un partido que sentará a antiguas y nuevas generaciones a este deporte, que cruzará maneras de entender la vida, que encenderá el radar de leyendas debido a su significado histórico. Un pasaporte directo al olimpo de la eternidad para Alcaraz, una última medalla para el soldado más laureado de este deporte. La vieja guardia, la napoleónica, contra la nueva inteligencia, la de la velocidad y mil maneras de doblegarte. Nole, Carlos, Melbourne, Rod Laver Arena. Recen lo que sepan y acuesten a los niños.

