El Open de Australia 2026 regaló una de esas jornadas destinadas a quedar en la memoria de todos los espectadores. Jannik Sinner selló su pase a la cuarta ronda tras superar a Eliot Spizzirri en un partido tan exigente como extraño, marcado por un parón decisivo con 3-1 abajo en el tercer set que terminó cambiando por completo el rumbo del encuentro.
Bajo temperaturas cercanas a los 35 grados en la Rod Laver Arena, el número uno mundial tuvo que resistir a todo para imponerse en cuatro sets (4-6, 6-3, 6-4, 6-4). Entre calor extremo, interrupciones y su propio malestar físico, Sinner consiguió superar la prueba de manera casi impensable para mantenerse vivo en Melbourne. Se medirá a Luciano Darderi en octavos de final.

Un calor extremo que afectó a Sinner
El inicio del partido parecía encaminado hacia una tarde relativamente tranquila para Sinner. El italiano logró un tempranero break para colocarse 4-2 en el primer set, mostrando autoridad desde el fondo y encontrando profundidad con su derecha. Sin embargo, el guion dio un giro inesperado. A partir de ese momento, el calor extremo empezó a pasar factura y Spizzirri, sin nada que perder, elevó su agresividad. El estadounidense encadenó cuatro juegos consecutivos, aprovechando el bajón físico de su rival para cerrar el parcial por 6-4 y encender la sorpresa en Melbourne.
Las sensaciones de Sinner no eran buenas. Entre puntos, se le veía encorvado, buscando la sombra de la pista y con gestos evidentes de incomodidad. El segundo set arrancó con un nuevo break a favor de Spizzirri. No obstante, el italiano reaccionó con carácter, recuperando el break al instante y encontrando cierta estabilidad conforme avanzaban los juegos. Aun lejos de su mejor versión, Sinner supo gestionar el momento para llevarse el segundo set por 6-3, dando la impresión de que había superado el bache inicial. Nada más lejos de la realidad.
Un parón que dará que hablar
El tercer set se convirtió en el epicentro del partido. Con 3-1 abajo y saque para Spizzirri, Sinner comenzó a sufrir calambres severos. El italiano apenas podía moverse: molestias en las piernas, en la mano y en el brazo. Un sufrimiento evidente que durante varios momentos hizo planear la posibilidad del abandono.

Fue entonces cuando entró en escena la nueva normativa por calor extremo, que permite detener el encuentro durante 10 minutos y cerrar el techo del estadio. Un golpe de suerte increíble para el italiano. El partido se detuvo durante unos ocho minutos, un parón que cambiaría por completo el desarrollo posterior y que, inevitablemente, dará mucho que hablar.
Cuando se reanudó el juego, Sinner seguía lejos de su mejor nivel, pero poco a poco comenzó a recuperar movilidad. Spizzirri, por su parte, empezó a acusar el momento. La presión, la oportunidad histórica y la interrupción jugaron en su contra. El italiano, con una versión muy limitada pero competitiva, fue creciendo punto a punto hasta completar una remontada impensable veinte minutos antes y cerrar el set por 6-4.
A partir de ahí, el partido tomó otra dinámica. Sinner fue encontrando mejores sensaciones físicas conforme pasaban los minutos. Aunque volvió a verse por detrás en el marcador durante el cuarto set, el italiano ya transmitía otra energía. Más suelto, más firme mentalmente y con mayor control de los intercambios, volvió a remontar para cerrar el parcial por 6-4, sellando una victoria tan sufrida como significativa.

