No, los nuevos Masters 1000 no funcionan

La nueva fórmula de ATP, con torneos de semana y media, dejaba luces y sombras... pero su aplicación en Canadá y Cincinnati confirma que, definitivamente, no funciona.

Carlos Navarro | 6 Aug 2025 | 20.07
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Masters 1000. ¿Funcionan? Fuente: Getty
Masters 1000. ¿Funcionan? Fuente: Getty

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El plan de la ATP para mejorar su producto, estructurado bajo el lema de 'One Vision' e ideado en gran parte por su presidente, Andrea Gaudenzi, se basó en pilares que prometían cambiar por completo la estructura del circuito profesional tal y como lo conocíamos. Un paquete de medidas que buscaba adaptar al deporte de la raqueta a la demanda global... pero, por encima de todo, aumentar y de qué forma el valor de los torneos bajo el paraguas de la ATP, reforzando su posición frente a los Grand Slams, que se rigen a través de entidades diferentes. Es entonces cuando aparecen en la ecuación los Masters 1000... protagonistas de un cambio que, a agosto de 2025, podemos confirmar que ha hecho aguas.

Porque Gaudenzi y compañía han buscado exprimir la gallina de los huevos de oro hasta tal punto que el producto se encuentra en una situación de extrema fragilidad. La premisa inicial parecía clara: los mejores torneos de la ATP, el tan ansiado producto 'premium', iban a ser revalorizados: más partidos, más días, más competición, más oportunidades de negocio, más venta de entradas. Más, más y más... a costa, claro, de la salud y el tiempo de descanso de los jugadores. ¿El calendario? Cero respiro. ¿Los torneos más 'pequeños'? Olvidados y abandonados a su suerte: al fin y al cabo, son los grandes los que venden, ¿no?

Y no les voy a mentir: yo, al principio, no era tan escéptico con esta fórmula como muchos. Había dos aspectos que suponían, a mi modo de ver, una cierta mejora en ese tenis más global y de mayores oportunidades para todos que tanto defiendo. En primer lugar, que estos torneos ampliaban sus cuadros y permitían a jugadores del top-150 acceder con mayor facilidad a Masters 1000, dándose la opción de avanzar en torneos cuyo filtro de entrada era antes insalvable y, por supuesto, sumar por el camino un incentivo económico que les permitiría afrontar su carrera profesional con mayor tranquilidad. En segundo lugar, que más días de descanso podrían permitir a los tenistas no llegar tan con la lengua afuera a las instancias finales de Masters 1000 y, sobre todo, escalonar mejor su calendario en rondas finales (no fueron pocas las veces que, sobre todo por lluvia, vimos a jugadores doblar en cuartos, semifinales y finales en torneos como Roma o Cincinnati).

UN ABSOLUTO DESASTRE

Nada de eso se ha cumplido. Había opiniones mixtas con respecto a este ya manido debate hasta este mes de agosto, pero cuando el cambio ha influido directamente en la gira norteamericana, las vergüenzas se han destapado por completo. No, los Masters 1000 de dos semanas no funcionan. ¿Quién en su sano juicio es capaz de llegar fresco física y mentalmente al US Open si disputa y llega relativamente lejos en Washington, Canadá y Cincinnati? ¿Qué jugador es capaz de aguantar el brutal nivel de exigencia actual durante cuatro semanas seguidas y competir, además, al 100% en un Grand Slam?

Como la respuesta es clara, el producto lo nota. El producto pierde calidad. Bajas por doquier en esos Masters 1000 que la ATP quería impulsar; nivel de tenis mucho más bajo en rondas finales ante el cansancio y la extenuación de muchos, retiradas incluidas. Por si fuera poco, el aumento de días en estos torneos provoca que las fechas se conviertan en un tetris insalvable que nos deja finales en mitad de la semana, a horarios intempestivos para la mitad del mundo (ya que sería un suicidio colocar una final en el horario normal, a mediodía, en mitad de un día laborable), con días que antaño eran de expectación máxima (dónde quedaron aquellos viernes con cuatro cuartos de final; ahora se reparten en dos días diferentes y en horarios mucho menos accesibles). 

¿Se venden más entradas de esta manera? Quizás los directores de los torneos quieran vender que sí, que es todo un éxito. Lo que tengo muy claro es que la expectación por estos torneos ha caído a niveles muy bajos. El intento de 'premiumizar' cada uno de estos eventos ha provocado una durísima pérdida de esencia y un desapego generalizado por torneos que antes, recuerdo, creaban una magnífica expectación (días, en pleno verano, de cuartos y semifinales entre auténticos cracks que comenzaban en la noche y acababan en la madrugada; ahora no sabes si dos partidos son de cuartos o de semis, ni entiendes el por qué empiezan tan tarde). 

Los propios jugadores ya se manifiestan cada vez más en contra de un calendario infernal que crea desafección en los aficionados y, a la par, un mayor estrés en los cuerpos de los tenistas. No son perfectos, y quizás a veces tomen decisiones contradictorias, pero ellos mismos han crecido aficionándose a los Toronto o Cincinnati de turno con días repletos de tenis... y ahora se ven atrapados durante más de una semana en eventos que se vuelven maratonianos y que no dejan ni una sola semana de descanso antes de encarar el siguiente. ¿Lo peor? Esta es una de las ideas bisagras de un plan que prometía continuidad en el tiempo, un plan a largo plazo que ahora se puede tornar un verdadero problema para la ATP. ¿Darán vuelta atrás? Lo dudo mucho... así que ya pueden ir rezando por una salud sobrehumana de los mejores; mucho me temo, en caso contrario, que su producto se volverá aún menos atractivo frente a los Grand Slams.