El aspecto más positivo de la decisión de la ATP de transformar a los Masters 1000 en megaeventos de dos semanas se esconde detrás de jugadores "modestos". De aquellos que no debían, bajo el papel, recibir todos los focos. En un intento por maximizar el producto premium, por asegurarse de que las estrellas jueguen aquello que las estrellas deben jugar, no hay más remedio que ampliar los cuadros, generar más entradas, convertir a un torneo como el ATP Roma 2026 en un evento social ineludible... abriendo el abanico a que 'jornaleros' de más allá del top-100 tiren la puerta abajo y encuentren atajos por los que colarse en la fiesta de los VIPS.
Andrea Pellegrino es la viva imagen de este cambio. Con unos cuadros mucho más grandes, también la fase previa se presta a que jugadores que no están cerca de la élite del top-100 tengan la oportunidad de sus vidas. Lo vivieron nombres como Aslan Karatsev, Martín Landaluce, Valentin Vacherot, Terence Atmane... y ahora lo vive un gladiador de la región de Puglia, quien a sus 29 años ya saborea el torneo que puede cambiar toda su carrera, en especial en el aspecto financiero.
Procedente de la fase previa, donde precisamente tumbó a Landaluce en un ambiente enfervorizado, Pellegrino hace gala de un tenis ordenado, sólido, de una bola con peso que retumba en la arcilla romana y que se ve amplificada por los vítores de la afición local. Los tifosi le han ayudado a superar hueso tras hueso, primero saliendo como un tiro y beneficiándose de la retirada de Arthur Fils, posteriormente para comerse en los momentos importantes a un Frances Tiafoe incapaz de soportar la vara física y de intensidad de Pellegrino. Octavos de final de Masters 1000, premio insospechado para un tipo que jamás pasó una fase previa de Grand Slam, un picapedrero del tenis que cae muy bien en el vestuario y que ahora tendrá como premio enfrentarse... a un tal Jannik Sinner.
Esta es la historia y vínculo de Pellegrino con Sinner: ambos ya se han enfrentado... en una final
Sí, han leído bien. Historias entrelazadas dentro de caminos que viraron hacia direcciones muy distintas. Allá por 2019, poco después de que Jannik sorprendiese al mundo ganando en Bérgamo su primer Challenger (pocos habían oído de él hasta entonces), el de San Candido empezó a tomar constancia de cómo jugar en arcilla en Santa Margherita di Pula, plaza habitual de torneos Future, la categoría más baja del tenis. Se pueden imaginar: arrasó... hasta encontrarse en la final con Andrea Pellegrino, a quien también pasó por encima (6-1, 6-1). Siete años después, se vuelven a encontrar, esta vez en el Foro Itálico.

"Recuerdo perfectamente que me llevé una paliza terrible. No me acuerdo de mucho más, sí de que perdí con mucha facilidad. Jannik era muy joven y ya había ganado su primer Challenger, ya era un tenista muy fuerte. Lo que está haciendo ahora se sale de lo normal, está en una liga y un escalón propio. Mañana saldré a la pista y simplemente trataré de divertirme. Todavía no me he imaginado cómo será todo. Va a ser muy emocionante, jugar frente a 10,000 personas en la Pista Central, enfrentarme al jugador más fuerte del mundo... va a ser una sensación inolvidable", espetaba en zona mixta el italiano, en unas emotivas palabras que recogió Ubitennis.
Será una cita especial para Pellegrino, la recompensa a una carrera de muchos sacrificios. Cuatro Challengers (tres de ellos en suelo italiano) alumbran su palmarés, si bien jamás pasó del top-130: su momento de forma más dulce le llega ahora, a sus 29 años, demostrando que cada carrera tiene un tiempo de cocción diferente. La suya, sin dudas, ha alcanzado ahora el punto de ebullición perfecto, dando forma a un Andrea con mejores soluciones en pista... y más consciente de lo bonito del camino en este deporte, sin pensar tanto en la línea de meta.
"Tras tantos años de experiencia en los Challengers, acabas madurando a tu manera. Lo único que siempre he mantenido ha sido la premisa de darlo todo, en todos los partidos y entrenos. Antes me costaba mucho más hacer eso, pero ahora es mi máxima. Creo en que, si lo das todo cada día, los resultados llegarán. No quiero rendirme hasta el final, no quiero acabar mi carrera con remordimientos", señala Pellegrino, tan sobrepasado por las emociones que ni tan siquiera ha caído todavía en cómo este torneo puede cambiar su situación económica.
"¿El premio en metálico? A todo el mundo le gusta el dinero, pero las emociones que me está permitiendo vivir este torneo, la gente que ha venido a animarme, todo eso vale muchísimo más que cualquier suma de dinero que pueda ganar. Cada persona tiene su propio camino hacia la madurez. Algunos llegan antes, otros tardan más. Hay muchos ejemplos en el tenis de jugadores que alcanzaron su mejor momento dentro de la treintena, como Paolo Lorenzi. Yo tengo 29, pero físicamente me siento muy joven. Siento que me quedan muchos años de carrera, años en los que espero lograr resultados como éste". Un picapedrero del tenis que se ha forjado a hierro su lugar en los teatros de los sueños de este deporte. ¿Será la ilusión suficiente motor para desbordar a Jannik Sinner? Mañana, a partir de las 15:00, lo descubriremos.

