Puede que haya otras fotos en las que salga más favorecida, pero ninguna que exprese de mejor forma el tremendo torbellino de emociones por las que ha pasado desde hace unos meses hasta triunfar en Londres. Su temporada de tierra batida, que dejaba bastante que desear en cuanto a resultados, especialmente en comparación con sus anteriores años, dejaron muy tocada a una Iga Swiatek que ha renacido en Wimbledon 2025, el torneo más inesperado para hacerlo por parte de la polaca.
Ahora que está muy de moda el término, podemos decir que era efecto Mandela que Iga no supiera jugar en hierba. Es un fenómeno en el que muchas personas recuerdan de forma equivocada un hecho o detalle, creyendo que ocurrió de una manera distinta a como sucedió realmente, o una creencia que se extiende pero que realmente no tiene una base muy cierta.
El efecto Mandela de Iga Swiatek y la hierba
Llevamos temporadas escuchando que Iga Swiatek no sabe jugar en hierba. Sin embargo, no fue hace tanto, en 2018, cuando la polaca solamente tenía 17 años, ganó en la categoría de juniors, torneo que conquistó después de ser campeona también en Roland Garros. Debido a su desarrollo en la arcilla, todos, incluida ella misma, nos habíamos olvidado de que también se le da muy bien vencer en hierba.
"Verme como campeona es algo surrealista para mí, nadie se lo esperaba", dijo la polaca en rueda de prensa. Su mejor marca en el torneo eran los cuartos de final, aunque tarde o temprano, eso tenía que cambiar para una jugadora que domina en todas las superficies, y que siempre saca a relucir su mejor tenis, incluso cuando parece que está en su peor momento.
Qué mejor manera de cerrar una crisis
Las decepcionantes derrotas sobre tierra batida causaron un aluvión de críticas hacia la que no hace tanto tiempo fue número uno del mundo, además de suscitar diversos rumores sobre su mala racha en el circuito. Desde Polonia llegaron noticias respectivas a sus familias como posibles causas de su mal momento, pero Iga se ha mantenido al margen de todo lo que se hablaba, siempre intentando centrarse en dar lo mejor de sí misma en las pistas.
La autoexigencia y la presión exterior eran tales que Swiatek rompió a llorar en la Philippe Chatrier al caer derrotada ante Aryna Sabalenka en semifinales de Roland Garros. El hecho de compartir esas lágrimas con el mundo causó cierta preocupación, aunque lejos de tomarse un descanso alejada de las pistas o incluso pensar en saltarse la gira de hierba, la polaca volvió con todas sus fuerzas para llegar a la final en Bad Homburg, donde perdió ante Pegula, y luego reconstruirse completamente para poner la guinda al pastel, una guinda que no sabía ni que la quería.

