Parecía un partido más amable de lo que finalmente fue, pero Carlos Alcaraz supo apretar los dientes para superar a Dan Evans en el Masters 1000 de Shanghái e instalarse entre los 16 mejores del cuadro. Próximo rival: Grigor Dimitrov.
Otro día en la oficina para Carlos Alcaraz, aunque esta vez haciendo horas extra. En un duelo cargado de tensión y muchas oportunidades de break, el español encontró la puerta de salida para escapas de las garras de un Dan Evans más focalizado que nunca (7-6, 6-4). O mejor dicho, encontró la puerta de entrada para acceder a los octavos de final del Masters 1000 de Shanghái, donde tendrá una cita con el doctor Grigor Dimitrov. Todavía con un poco de susto en el cuerpo tras una intensa batalla, el pupilo de Juan Carlos Ferrero tendrá que adaptar más si cabe su estilo de juego a estas condiciones si quiere competir más liberado en la próxima ronda.
Siendo honestos, al ver el 15-40 del primer juego todos pensamos lo mismos: ¿Ya está? Era la mentalidad con la que afrontábamos este partido, con la garantía de que Alcaraz tenía demasiadas virtudes como para llevarse un susto este lunes. O mejor dicho, sabiendo que Evans tenía demasiadas limitaciones como para golpear directamente al mejor tenista del cuadro. No contábamos con pista reconvertida a unas condiciones más cercanas a la lentitud de la tierra batida, ni con un Carlitos negado ante las bolas de break, ni mucho menos contábamos con ver al británico aguantando un pulso de casi hora y media en un primer parcial de infarto. Pues todo esto lo tuvimos, aunque nadie lo pensara.
Lo más importante a destacar es la velocidad de la cancha, intercambios de más de quince golpes y juegos de 20 minutos de duración. Por lo que sea, la ATP ha decidido cargarse el Masters 1000 más rápido del calendario para convertirlo en una especie de Indian Wells 2.0. ¿Y esto quién lo paga? Jugadores a los que le va la marcha, como Alcaraz. Pero no echemos todos los balones fuera, mucha culpa de lo sucedido residía en la inoperancia del murciano para aprovechar bolas de break. Esto que le pasaba tanto ante Sinner hoy volvió a acontecer en forma de dato escalofriante: 1/13. De trece pelotas de ruptura, Carlitos solo pudo amarrar una. Y aún así, fue suficiente para navegar a contracorriente hasta un tiebreak donde, ahí sí, no hubo ningún tipo de color. El reloj marcaba 1h27min, pero todavía faltaba tela que cortar.
EVANS NO BAJA LOS BRAZOS
Lo normal es que el tenista que sale con las manos vacías después de hora y media de pelea se diluya como un azucarillo. Al fin y al cabo, ¿qué más podía hacer Evans? El partido le obligaba a jugar todavía mejor de lo que había mostrado, con el ligero inconveniente de que su rival ya estaba en la rampa de lanzamiento, ya olía la sangre. Aún así el primer break en llegar fue el de Evans, respondido inmediatamente por el Nº2 del mundo, para atar en corto el marcador y no tener más contratiempos. No hubo tranquilidad hasta la línea de meta, donde el jugador de Gran Bretaña vio que la montaña ya se había levantado hasta una altura inaccesible, cediendo los poderes cuando sacaba para poner el 5-5 en un segundo set que, eso sí, no alcanzó las mismas cuotas que el primero. Con la satisfacción del que ha superado esa ronda trampa que siempre aparece en cada cuadro, Carlitos ya empieza a pensar e Bulgaria.

