Era el partido 993 de su carrera individual, pero Feliciano López no tenía suficiente con esta cifra. El español ha superado a Max Purcell (6-3, 7-5) y sigue vivo y en activo. Una leyenda que todavía no quiere apagarse.
Tras una temporada dura donde casi todo han sido derrotas (1-5), Feliciano López llegaba al ATP 250 de Mallorca con un objetivo muy claro: despedirse. Esta semana, pase lo que pase, dirá adiós al profesionalismo, pero este martes no era el día, no tocaba tan pronto. Con la victoria número 505 de su extensa trayectoria, el toledano demostró que el césped le sienta como anillo al dedo, permitiéndole tener mañana otra bonita oportunidad para saborear lo que solamente ellos sienten sobre la cancha. Un día precioso que seguro que no olvidará.
Mientras unos terminaban el calentamiento previo, otros miraban embobados uno de los palcos del Mallorca Championshis. Normal, en ese palco se encontraba Rafael Nadal junto a su mujer, Marc López, Tomeu Salvà, Toni Nadal o Carlos Moyá. No era un día cualquiera, era el día donde estaba en juego una de las trayectorias más impresionantes que se han dado en la Era Open, la de un hombre que se hizo profesional en 1997 y que en 2023 todavía sigue compitiendo. Con casi 42 años encima, el toledano se despedía ayer del circuito de dobles tras caer formando pareja con Stefanos Tsitsipas, así que hoy podía gastar la última bala.
SUPERIOR AL SAQUE
Pero claro, jugando en hierba, jugando en casa, delante de toda su gente y con tiempo para preparar el duelo, lo último que quería Feliciano era bajar la persiana a esta aventura. Tirando de su clásico servicio y ese estilo inconfundible, el toledano se recuperó rápidamente de un break inicial para terminar sellando la primera manga por 6-3. Siendo superior, jugando mejor y, por si faltaba algo, superando los 10.237 saques directos que conectó en su momento Goran Ivanisevic. Es decir, que acabara como acabara el encuentro, López se iría de la pista como el cuarto mejor sacador de todos los tiempos. Así de entrada, no está nada mal.
El segundo asalto no fue tan sencillo, si es que se puede considerar que el primero tuvo algo de fácil. Purcell se mostró más sólido, entregó menos, aunque lo cierto es que nunca llegó a encontrar la fórmula para aplacar los servicios de su oponente. Desde el otro lado, Feliciano esperó su momento para dar un bocado al marcador, oportunidad que llegó con el 5-5, momento de máxima tensión para los dos. Así llego el break, para sellar de inmediato un triunfo que le sacó una sonrisa imborrable. La sonrisa de quien todavía mantiene la chispa para bailar con los mejores, aun sabiendo que cada vez queda menos arena en el reloj. Jordan Thompson, otro australiano, le espera en octavos de final.

