Anabel Medina: “Desde la lesión de 2002 nunca volví a ser la misma"

La valenciana recuerda en Punto de Break los momentos más importantes de su carrera, incluida la lesión que sufrió con 18 años y que la marcó para siempre.

Fernando Murciego | 18 Jun 2023 | 22.37
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Fernando Murciego entrevistando a Anabel Medina. Fuente: José Manuel Izquierdo
Fernando Murciego entrevistando a Anabel Medina. Fuente: José Manuel Izquierdo

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La tercera edición del BBVA Open Internacional de Valencia finalizó este domingo con la mayor satisfacción. Un cartel incomparable, una final de altura y una campeona que mañana acariciará el top30 mundial. Claro, que nada de esto hubiera sido posible sin la labor de la directora del torneo.

Hablamos de Anabel Medina (Torrent, 1982), una de las mejores jugadoras de la historia del tenis español femenino. Puede que su labor como entrenadora, comentarista o capitana de BJKC haya girado un poco la perspectiva sobre su figura, así que Punto de Break consideró el momento oportuno esta semana para sentarse con ella y dialogar exclusivamente sobre su carrera. Una trayectoria que duró 20 años y que guarda momentos increíbles que merece la pena recordar.

Hablemos de tu etapa como jugadora, ¿te quedó un buen recuerdo?

En una carrera profesional siempre tienes más momentos de disgustos que alegrías, es lo que tiene perder prácticamente cada semana, pero lo cierto es que si miro hacia atrás tengo un recuerdo muy bonito. Con 18 años me metí en el top100 y me retiré con 36, son 28 años de carrera con momentos de todo tipo, muy buenos y muy malos. Si de niña me hubieran propuesto la trayectoria que tuve, por supuesto que la habría firmado, fue un viaje muy satisfactorio.

¿Qué es lo primero que te viene a la cabeza?

Me acuerdo de los títulos en Palermo, la medalla olímpica de Pekín, todas las veces que disputé Roland Garros, la Hopman Cup, la FedCup… es que son muchos años (risas).

¿Quedaste satisfecha con tu palmarés?

Creo que podría haber hecho un poquito más, la mayor espina que me dejó mi carrera fue no haber pisado nunca los cuartos de final de un Grand Slam individual, sobre todo en París. Me quedé a las puertas de todos menos en Wimbledon, eso me quedó marcado.

¿Qué te faltó?

No es una excusa, pero tengo muy presente la pregunta de cómo hubiera sido mi carrera de no haberme roto el cruzado de la rodilla con 18 años. Aquello me limitó mucho a nivel físico, siempre tendré esa duda.

¿Qué pasó tras aquella lesión?

Mi rodilla nunca volvió a ser la misma. Yo era una jugadora que tenía unos apoyos muy buenos, me movía por la pista muy bien, pero a raíz de aquello sufrí mucho del tendón rotuliano y perdí mucha fuera en la pierna. Me pasé 20 años con muchísimo dolor en las rodillas, tanto en la operada como en la otra. Por ejemplo, después de cada gira de hierba siempre me tiraba dos meses parada, era una superficie muy agresiva para mí. Dependiendo de mi rival, hubo momentos donde necesitaba mucha más fuerza en la rodilla, pero no la tenía.

Por eso te centraste en la arcilla.

La gira de tierra era bastante más agradecida, además era una gira mucho más larga que ahora, ahí la superficie ayudaba, no tenía el impacto de las canchas duras ni los frenazos bruscos. Pero claro, luego el otro 70% del año estaba con dolor.

¿Has vuelto a ver el vídeo de aquella lesión?

No lo quiero ni ver (risas).

¿Y de otros partidos?

Los buenos sí, tengo un resumen de un partido con Dementieva en Roland Garros que dura 20 minutos. Otro con Serena en Madrid. En mi casa, mis padres tienen las cintas del Masters que gané en Barcelona 2001, a veces me hace gracia verme de pequeñita.

Dicen los expertos que ganar aquel Masters te cambió la mentalidad para siempre.

En esa pretemporada hubo un click en mí, fue el año que me había clasificado para el cuadro principal de Australia. Recuerdos que durante esos meses tuve mis mejores números de fuerza, resistencia, agilidad, etc. Jugué el Master Nacional y ahí gané a Arantxa Sánchez Vicario y luego a Conchita Martínez, nadie había conseguido ganarlas en el mismo torneo. ¡Pero es que en la final gané a Marta Marrero!

Era tu bestia negra.

En nuestra época de juveniles, ella era campeona de España de todas las categorías y de todos los años. Nunca la había ganado, de hecho, sus padres venían a veranear a Valencia y ella jugaba los torneos que había por aquí, así que siempre jugaba las finales con ella… y siempre me ganaba.

Una semana inolvidable.

Te lo juro, para mí Marta era como la kryptonita para Superman. Ese torneo me ayudó mucho, luego empecé el 2002 haciendo cuartos en Auckland y final en Hobart, hasta que llegó el Open de Australia y llegué a octavos de final. En es partido fue donde me lesioné.

Imagino que la prensa ejerció mucha presión sobre ti, se dijo que eras el relevo de Arantxa y Conchita.

Pero pasaba con cada jugadora que lo hacía bien: Magüi Serna, María Antonia Sánchez, Gala León… siempre que salía una jugadora se intentaba decir que era el relevo, igual que ahora pasa con Rafa. Sí que se habló mucho de mí, pero lo que más me impactó fue ver la cantidad de gente que se hizo eco de mi lesión en Australia. En esos tiempos la cobertura no es como ahora, además el partido fue a la 01:00 de la mañana en España.

¿Cómo manejaste esos momentos de presión?

Desgraciadamente, duró tan poquito esa sensación que no te puedo responder. El Master Nacional lo gano en diciembre y me lesiono en enero, luego estuve fuera más de medio año. Volví a competir a final de temporada y recuerdo que, durante un partido en Italia, me resbalé con una línea y me volví a hacer mucho daño. Obviamente, no fue como la lesión anterior, pero me hizo un feo la rodilla que le cogí muchísimo miedo, ya no pude volver a jugar como antes. Esa fue mi peor época, en 2003 me fui coja a Australia, no me preguntes por qué.

Explícame cómo es jugar con miedo.

Por ejemplo, para mí algo súper natural era resbalar en una pista de tierra batida, era algo que había nacido con ello, pues hubo una vez en Charleston en la que me vi incapaz. Del pánico que tenía no podía, menos mal que Vivi Ruano me presentó a una fisio argentina con la que estaba trabajando, Adriana Forty. Gracias a ella recuperé fuerza en la pierna, me alivió mucho el dolor y me curó todos esos miedos que sentía dentro de la pista.

¿Te costó mucho recuperarte en el ranking?

Todo 2002 me lo pasé dentro del top50 por los buenos resultados de principio de temporada, pero claro, al no defender esos puntos al año siguiente me salí del top800. Aun con eso, pude terminar el calendario 2003 dentro de las 70 mejores, para mí es de las cosas más heavys que hice en mi carrera.

En la calle todo el mundo te reconoce por tu gran carrera como doblista, pero pocos recuerdan que fuiste Nº16 en el individual.

Los que no son expertos se centrarán más en el doble, al final tuve más repercusión en esta modalidad. Una medalla olímpica, sea del color que sea, llega a todo el mundo, se entera toda España, y con un Grand Slam lo mismo. Pero yo como jugadora era más de individual, totalmente. Al final son 11 títulos en singles, diez de ellos en tierra batida. Hubo un momento donde era la jugadora en activo con más títulos en arcilla, por delante de Serena, Sharapova, Venus, etc.

¿Cómo fueron tus inicios?

Fueron fáciles en cuanto a resultados, tuve una progresión muy natural. El hecho de trabajar con Gonzalo López me ayudó mucho en este aspecto, él tenía muchísima experiencia en el circuito WTA, lo conocía como la palma de su mano. Por los ITF pasé de puntillas, Gonzalo me marcaba unos objetivos muy claros, así que enseguida tiré para arriba. Con 17 años no me daba para jugar las Qualys de los Grand Slam, pero con 18 ya entraba directa, en esa etapa di el salto del top300 al top100.

¿Y emocionalmente?

En ese sentido fue más duro, yo era muy sufridora, lo pasaba bastante mal dentro de la pista. De pequeña, cuando tenía 11 años, tuve que dejarlo durante seis meses porque no soportaba la presión.

¿Presión con 11 años?

A nivel de Comunidad Valenciana lo ganaba todo, entonces claro, entraba a la pista y no podía perder. El día que perdía era un auténtico drama, esto podría estudiarse a nivel psicológico. Por culpa de ese sufrimiento no lo pude disfrutar tanto.

¿Qué decían tus padres?

Que si no era feliz, que lo dejase. Ellos querían que yo fuera feliz, de hecho, cuando volví a jugar fue porque lo pedí yo. Recuerdo en esa etapa ir por casa pegando raquetazos contra las paredes, todo el día, hasta que me dije: ‘Si vamos a hacer esto, mejor hagámoslo en la pista’.

¿En qué momento te das cuenta que necesitabas parar?

El día que me puse a llorar antes de entrar a jugar. Creo que era el campeonato cadete de la Comunidad Valencia, recuerdo que fui con mi madre y antes de entrar me puse a llorar. Mi madre me cogió y me dijo: ‘Vámonos a casa’.

¿Cuándo conoces a Gonzalo?

Con 16 años, estuvo conmigo durante toda mi carrera profesional. El que me formó a partir de los 7 años en el polideportivo de Torrent fue Pepe Alejos, con él estuve hasta los 10 años. Luego vino Salva Ros, que fue mi entrenador más técnico, me llevó hasta los 16 años. En ese momento es cuando entra Gonzalo, porque Salva no quería viajar y entonces Gonzalo era el que viajaba más con las jugadoras de esa edad en la Federación. Y así hasta el final.

Además de tus entrenadores, ¿qué otras personas fueron clave en tu carrera?

Adri Forty, ella fue la que me ayudó con el tema de la rodilla. Y también Isabel Balaguer, que es la psicóloga actual de Carlos Alcaraz, con ella trabajé en la época de la medalla y los Roland Garros, es una referente dentro de la Comunidad Valenciana.

Respecto al vestuario WTA, supongo que era una etapa con menos tensión para hacer amistades.

Qué va, exactamente igual. En aquel momento, todo el tenis español se centraba en Cataluña, así que allí estaba el grupo más amplio, pero yo estaba en Valencia sola, eso influyó a la hora de convivir con ellas. No es solo la competición, también cuenta cuando estás en casa. Por supuesto que tengo amistades, pero amigas íntimas dentro circuito surgieron más de cara al final de la temporada.

Con Vivi hiciste buenas migas.

Con Vivi, con Carla, con Sara… claro que las considero amigas, pero tener muchas amigas dentro del circuito es muy difícil.

Dime una rival con la que odiaras enfrentarte.

Una con la que no supe nunca cómo jugar fue Anna Chakvetadze, ex top10 mundial. Jugaba súper raro, la veías y decías: ‘Esta es malísima’. Tenía una estética curiosa, pero luego era muy buena. Tengo partidos muy buenos con Justine Henin, hubo uno en Roland Garros que fue brutal. Tengo partidos buenísimos con Sharapova. También tengo una madre en el circuito que fue Patty Schnyder, a esta era imposible ganarla.

¿Nunca le ganaste?

Le gané en Roma, en el que fue su último partido profesional, que estaba ya que se retiraba, muy fuera de forma. Aunque años después volvió. Tenía un tenis muy incómodo para mí, yo tenía un juego con el revés que a ella, al ser zurda, no le hacía daño.

¿Si tuvieras que elegir el mejor partido de tu carrera?

Lo tengo clarísimo: los cuartos de final del Mutua Madrid Open 2013 con Serena Williams. Me ganó 6-3, 0-6 y 7-5. Ganaba 5-3 en el tercer set y perdí 7-5.

¿Se te escaparon muchos partidos así?

La verdad es que no, en ese sentido era bastante fiable. Era una jugadora que no perdía con quien no tenía que perder, y luego en el ranking tenía un porcentaje muy elevado de victorias. Por arriba… pues alguna victoria tengo buena, pero no era una mata-gigantes como puede ser una Kanepi, que en los Grand Slam siempre da algún susto. Lo que sí era es muy fiable, muy estable.

Te faltó dar un golpe en la FedCup.

Totalmente, tenemos el recuerdo de la final de Madrid 2008, contra Rusia. Perdimos 3-0, con Zvonareva y Kuznetsova. Me hubiera encantado ganar ese torneo por equipos.

Lo más grande de tu carrera fue…

La medalla olímpica, fue una plata que supo a oro.

¿Darías un Roland Garros a cambio de que fuera de oro?

Sí, sobre todo teniendo dos (risas).

¿Y si tuvieras solo uno?

Entonces no.

Fuiste referente sobre tierra batida, pero he leído que te encontrabas mucho más cómoda en pista dura.

No exactamente. Lo que pasó fue que, según fui cumpliendo años fui perdiendo cualidades, eso me penalizaba en tierra, me tiraba más para atrás, me volvió más defensiva. Al final de mi carrera no movía igual la bola, así que la pista dura me ayudaba a ser más agresiva y valiente, además de pulirme mucho la técnica. La tierra me ensuciaba la técnica, se me pasaba la empuñadura y me ponía más conservadora.

¿Hay alguna jugadora actual que te recuerde a ti?

(Piensa) Pues mira, Gonzalo (López) me ha dicho ya varias veces que Charo Esquiva le recuerda a mí cuando jugaba.

Qué bonitos son los inicios y qué duro es el final. ¿Te costó mucho retirarte?

En mi caso no fue difícil. Mi retirada individual fue en la Qualy de Roland Garros 2014, la única Qualy que jugué de Grand Slam. En dobles fue más agridulce porque me lesioné del hombro, tuve que coger ranking protegido y no sabía muy bien dónde volver, dónde retirarme sin luego arrepentirme.

¿No sentiste dolor al cerrar una etapa tan extensa?

Doloroso es cuando te retira una lesión, pero no fue mi caso, aunque en ese momento estuviera lesionada. Yo lo tenía claro, en el single fue algo que me avisó mi cuerpo y mi mente, ya está. Siempre fui súper competitiva, corría con lágrimas en los ojos, odiaba perder, pero llegó un momento en el que eso no me afectaba.

¿Fue gradual o hubo un momento donde se derramó el vaso?

En mi caso fue progresivo, el propio circuito te lo va explicando, notas que ya no tienes ese fuego dentro, que va llegando gente joven, que lo que hacías antes ahora ya no hace tanto efecto. En definitiva, que te haces mayor y vas perdiendo cualidades. Conforme vas viendo todas estas cosas vas perdiendo el objetivo y la ilusión.

Vámonos al día de tu retirada, ¿cómo fue aquella fotografía?

La primera imagen que me viene es la de mi familia llorando.

¿Y tú?

Yo con una sonrisa, estaba feliz. Me retiré con 36 años, llevaba jugando desde los 7 años y siendo profesional desde los 16.

Hay tenistas que se agobian cuando lo dejan, no saben qué hacer.

Conmigo fue más fácil porque me retiré siendo ya capitana de FedCup, en mi mente ya tenía otros objetivos dentro del mundo del tenis. Hay muchas jugadoras que cuando se retiran no tienen nada, no saben qué hacer con su vida, no tienen proyectos. Yo incluso tenía este torneo (BBVA Open Internacional de Valencia) en mente. Si tú te preparas para la retirada y buscas cómo suplir todo eso que te ha dado el tenis, sin que te quede un vacío enorme, es mucho más sencillo.

Hasta entrenaste a Ostapenko estando en activo.

¡Es verdad!

Y de todas las lecciones que te enseñó el tenis, ¿cuál aplicas más en tu experiencia con jugadoras?

Mis mayores lecciones las saco de mis conversaciones con Gonzalo en momentos donde yo estaba súper mal, aunque todos lo pasamos mal. ‘Cuando te retires y te des cuenta te arrepentirás de estos momentos’, me decía. Y así fue, cuánta razón tenía. Todos esos malos ratos se podrían haber gestionado de otra manera, pero por mucho que me lo explicara en su momento no era capaz de verlo. Ahora lo veo diferente, es lo que intento trasladar a las más jóvenes, contarles lo que les puede pasar si no lo manejan mejor.

Entrenadora, directora, capitana, comentarista, mamá… ¿qué te queda?

Dentro del mundo del tenis, no mucho…

¿Presidenta?

No, la política no me llama… bueno, en este torneo también soy promotora, junto a Tennium. Yo creo que ya voy bastante servida, en el futuro seré simplemente madre de Lucas.

¿Y si le da por ser tenista?

Hará lo que él quiera, pero si elige tenista le apoyaré, le ayudaré en todo lo que pueda, pero el tenis es muy sacrificado.

Pero todos sufren.

Si va a sufrir tanto como sufrí yo, desde luego que no se lo deseo, hay maneras y maneras. Por ejemplo, ver competir a Wozniacki, Swiatek, Mauresmo, Clijsters, Henin… la competición te hace pasar momentos de estrés, pero a ninguna de estas las vi pasar situaciones de angustia como las que pasé yo, momentos de pasarlo realmente mal. Si mi hijo tiene que pasar por eso, no se lo deseo. Ahora, si veo que disfruta y se lo pasa bien, entonces adelante.

La raqueta en la mano seguro que ya se la habéis puesto…

Fue lo primero que hicimos (risas). Pero bueno, ahora estamos muy enganchados al golf, lo seguimos bastante. Obviamente, también es un deporte muy exigente y complicado, pero creemos que es un deporte que se puede disfrutar mucho más, tanto él como nosotros.