Resulta increíble que en todo un Grand Slam como es este Open de Australia 2023, el 99% de los jugadores se pongan de acuerdo en criticar a una pelota como es el caso de este año con la Dunlop. Los organizadores dicen que es la misma pelota que la edición de 2022. Por las sensaciones que tienen los tenistas este año, no parece ser así. Uniformidad de opiniones hablando sobre ella y todas apuntan a lo mismo. “Terrible”, “muerta”, muy pesada”, “deshinchada”, “sin presión”, son solo algunas de las definiciones que los tenistas han hecho esta última semana sobre la pelota Dunlop.
¿El resultado? Un juego mucho más lento y partidos interminables, con ese Murray-Kokkinakis como guinda del pastel, un encuentro que acabó pasadas las 4 de la mañana con intercambios larguísimos y juegos que alcanzaban los dos dígitos en minutos. Al perder presión de forma tan repentina, a los tenistas les cuesta una barbaridad generar potencia para lograr winners y eso provoca rallies de hasta 70 intercambios, como hemos podido ver en la primera semana de competición.
En total, hasta el inicio de cuartos de final, han sido 29 los partidos disputados a cinco mangas, 9 más que en 2022, donde 14 de ellos se han ido por encima de las cuatro horas de duración, cinco más que el año pasado. Los números no mienten. Las pelotas han ralentizado el juego y los tenistas (y el público) han sido los grandes perjudicados.
Quejas y más quejas
Comentaba Toni Nadal en su artículo de opinión de El País, que lamentaba que los dirigentes del tenis “lleven tanto tiempo sin hacer nada para proteger a los jugadores (…). No se están tomando medidas para aminorar la intensidad de los peloteos. El desgaste y maltrato físico son inevitables en nuestro deporte y esto no debería ser así”. Opinión en la misma línea que muchísimos de los tenistas que han ido pasando por el torneo. Todos opinan que, de un año a otro, la pelota Dunlop ha perdido calidad.
En los primeros juegos, tal y como nos apuntan varios tenistas desde Melbourne, la pelota se mantiene viva y “saltarina”, sobre todo bajo el sol. Pero tras dos o tres juegos, se vuelven “esponjosas”. Pierden presión muy pronto y a los jugadores les cuesta una barbaridad imprimir efecto a la bola y conseguir winners. De noche, la cosa es todavía mucho más evidente, ya que con el aumento de la humedad y la bajada de temperatura, la bola se vuelve muy difícil de mover. Afecta, sobre todo, a aquellos que juegan con mucho spin y a los que buscan el golpe ganador. Los últimos tres juegos de cada nuevo bote de pelotas son todo un martirio para los tenistas. Muchas de esas bolas ni siquiera llegan al final de su turno (nueve juegos) y terminan pinchadas por completo.
El Open de Australia siempre ha sido una pista donde el juego rápido ha sido habitual. De hecho, en las últimas ediciones donde la ITF ha hecho público el CPI (Court Pace Index), Melbourne no ha dejado de subir, con unos números de 42 en 2017, 43 en 2020 o 50 en 2021 (de 40-45 puntos sería media-rápida y por encima de los 45, rápida), siendo una de las pistas más rápidas del circuito, si no la que más.
Sorprende pues, ver lo que está pasando en este 2023, donde las pelotas han provocado que el juego se ralentice al extremo, alargando las jornadas hasta pasada la madrugada en Melbourne y con una vuelta a los largos intercambios, incluso en una cancha tan rápida como la del Open de Australia. Quizá, en ciertas fases del partido, para el espectador sea divertido ver un intercambio largo y competido. Se vuelve todo monótono si esto es algo recurrente en un encuentro largo, sin obviar que esto puede ser peligroso para el físico de los tenistas.
¿Qué ha pasado con las Dunlop?
Tennis Australia cambió Wilson por Dunlop en el año 2019 en un contrato que vencía justo tras esta edición. Pese a las críticas, han renovado su acuerdo por cinco años más, por lo que veremos las Dunlop en Australia hasta, al menos, el año 2028. “Nos tomamos muy en serio la satisfacción de los jugadores y continuaremos recopilando feedback por parte de ellos y nos aseguraremos de que eso se tenga en cuenta en el proceso de diseño, manufacturación y puesta a punto”, comenta la marca.
Dunlop asegura que son exactamente las mismas que en 2022, mientras que Craig Tiley, director del torneo, echa la culpa al tiempo y a la extrema humedad que los jugadores tengan una percepción distinta de la sensación de bola. Sea lo que sea, sorprende que en un Grand Slam haya tantos titulares hablando de la mala calidad de las pelotas y cómo eso está afectando al juego y al torneo. En Roland Garros 2020, Wilson pasó por lo mismo con aquellas pelotas “casi imposibles de mover”, que mejoraron en la edición de 2021 y 2022. Veremos si Dunlop se pone manos a la obra para 2024 y si para el próximo Open de Australia hablamos más de tenis que de las bolas, lo cual será una gran noticia.

