La final del WTA 1000 de Guadalajara se libró de la lluvia este domingo. La que no se libró del temporal dentro de la pista fue Maria Sakkari, que sufrió en primera persona la tormenta perfecta de una Jessica Pegula que demostró que, además de jugar grandes finales, también puede ganarlas. Victoria incontestable de la jugadora de Buffalo (6-2, 6-3) desplegando todo su arsenal de golpes, un estilo variado y atractivo con el que anuló todas las armas de la griega para firmar la mejor noche de su carrera. Una noche mágica donde solo le faltó tener al público a favor, aunque incluso ese pequeño hándicap le sirvió para sacar su mejor versión y conquistar México.
Era una final bonita por multitud de sensaciones, pero la más interesante era la cantidad de similitudes que existía entre las dos candidatas. Ambas buscaban el mayor título de sus carreras, además del segundo trofeo en su palmarés. Las dos sabían lo que era alcanzar la última ronda de un WTA 1000, pero ninguna supo rematar la faena. Ambas clasificadas para las WTA Finals, ambas dentro del top10 y ambas enfrentándose por ser la nueva Nº3 del mundo. Y lo más importante, dos tenistas brillantes en los últimos 24 meses que todavía no terminan de recibir el reconocimiento que merecen. Pues hoy, en la madrugada española, tarde-noche mexicana, una de las dos por fin iba celebrar ese premio que tanto tiempo llevaban persiguiendo.
Sobre el papel, los pulsos estaban claros. La derecha de Maria contra el revés de Jessica. El servicio de Sakkari contra el resto de Pegula. Pero en apenas quince minutos nos dimos cuenta que no, que los vientos no iban en esa dirección. Con un 91% de puntos ganados con el primer saque y regalando tan solo cuatro errores no forzados, la mejor estadounidense del mundo sellaba la primera manga en menos de media hora, un 6-2 que confirma la teoría del Win Predictor durante el calentamiento. Le daban un 60% de posibilidades de triunfo, aunque igual se quedaron cortos. Y es verdad que el ranking las situaba a las dos a tan solo unos puntos de distancia, pero si miramos el último trimestre estaba claro cuál de las dos podía encarar este desafío con una mayor confianza.
Pero esto es tenis, y ya sabemos que no podemos fiarnos de absolutamente nada, mucho menos de media hora de muestra. Sabíamos que Sakkari todavía podía mejorar mucho, sobre todo con una derecha que no paraba de producir errores, lo que no esperábamos era que Jessica fuera a sacar el colmillo en una asignatura donde no suele sacar nota: las finales. Cuatro disputadas y solamente una ganada. ¿Y Maria? Seis disputadas y un solo título. Vamos, que esto se lo iba a llevar la que mejor controlara esos nervios. Y esa fue la norteamericana, que pese a entregar su saque cuando servía para torneo, luego encontró la fórmula para cerrarlo al resto. Campeona Pegula, que fue mejor en todos y cada uno de los registros.
UN PREMIO A LA CONSTANCIA
Washington 2019, allí le vimos levantando su primer trofeo como profesional y, hasta el momento, el último. Muy poco premio para la tenista que más victorias acumula en torneos de WTA 1000 en las dos últimas temporadas, por ejemplo. Muy poco prestigio para una de las cuatro tenistas que suma más de 40 triunfos este calendario, por ejemplo. Hoy sí, por fin el epílogo del cuento trajo felicidad para la oriunda de Buffalo, que además de esa regularidad imperial ahora también puede presumir de haber capturado uno de los mejores entorchados del circuito. A los 28 años, donde quizá las grandes campeonas de la historia ya tenían su legado encaminado, ella empieza a construir su castillo.

