Cuando la historia de Alfonso Aldana (Madrid, 1986) me cayó entre las manos, lo primero que pensé fue en lo afortunado que soy por dedicarme al periodismo. Por tener la oportunidad de compartir esta pasión que nos une al tenis y que, en ocasiones, nos lleva a rozar lo extraordinario. Porque sí, en cualquier aspecto de la vida siempre hay personas que van un paso más allá, hoy vamos a conocer una. Seguro que muchos de los usuarios que lean esta nota serán fieles aficionados de Roger Federer, pensarán que forman parte de la primera fila de soldados del suizo, pero apuesto a que ninguno de ellos se tomó el tiempo ni el dinero para reunir casi 120 modelos diferentes de gorras con el sello ‘RF’. Pónganse cómodos porque aquí arranca uno de los reportajes del año.
Alfonso cogió por primera vez una raqueta con 3 años para ya nunca soltarla. A los 6 empezó a dar clases, a los 12 empezó a competir y a los 19 decidió aparcar el sueño de ser jugador. Era el momento de cambiar de banda, convertirse en entrenador, función que realizó en nuestro país mientras estudiaba la carrera de Magisterio y Educación Física. Cuando cumplió los 25 vio que su vida necesitaba un giro radical, así que apostó por la aventura y se marchó a Estados Unidos. Allí se tiró una década al frente de la Academia Quest Tennis, donde pasó a ser director tras los primeros ocho meses de estancia. Las cosas marchaban de maravilla, hasta que llegó la pandemia y, con ella, las turbulencias, empujándole a buscar un nuevo rumbo. Hoy hace mes y medio que aterrizó en Sydney.
Presentado nuestro protagonista, es momento de conectarlo ya con su verdadera historia, la que le unirá por siempre con Roger Federer. “Recuerdo verle jugar y quedarme ensimismado con la elegancia que tenía, me quedó claro desde un primer momento que con ese tenis iba a ser Dios. Es que ni sudaba, aquello no era normal, lo único que no me convencía era la coleta que llevaba en sus inicios, pero jugando era una barbaridad”, nos cuenta Alfonso desde Australia, donde ya ha empezado a trabajar en una nueva Academia. “Curiosamente, tenía un amigo que jugaba muy parecido a él, además venía siempre con dos gorras de Federer. En ese momento me di cuenta que tenía merchandising de muchos tenistas pero no tenía nada de Roger”.

Desde aquel momento la misión estaba clara: encontrar alguna prenda del suizo. No llegaría hasta el 24 de enero de 2012, justo el día antes de volar a Nueva York en busca de un nuevo reto profesional. “Me pasé por un Hipercor en Pozuelo y encontré allí las dos gorras clásicas de Roger Federer, una blanca y otra negra, además estaban al 50% de precio. Tenían dos modelos más, una azul y otra verde, así que me compré las cuatro”, recuerda Alfonso sobre una fecha que lo cambiaría todo. Él todavía no lo sabía, pero acababa de nacer una fantasía que se mantiene hasta el día de hoy.
LA COLECCIÓN
“Ahora mismo tengo 119 gorras, creo que me faltan cuatro”, oscila el técnico con la cuenta perfecta en su cabeza. “Una es la de la Laver Cup de este año, que solo se podía comprar in situ. Otra es la de la Laver Cup del año pasado, por la misma razón. Me falta también una variación de una gorra blanca y roja, con un detalle diferente en el cierre. La cuarta es una blanca con el logo verde-grisáceo, pero con esta tengo dudas, no sé si es un tono que yo no tengo o es que la vi en internet y no la reconozco”.
Ya lo han visto, para tener la colección completa hay que atender hasta el mínimo detalle, aunque ojalá lo más difícil fuera eso. “Hay tres gorras que son ediciones limitadas de cuando Roger fue en 2012 a jugar exhibiciones en Colombia, Brasil y Argentina, una diferente para cada país. De las tres solo fabricaron 50 unidades a nivel mundial y se agotaron en minutos, así que no me quedó otra opción que acudir a eBay. Por la azul pagué 200€, por la verde pagué 80€ y por la amarilla… la amarilla es una reliquia que tiene su propia anécdota. Ahora mismo en eBay vale 3.000€”, revela con la sonrisa de quien ha podido hacer alguna barbaridad.

“No te pienses que pagué ese precio, no estoy tan loco, pero sí hubiera pagado 500€”, confiesa entre risas. La famosa gorra amarilla no volvería a su radar hasta Roland Garros 2017, cuando Alfonso acudió a París como espectador y se topó con las puertas del cielo abiertas. “Estaba en la entrada, haciendo cola, cuando de repente vi a una persona que llevaba la gorra amarilla. Nunca la había visto en directo, llevaba cuatro años detrás de esa gorra, entrando en eBay cada semana, así que me fui a por él directo. En ese momento llevaba 400€ en efectivo, me acerqué al hombre y le hice una oferta: ‘Te doy ahora mismo 400€ por esa gorra’. El hombre me miró, sonrió y me respondió con un dardo: ’Sé lo que vale’. La gente que presenció la escena todavía recuerdan la cara que se le quedó a Alfonso.
No hubo manera de convencer a aquel hombre, pero no siempre tuvo esa suerte en su búsqueda. Aquel mismo año, en el US Open 2017, Alfonso volvió a cruzarse con un espectador que llevaba una gorra ajena a su colección. Claro, en situaciones así, vales tanto como pese tu bolsillo. “Solo tenía 100$ en efectivo, pero le vi tomando una cerveza y pensé cómo ganármelo: ‘Te invito a 100$ en cerveza si me das esa gorra’. El hombre se volvió loco, pensó que era una cámara oculta, pero cuando le conté mi historia no se lo pensó dos veces y aceptó. Claro, lo que no sabía es que esa gorra en eBay valía 350$”.
Ya con la persecución activa, Alfonso empezó a incrementar su número de gorras, lo que jamás pudo imaginar es lo que ocurrió en marzo de 2017. Era el torneo de Indian Wells, jugaba Roger Federer y el partido se emitía por la ESPN. De repente, un plano del padre del suizo despierta el comentario simpático del narrador: ’¿Cuántas gorras tendrá este hombre en su casa?’. Sonó la campana, era el momento de que Alfonso participara en el juego. Cogió su móvil, abrió Twitter e interactuó con los comentaristas. ‘Yo creo que tengo tantas o más que él, aquí os dejo la foto’, escribió con alegría. Brad Gilbert y Patrick McEnroe se hicieron eco al instante, mencionando al español en directo. Dos semanas después, en el torneo de Miami, ESPN acabó emitiendo un reportaje de su colección de gorras y la imagen de Alfonso en pantalla.
Holy Toledo https://t.co/ILH3KeUzwI
— Brad Gilbert (@bgtennisnation) March 19, 2017
SIGUIENTE PASO, LLEGAR HASTA ROGER
El sueño de poseer tantísimo material del suizo le había llevado a aparecer en los medios de comunicación, ¿sería capaz de llegar también hasta el propio Roger? ¿De qué servía tener 75 gorras y ninguna firmada por su autor? Agárrense, que esto todavía no ha terminado. Durante la semana previa al US Open 2017, Alfonso consigue acreditarse para el torneo gracias a Silvia Soler, jugadora en activo por aquel entonces. “Hasta que no salga del vestuario no me voy de aquí”, se propuso el madrileño, avisado por Silvia de que el helvético estaba a punto de hacer acto de presencia. Las puertas se abren y sale Ivan Ljubicic. Sale también Severin Luthi. Y por fin, tras una espera tortuosa, aparece el auténtico Roger Federer. “Te juro que he hablado con muchos jugadores y personas del mundo del tenis, pero aquel día me tembló hasta la mano, no me salía ni la voz”, nos cuenta Alfonso, que además nos regala cómo fue la conversación íntegra.
- Roger, ¿te puedo pedir una foto?
- Sí, claro.
(Ljubicic hace la foto)
- Roger, ¿te puedo enseñar una foto?
- Tranquilo, no hace falta que me enseñes la que nos acabamos de hacer.
- No, no, es otra.
(Le enseña la colección de gorras)
- ¡No puede ser! Es increíble. ¿Pero cuántas tienes?
- Ahora mismo 75, llevo cinco años coleccionándolas.
- Pero te falta la amarilla, la de Colombia.
- Qué cabrón, cómo lo sabes (risas)
- Me habrás traído alguna para que te firme, ¿no?
- Menos mal que me lo has dicho, me estaba dando hasta vergüenza sacarlas.
(Saca las gorras)
- He traído 6, lo siento si son muchas. Con que me firmes una me vale.
- Te firmo las 6. Y si me llegas a traer 20, te firmo las 20.
La conversación dura dos minutos, aunque a Alfonso tuvo que parcerle dos semanas. Le estuvo explicando cómo empezó todo el viaje, desde la primera gorra hasta la número 75 que tenía en aquel momento. Por supuesto, también le confesó que era su ídolo –por si quedaba alguna duda–, a lo que Roger se mostró muy agradecido. Se dieron la mano en señal de despedida y el suizo abandonó la sala. Alfonso estaba en una nube, por su cabeza iba transcurriendo cada secuencia vivida con él, estaba deseando contárselo a sus amigos, cuando una voz tras la puerta rompió aquel estado de ensoñación. Era Roger, que había vuelto a entrar en la sala para decirle una última cosa. “Por cierto, van a salir cuatro modelos nuevos en dos semanas, para que estés atento”.

HAY COSAS QUE NO TIENEN PRECIO
Quién le iba a decir Alfonso que aquella compra en el Hipercor de Pozuelo le llevaría tan lejos. “Todo empezó como una tontería, hasta la gente se reía de mí, porque luego ni siquiera me las ponía (risas). Tenían razón, al principio sí que las usaba, pero a poco que sudes ya te queda el cerco, luego si la lavas se deforman y no lucen igual. Alguna gorra muy usada me la he tenido que volver a comprar”, revela el español, que tampoco se esconde al hablar del dinero invertido en la colección. “El precio de origen de cada gorra son 26$, la mayoría las he comprado en Estados Unidos. Al principio solo compraba las que me gustaban, por ejemplo, había una morada con el logo blanco que me parecía feísima, así que la dejé pasar. Años después, cuando ya estaba en marcha con la colección, terminé pagando 60€ por ella. Sumando el precio original, 119 gorras salen a unos 3.072$”, apunta con el cálculo hecho de casa. "Pero claro, no siempre pagué ese precio".
¿Recuerdan la famosa gorra amarilla de Colombia? Aquí no dejamos una historia a medias. “La terminé consiguiendo en 2018, cuando una persona en eBay puso en venta las tres ediciones limitadas por 1.200€. Conseguí dividir esa oferta y comprarle únicamente la amarilla por 400€. Tuve suerte porque esa persona, aparte de tener buen corazón, era otro coleccionista como yo. En su casa reunía más de 200 muñequeras de Federer y Nadal, así que sabía muy bien lo importante que era para mí”, admite con emoción.
“Una vez una persona que vio la colección me ofreció 10.000$ por todas las gorras”. ¿Qué hubieran hecho ustedes? Alfonso lo tuvo muy claro. “Ni borracho. Es más de lo que yo he pagado, pero vamos, no las vendo ni por medio millón de euros. Sé que con ese dinero las podría volver a conseguir, pero también sé que hay muchas que son imposibles de adquirir, muchos modelos no los he vuelto a ver nunca. Para mí esto no tiene precio, es algo único, no hay nada parecido”, asegura con rotundidad. Pero se equivoca, sí tiene precio, aunque no económico.

“Solo en una ocasión decidí voluntariamente deshacerme de la colección”, nos sorprende en mitad de la entrevista. “Fue hace seis años, cuando viví la desgracia de tener una sobrina de año y medio con cáncer. Escribí un email a la Fundación de Roger Federer y les expliqué mi caso. Les ofrecí donar la colección entera, para que él las firmara y así luego subastarlas como un único lote. Mi requisito era que luego donaran todos los beneficios al cáncer infantil, pero nunca me contestaron. Ese fue el único momento que tuve la convicción de hacerlo, no habría tenido ningún problema”, sostiene con una sonrisa a pocos meses de que su sobrina cumpla siete años.
¿DÓNDE ESTÁN LAS GORRAS?
Buena pregunta, ¿verdad? Hemos hablado del comienzo de su pasión, de cómo las fue comprando, de las locuras que tuvo que hacer para conseguir algunos modelos, pero no hemos tocado el tema del mantenimiento. “Ahora mismo las tengo en Nueva York, en bolsas de plástico herméticas individuales, porque me di cuenta que si les daba el sol también perdían color, así que están todas dentro de una maleta. Hace mes y medio me vine a Australia con dos maletas de ropa y una tercera con una bici de carretera, no podía traerme las gorras porque me ocupan una maleta entera. Se las dejé a una de mis mejores amigas en nueva York, ¡imagínate lo que confío en ella!”, exclama el madrileño, deseando que pasen unos meses hasta poder recuperarlas.
Y ahora que el suizo de ha retirado, ¿qué? Su carrera ha finalizado, pero el merchandising continúa. Alfonso seguirá al tanto de nuevos diseños, entrando en eBay cada semana en busca de las que todavía le faltan, alargando una colección que va camino de ser extraordinaria. Podemos decir que nuestro protagonista perdió la cabeza por Roger Federer, aunque tampoco le hacía falta, ya que no suele ponerse las gorras. A cambio, presume de poseer uno de los mayores homenajes posibles a un ídolo tan eterno como su colección. “Puede que alguno se moleste por lo que voy a decir, pero lo que ha supuesto Roger para el tenis no lo volveremos a ver. Él ha llevado este deporte a una dimensión que Rafa o Novak, por sí mismos, nunca lo hubieran logrado”.

