Pocas veces en la historia del deporte se ha podido encontrar a alguien que transmita con su juego tanta seguridad en sí mismo y superioridad respecto a rivales de entidad, como lo hace Novak Djokovic. Como si por una fuerza invisible estuviera impulsado, hay instantes del encuentro en los que el espectador detecta algo en el ambiente, una sensación única por la que resulta casi imposible que pueda caer. Da igual cómo esté el marcador, cuál sea el contexto del encuentro e incluso el rival, si exceptuamos leyendas de su calibre. Es lo que ocurrió en semifinales de Wimbledon 2022, cuando el bueno de Cameron Norrie se las prometía muy felices, pero se topó con un muro de cristal que frenó en seco su revolución y puso de manifiesto, una vez más, la grandeza del balcánico. El resultado final fue de 2-6 6-3 6-2 6-4 en favor de un hombre que buscará su 21º Grand Slam frente a Nick Kyrgios, en la gran final de Wimbledon 2022.
Relajarse en un partido de élite es comprensible, pasar nervios cuando se está cerca de una hazaña histórica también lo es y en el primer set dio la sensación de que Djokovic quiso mimetizarse con los mortales, hacer ver que no es un robot perfectamente diseñado y que siente ese cosquilleo propio de estar a dos partidos de algo muy especial. El desastre fue absoluto para él; un fallo multiorgánico a nivel tenístico en toda regla. Falta de timing flagrante, errores no forzados continuos, ausencia de confianza y equivocaciones tácticas que pusieron en bandeja el parcial a un Norrie muy concentrado y agresivo. El británico sabía perfectamente que solo tendría opciones si su rival estaba lejos de su nivel y lo que vio en los compases iniciales del encuentro le hizo darlo todo y creer en sus opciones.
Djokovic reaccionó con maestría al mal inicio del partido
No se pasa de la nada al todo en un pestañeo, ni siquiera uno de los mejores de la historia como es Novak. Por eso fueron tan relevantes los siete primeros juegos de la segunda manga. Fue ese período de transición que el británico debería haber aprovechado para verse con posibilidades reales de dar la campanada. Djokovic empezó a construir su juego con el servicio, aumentando el porcentaje de primeros, metiéndose poco a poco en la pista, moviendo a su rival y jugando con profundidad, aunque todavía con margen de error. Eso le bastó para ir entonándose poco a poco y llegar 4-3 arriba al octavo juego, en el que como si de un mago se tratara, elevó exponencialmente su intensidad, confianza y acierto, para lograr un break que supuso el inicio del fin en el sueño de Cameron.
Todo cambió radicalmente, con un tercer parcial que resumió a la perfección los motivos por los que Djokovic es uno de los mejores deportistas (no solo tenistas) de todos los tiempos. Te mata y no te das cuenta, te asfixia sin que sientes que te falte el aire, te ahoga y no ves el agua. Solidez propia de una muralla fortificada con la agresividad de cañones de largo alcance; eso es lo que aúna en su tenis el de Belgrado, que voló sobre la pista y fue claramente superior a su contrincante, privándole de la posibilidad incluso de cometer muchos errores.
Novak finalizó el partido con 37 golpes ganadores y 27 errores no forzados
Muy loable la actitud de Cameron Norrie en todo momento, que no bajó los brazos y siguió motivado y jugando al máximo de intensidad. Comenzó un proceso de reseteo a nivel mental en el cuarto set con el objetivo de reengancharse al encuentro, pero se topó con la supremacía de Novak, dispuesto a no ceder ni un palmo de terreno. Tanto es así, que consiguió break en el juego inicial, una noticia descorazonadora para las aspiraciones del británico. No obstante, éste siguió jugando con descaro y confianza, percibiendo la posibilidad de que en algún momento, su rival bajara prestaciones. Se olvidó del marcador y ofreció un tenis generoso en el esfuerzo, que fue reconocido por el público una y otra vez.
Sin embargo, lo que hay reconocer sí o sí es que Novak Djokovic es uno de los mejores jugadores de la historia sobre hierba, dando un volantazo memorable a la historia de este torneo y poniéndose en disposición en este Wimbledon 2022, de conseguir el que sería su séptimo título. Para ello, tendrá que mantener este nivel de juego e intangibles durante una final que se intuye diferente, peculiar y muy atractiva. Nick Kyrgios quiere erigirse en el verdugo del balcánico y éste, poner una piedra más en su camino hacia ese anhelante objetivo para él, como es ser el mejor tenista de todos los tiempos.

