Análisis de la final masculina de Roland Garros 2022: Rafael Nadal vs Casper Ruud

El balear se cita con la historia en su final número 14 en París. Solo le separa del 22º Grand Slam un primerizo en finales de Major y alumno de su Academia. 

Carlos Navarro | 4 Jun 2022 | 22.12
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Rafael Nadal y Casper Ruud, en un entrenamiento en Mallorca. Fuente: Rafa Nadal Academy
Rafael Nadal y Casper Ruud, en un entrenamiento en Mallorca. Fuente: Rafa Nadal Academy

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Antes de comenzar Roland Garros 2022, quizás no muchos hubiesen apostado por el partido por el título que viviremos mañana. Resulta una herejía no pensar en Rafael Nadal como finalista del que es su jardín, su hábitat, el torneo en el que más finales ha disputado (14), pero muchos eran escépticos con su estado de forma tras lo sucedido en Roma. ¿Llegará a tono físicamente? ¿Podrá sobrevivir a dos semanas de intensidad máxima? ¿Estará a la altura de las posibles amenazas, llámense Novak Djokovic o Carlos Alcaraz, con las que puede toparse en su lado del cuadro? Curiosamente, ninguno de esos dos nombres ha sido el que más le ha exigido. Por otro lado, Casper Ruud es considerado uno de los mejores terrícolas del circuito, pero jamás había alcanzado la segunda semana del torneo parisino. En una parte del cuadro donde los favoritos se desplomaron, el noruego fue el más firme y constante de todos y se plantó en la final.

Si analizamos los caminos de ambos, para ninguno llegar a la final ha sido un camino de rosas. No lo ha sido para Nadal, que ha cumplido 36 años en este torneo y que se mantiene en pie por un cóctel que le hace ser quien es: la presencia de Cotorro y las infiltraciones a su dolorido pie ayudan, pero el espíritu de supervivencia, la competitividad, la garra y el tenis son las que te llevan a la final. Son las que le permitieron superar el desafío de Felix Auger-Aliassime, que le miró a los ojos fijamente pero que no pudo sostener la perfección en el quinto set del partido de octavos; son las que le permitieron cobrarse la revancha ante un Novak Djokovic que acabó capitulando físicamente antes que un Nadal que parece sobreponerse en París a cualquier factor posible. Y así, llegados a la final, un escenario en el que Rafa ceda por vez primera en el partido por el título... parece improbable.

Sería absolutamente histórico, pues, que Casper Ruud evite una narrativa tan épica como manida. El 22º Grand Slam del manacorí solo puede ser impedido por un tipo que "ha dado el estirón" tenísticamente... en la Academia que lleva el nombre de su rival. Jamás se han visto las caras en el circuito ATP, pero han compartido decenas de entrenamientos en Manacor. Así pues, Rafa conoce perfectamente a un noruego de perfil español, uno de los mayores terrícolas del circuito que, eso sí, este año ha mejorado sus prestaciones en superficies rápidas. Tenía que ser, sin embargo, en el único Grand Slam sobre arcilla del circuito en el que rompiese la siguiente barrera: solo había llegado a segunda semana de Grand Slam en una ocasión, y ahora se planta en la final del torneo con el que siempre soñó.

Su camino no ha sido nada fácil, a pesar de quedar encuadrado en la parte menos cargada del cuadro. Ruud cedió sets ante Jo-Wilfried Tsonga (uno), ante Lorenzo Sonego (dos), ante Hubert Hurkacz (uno), ante Holger Rune (uno) y en el último partido, ante Marin Cilic (uno). Patrón similar y repetido que también nos hace pensar en una de las grandes fortalezas del escandinavo: su solidez, su constancia y su capacidad para gestionar momentos complicados en un partido a cinco mangas. Casper siempre te pide un golpe más, defiende como si la vida le fuese en ello y espera a atacar con su derecha, arma letal en arcilla debido a su efecto liftado, absolutamente demoledor.

UN REVÉS A PRUEBA EN UNA FINAL DESIGUAL

Pero no será la derecha el golpe que se verá testado en el duelo por el título. Será su revés, un golpe que cruza al lado del oponente con muchísimo margen (el revés que supera la red a una mayor altura de todo el top-100, si hacemos la media), su principal laguna desde el fondo de la pista que será bombardeado una y otra vez por la derecha de Rafa. Mientras que Djokovic y Zverev son dos jugadores con capacidad sobrada para aguantar golpes por ese lado, el revés de Ruud sufrirá la mayor presión que jamás vio, y lo hará en un escenario donde la táctica comparte importancia con todo el juego psicológico: nervios, presión y gestionar un partido en el que a buen seguro vivirá momentos de inferioridad.

Quizás esa libertad y ese saber que no tiene nada que perder sea lo único a lo que aferrarse para hacer un tenis más agresivo de lo habitual, mantener un alto porcentaje de primeros y atacar inmediatamente con su derecha. Las pocas posibilidades de Casper pasan por pegar muchísima derecha después de su servicio: si Nadal obliga al noruego a golpear de revés en su golpe de continuación, las opciones disminuyen drásticamente para el underdog. Pero la final irá más allá del tenis: será una cuestión de fé, de creer. Con la esperanza de mantenerse bien a nivel físico y la ilusión de un niño, pero a la vez con la superioridad de quien ha pisado el trono de París en incontables ocasiones, Rafael Nadal querrá darle otro mordisco a la historia en la Philippe Chatrier. Uno de sus "alumnos", al otro lado de la red para tratar de impedirlo. La narrativa está ahí: solo nos falta el buen tenis. Sírvanse y disfruten.