Marin Cilic tiene algo que muchos jóvenes del circuito aún no han conseguido. Es experiencia, jerarquía, ese gen ganador que te da el haber disputado infinidad de partidos y tener un kilometraje en las instancias de los grandes torneos muy superior al de otros. Por eso, cuando las piezas del puzzle encajan y el croata es capaz de templar sus demonios y apaciguar su potencia, el resultado sigue siendo devastador. Hoy no firmó un partido redondo, pero poseía el mayor arma sobre la Chatrier, una derecha que le hizo creer hasta el final y que surgió en el supertiebreak del quinto set para elevar al croata a la gloria. Andrey Rublev fue un firme y fiero contendiente, pero el balcánico quiere ser el tapado de Roland Garros 2022, y ya está en semifinales tras vencer en un encuentro colosal (5-7, 6-3, 6-4, 3-6, 7-6(2)).
La igualdad sería la tónica dominante de un primer parcial que sentaría el tono del resto del partido. Pocos intercambios, importancia brutal del saque y la sensación de que esto no es la tierra batida, de que nos han cambiado la superficie. Los puntos se solucionaban con rapidez y tanto Marin como Andrey guardaban las distancias, apegados a la comodidad de sus servicios, sin buscarse demasiado las cosquillas y escondiendo sus debilidades sin problemas. Eso sí, quien trataría de tomar las riendas del partido sería el croata, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva: su cuenta de errores no forzados empezaría a aumentar a la vez que su derecha tomaba temperatura.
Daba la sensación de que Cilic aún no había aterrizado del todo en el partido, especialmente al resto, puesto que el ruso sacaba adelante sus juegos al saque con demasiada facilidad. Tanto fue el cántaro a la fuente, claro, que al final se acabó rompiendo: en el momento decisivo del set, aquel que define a aquellos con una férrea mentalidad y los que no, Cilic dudó bajo presión y cedió el saque sin demasiada resistencia, poniendo el fin (después de una cómoda consolidación de Andrey) a un primer set que se acercó a la hora de partido. Pero daba la sensación de que el partido sería una carrera de fondo, lejos de un sprint que dejase al ruso en semifinales con facilidad.
LA DERECHA DE CILIC ENTRA EN COMBUSTIÓN
La táctica de Rublev en sus juegos al resto parecía bastante clara: cargar el juego por el lado del revés de Marin, aislando por completo la derecha y evitando que el croata se invirtiese para dictar con dicho golpe. Sus altos porcentajes al saque y la "dejadez" del croata al resto permitieron que en el primer set estos patrones se cumplieran, pero la derecha del balcánico despertó en el segundo parcial para poner patas arriba el encuentro. El revés seguía siendo muy irregular, pero el duelo se encontraba ya plenamente en las manos de Marin: él hacía todo, desde los errores por una evidente falta de timing en el revés, hasta las derechas a la línea y los restos prodigiosos que tan bien funcionaron ante Medvedev. La frustración crecía en la cabeza del ruso, que menguaba su nivel al saque y veía que no había forma de darle la vuelta a los intercambios desde el fondo de la pista.
En el segundo set, Cilic dejó la friolera de 21 golpes ganadores. 19 de ellos fueron drives. En el tercer set llegaron 13 de estos golpes, suficientes para encauzar el camino hacia las semifinales. Marin pegaba, pegaba y volvía a pegar: no era la perfección a la que se acercó en su duelo contra Medvedev, pero era una versión lo suficientemente sólida como para decantar el partido a su favor en base a sus grandes palazos desde el lado de la derecha. Rublev, además, carecía de cualquier tipo de plan B: el ritmo del partido seguía siendo relativamente lineal. Aquel que sacase mejor y pegase primero en la mayoría de intercambios, se llevaba el gato al agua... y ese era Cilic.
Llegados al cuarto parcial, el ruso bajó la cabeza y aceptó la situación. Decidió que el camino era volver a la firmeza con su servicio del primer set, esperando que alguna grieta se abriese en el tenis de Cilic, consolidando servicio y golpeando primero. No concedió ninguna pelota de break Andrey a lo largo de todo el cuarto set, y, en efecto, el balcánico dudó por un solo segundo. La rendija que abrió le sirvió a Rublev para colarse, aprovechar la única bola de break de todo el parcial y mandar el partido al quinto set. Las condiciones se enfriaban en la Chatrier, el sol caía y Andrey se había puesto el mono de obrero para tratar de remontar un partido en el que rara vez llevaba la voz cantante. Su oficio nos encaminaba a un quinto y definitivo set.
No podía tener otro final este encuentro que uno que nos llevase al supertiebreak, claro. Ninguno de los dos jugadores dio su brazo a torcer en un set en el que se reprodujeron todas las dinámicas previas: puntos relativamente cortos, dominio del saque y una derecha de Cilic que dejaba los mejores momentos. Rublev intentaba llevar los intercambios al lado del revés del balcánico, si bien, en muchas ocasiones, Marin tenía tiempo de invertirse. Merced a ello llegó el primer punto culminante de este quinto set, una bola de partido para el croata precedida de un rally de infarto con 5-4 y 30-40. La salvó Andrey, precisamente, al intercambiar golpes de revés a revés cruzado, sabiendo escapar de la situación y estando muy cerca de, con 5-5, aprovechar la presión mental sobre el croata. No fue así y el tiebreak a 10 puntos lo decidiría todo.
CILIC PONE LA GUINDA AL ENCUENTRO
El primer mordisco de este supertiebreak lo daría, cómo no, la derecha de Cilic. Un resto ganador con dicho golpe dejaría al croata 4-2 arriba, si bien la empresa iba a ser titánica, aún más conociendo el historial "nervioso" de ambas raquetas. Pero parecía que esta vez los nervios no iban a aparecer por ningún lado, y nada mejor que un ace y una derecha supersónica para rubricar una ventaja de 7-2 y dejar el partido prácticamente de tu lado. Si el supertiebreak iba a ser una cápsula del partido, Cilic había salido dispuesto a tomársela como un campeón, encontrando la profundidad en sus golpes, siendo agresivo y, en definitiva, yendo a por un partido que finalmente acabaría cayendo de su lado.
Una actuación maravillosa tras más de 4 horas de un partido no del todo brillante, pero que acabó decantado hacia el jugador con el golpe más diferencial del mismo. A pesar de los más de 60 errores no forzados, la derecha del balcánico fue argumento suficiente para desmontar a un Rublev que merece aplausos por cómo, a pesar de no dominar en ningún momento la línea de fondo, fue capaz de alargar la velada y tener serias posibilidades de ganarla. Pocos sospecharían que Marin Cilic, a sus 33 años, llegaría por primera vez en su carrera a las semifinales de Roland Garros 2022... pero la vida, amigos y amigas, te da muchas sorpresas. Y él quiere ser el tapado de este torneo.

