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Miami, un lugar más en la nueva era de los Masters 1000

Tras ser conquistado por Hurkacz el año pasado, la ausencia del Big Three al completo vuelve a dejar un torneo muy abierto. ¿Quién se coronará campeón?

¿Cuándo fue la última final de Masters 1000 sin jugadores del top30?

El año pasado, por estas fechas, nadie hubiese pronosticado que, semanas después, Hubert Hurkacz sería campeón de Masters 1000. Probablemente tampoco hubiesen hecho lo mismo con Cameron Norrie. O con Taylor Fritz, por ejemplo. La realidad es que el circuito masculino, sin el Big Three al completo, jamás volverá a gozar de una época de monopolio tan absoluto y reservado como la que vivió bajo el reinado de los Roger Federer, Rafael Nadal o Novak Djokovic. Si en los Grand Slams, por su naturaleza especial, el relevo aún es un asunto pendiente, el aura "terrenal" de los torneos de la categoría del Miami Open 2022, con tres sets que dan un menor margen de error a los favoritos, permite a jugadores de la segunda línea del ranking recoger su trozo del pastel. Y el torneo que se nos avecina en Florida no es ni mucho menos diferente.

Hay tres nombres que, dentro de la Next Gen, se desmarcaron de forma relativamente rápida del resto de sus coetáneos. Algunos lo hicieron a una edad más temprana; otros desarrollaron sus facultades algo más tarde, sin que eso signifique un menor nivel. Daniil Medvedev, Alexander Zverev y Stefanos Tsitsipas llegaron a crear una narrativa (apoyada por el propio Zverev, si bien esto no nos sorprende) de que eran el "próximo Big Three". Mientras Djokovic y Nadal seguían llegando a finales ("La Next Gen somos nosotros"; el speech de Novak tras la final de Roma 2021 seguirá siendo inolvidable), sí es cierto que ruso, alemán y griego jugaban perfectamente el papel de herederos al trono, de aquellos destinados a sucederles. Pero llegamos al 2022... y Rafa vuelve arrasando mientras nuestro trío de herederos se ve sumido en problemas de diferente magnitud.

El más ganador y el más campeón, el único en reventar la puerta infranqueable de los gatekeepers, nos hace ver con cierta periodicidad que es humano y no extraterrestre. Que aún no está capacitado para encadenar final semana sí y semana también, algo que los tres grandes marcianos convirtieron en rutina. Daniil Medvedev llega a Miami como máximo favorito, habiendo sido el número uno durante tres semanas... y, sin embargo, la vulnerabilidad que transmitió en las lentas pistas de Indian Wells nos hizo pensar que su posición en la cima no le convierte en una garantía de éxito. Sí, aún tiene mucho que aprender el ruso para adaptar su juego a según qué condiciones: es favorito, pero ni mucho menos evita que el pastel quede abierto a la segunda línea.

El caso de Zverev y Tsitsipas es algo distinto. Su ciclo vital en los últimos años es el de ilusionarnos con tramos de juego al más alto nivel... para caer, al poco después, en una nueva racha de derrotas que nos hace ver que aún no nos convencen. ¿Siguen siendo favoritos? Por supuesto. Pero mientras uno de ellos prueba cambios de entrenador, toca teclas técnicas (revés cortado) y se aleja de cualquier certidumbre con respecto a su rápida intervención para curar su codo, el otro se autosabotea con acciones de dudosa deportividad, momentos que le hacen una diana fácil a ojos del mundo y que suman una preocupación más a una frágil confianza en los momentos que verdaderamente definen a un tenista.

¿Y EL RESTO?

Y, claro, llegamos a Miami pensando en que podemos volver a ver a un jugador de la segunda línea conquistar un título así. Imposible descartar la fulgurante aparición de Carlos Alcaraz, el tipo que en apenas meses ha enseñado sus cartas de tal manera que empieza a ser considerado como un caballo ganador (a pesar de haber ido, aún, a pocas carreras verdaderamente grandes). Tampoco nos sorprendería que la envidiable consistencia de nombres como Andrey Rublev o Matteo Berrettini, tipos que ya han llegado a finales de Masters 1000, acabe dando sus frutos y, por fin, les permita comer en la mesa de los caballeros que aspiran a ser reyes. Otros príncipes de la juventud, con ramalazos de brillantez y una cocción a fuego lento, se perfilan también como candidatos (hola Felix Auger Aliassime, hola Jannik Sinner). Y, por supuesto, imposible olvidar a valores seguros de un circuito que conocen a las mil maravillas, tipos capaces de ganar a los más grandes pero que, por diversas circunstancias, tienen un techo más limitado a nivel de ranking (John Isner, Roberto Bautista, Gaël Monfils).

Vuelve el tenis sin el Big Three y lo hace con un torneo apasionante. Miles de narrativas por crear en una mesa donde todos quieren clavar su espada. No sabemos quién la desenvainará primero... pero sí que la competencia será feroz. Y prepárense para ser sorprendidos. Ya nos hemos acostumbrado.