En el tenis no hay una fórmula secreta para el éxito y éste se puede alcanzar de muy diversas formas, dependiendo de cada jugador. Daniil Medvedev eligió el suyo, o más bien el destino escogió la manera en que tenía que trabajar para llegar a ser lo que es hoy en día. El que se ha erigido ya como 27º número 1 de la historia del tenis masculino no fue una estrella precoz que irrumpió con fuerza volcánica y tampoco su nombre se fue dejando ver de manera progresiva ni se centraban en él expectativas de estrella del futuro. Su personalidad y estilo de juego, tan relacionadas entre sí, le abocaron a ser un trabajador nato en la somba e ir puliendo su problemático carácter hasta alcanzar un modo zen que le ha permitido elevar este deporte a un estatus superior en lo que a táctica se refiere.
Resulta paradigmático que el primer artículo dedicado a Medvedev en esta web se produjo en noviembre de 2016, momento en que irrumpió en el top-100 con 20 años y 10 meses. Es una edad tardía para hacerse presente en este selecto club y que el gran público te considere candidato a ser el mejor, pero Daniil tuvo que lidiar con evidentes problemas para controlar su fuerte personalidad. Desde joven fue un chico con voracidad de gloria y un tenis que no terminaba de encajar con su fisonomía ya que le costaba encontrar golpes ganadores, su drive era una rémora y no parecía dispuesto a trabajar los puntos de forma progresiva. La mano de Gilles Cervara fue puliendo a un joven que se hizo patente para el gran público unos meses después, en enero de 2017, llegando a la final del torneo de Pune, donde fue batido por Bautista.
Evolución de Daniil Medvedev --
— Fernando Murciego (@fermurciego) February 28, 2022
-- Febrero 2015: #659
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Medvedev entró al top-100 con casi 21 años y no era percibido como la gran estrella de su generación
Esa misma temporada dio un salto cualitativo sobre hierba, ganando muchos partidos en los torneos previos a Wimbledon y viéndose las caras con Djokovic en Eastbourne. Su primer gran triunfo se produjo en el Grand Slam londinense, al imponerse a Wawrinka, pero en segunda ronda cayó ante Bemelmans en un encuentro en el que tuvo un pésimo comportamiento, llegando a acusar de corrupto al juez de silla y poniendo en evidencia lo mucho que tenía que mejorar a nivel mental. Acaba el año como 65 del mundo y siendo uno de los que menos atención mediática recibe de su generación, en la que estaban hombres com Coric, Chung o Khachanov.
Pero llega 2018 y con él la sensación de que algo había cambiado en este jugador. Gana dos torneos ATP 250 (Sidney y Winston-Salem), sale vencedor luego en el ATP 500 de Tokio y alcanza la tercera ronda en Wimbledon y US Open, terminando el año como 16 del mundo. Resultaría una falacia decir que, a pesar de esa evidente progresión, percibíamos a Medvedev como un potencial número 1. Y es que nadie esperaba que en 2019 se desatara de la manera en que lo hizo en la gira estadounidense sobre pista dura. Presentó su nombre al gran público ganando a Djokovic en Montecarlo, pero una lesión le privó de dar continuidad en la gira sobre tierra a su excelso rendimiento.
It is remarkable how Medvedev went step by step in his career achievements. He first won ATP 250 title, then ATP 500 title, then Masters 1000 title, then YEC title, then Grand Slam title and then became No. 1.
— Oleg S. (@AnnaK_4ever) February 25, 2022
Don’t think anybody else has had the same progression.
Ha tenido una evolución progresiva, quemando de forma ordenada todas las etapas hasta la cima
A partir de ahí, los éxitos fueron encadenándose de forma imparable. Primer título de Masters 1000 en Cincinnati, final en US Open, Nitto ATP Finals en 2020, campeón de Grand Slam en 2021 y número 1 del mundo. Una escalada perfectamente progresiva que encaja perfectamente con la mente cartesiana de un hombre de personalidad fuerte y genuina, sin problemas para mantener una relación ambivalente con el gran público, que se debate entre la ira y la pasividad en la cancha, y practica un estilo de juego difícilmente encasillable, siendo capaz tanto de sacar a palos a sus rivales como de erigirse en un muro infranqueable de fondo de pista.

