Tsonga y el vacío de toda una generación

El francés hizo hincapié en una entrevista de lo difícil que resultó ganar un Grand Slam para todos los jugadores que coincidieron en la época del Big3.

Fernando Murciego | 10 Feb 2022 | 14.15
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Jo-Wilfried Tsonga en Rotterdam. Fuente Getty
Jo-Wilfried Tsonga en Rotterdam. Fuente Getty

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Andy Murray, Stanislas Wawrinka, Marin Cilic y Juan Martín Del Potro. De toda la generación de jugadores nacidos a finales de los años 80, solamente estos cuatro encontraron la manera de levantar un Grand Slam compartiendo época con Roger Federer, Rafa Nadal y Novak Djokovic. Uno de los que se quedó cerca fue Jo-Wilfried Tsonga, aunque solamente disputara la final de aquel histórico Open de Australia 2008. En una entrevista con Eurosport, el francés rescata lo que vivió en aquella edición y lo que supuso en su carrera tener que verse las caras con el Big3 prácticamente cada semana.

“Aquel torneo fue una gran aventura”, señala el galo acerca del evento que le situó en el mapa. “Recuerdo empezar muy bien ya desde la primera ronda, derrotando en cuatro sets a Andy Murray. Después de vencer a Youzhny en cuartos de final, que venía en muy buena forma, me tocó con Rafa en semifinales. Ese día jugué el partido de mi vida, fue una actuación increíble, gané en tres sets haciendo algunos tiros que no sabía muy bien de dónde salían. Revisar estas imágenes a lo largo de mi carrera siempre me hizo sacar una sonrisa”, valora 14 años después.

Fue en esa quincena, bajo la mirada de la multitud australiana, cuando el nombre de Tsonga empezó a sonar con fuerza. El lugar donde empezó su carrera hasta la élite. “La gente me llamaba ‘Muhammad Ali’ y, sinceramente, sentía ese mismo espíritu de lucha en mi interior. Estaba cargado de ambición, a ese torneo llegué después de tiempos difíciles, como una lesión muy aparatosa que sufrí con 19 años. Recuerdo estar viendo a todos mis compañeros disputando sus partidos dentro de la pista y yo mientras viéndolo desde casa. En aquel momento vivía en un pequeño apartamento en París, era todo lo que podía permitirme, así que no fueron momentos sencillos”, sostiene el actual 247º del mundo.

Dos días después de vencer a Nadal, el último obstáculo hasta la gloria se llamaba Novak Djokovic, quien también buscaba su primer título de Grand Slam. “Alcanzar un nivel de juego tan alto fue totalmente inesperado para mí, uno de los mejores meses de mi carrera. La final con Djokovic es un recuerdo increíble, todavía siento la euforia del momento, la emoción de cada juego. Si de niño alguien me hubiera escrito en un papel que algún día estaría en la Rod Laver Arena enfrentándome a uno de los mejores y jugando a ese nivel, seguro que no me lo hubiera creído. Estos son los momentos que se quedan para siempre”, confiesa emocionado, aunque en parte dolido por haberse quedado a las puertas del trofeo.

EL VACÍO DE UN GRAND SLAM

Dos años después, los caminos de Tsonga y Djokovic volvieron a cruzarse en Australia, esta vez en cuartos de final, un duelo que cambió la carrera del serbio. Aquel día la victoria sería para Tsonga, aunque el peaje que tuvo que pagar fue tan alto que apenas le pudo pelear la semifinal a Roger Federer, quien le vencería en sets corridos. “Después de ganar ese partido en cinco sets acabé exhausto, se me hizo muy complicado competir en el siguiente. Por eso ha sido tan complicado para nuestra generación ganar un Grand Slam, uno tenía que ganar de manera consecutiva a un top10, luego a Federer, quizás a Murray o quizás a Djokovic y luego a Nadal en la final. Esto tiene una dificultad máxima, incluso para ellos”, subraya con vehemencia el campeón de 18 títulos ATP.

“Después de la final de 2008, recuerdo que le gané cuatro veces seguidas a Novak, pero esto no me sirvió para formar parte de la historia, ya que ninguna de esas victorias me acabó llevando a conquistar un Grand Slam. Esto es lo más duro. Me siento orgulloso de haber jugado tantas veces contra él, de ser uno de los pocos jugadores que ha podido ganarle en varias ocasiones, incluso muchas de ellas estando por detrás en el ranking”, expone el ex Nº5 del mundo.

Pero a estas alturas del camino, donde ya quedan pocas baldosas por recorrer, Tsonga reúne la suficiente experiencia como para mirar atrás y hacerlo con el alivio de haber firmado una carrera brutal. “El tenis era mi pasión, mi padre fue un gran atleta, él también amaba el deporte, así que me empujó y me apoyó hasta el final. Yo quería vivir ese sueño, esa pasión, realmente me encantaba. El tenis es un deporte maravilloso y, por suerte, terminé siendo uno de los mejores en mi disciplina, alcanzando los puestos más altos del ranking, disputando Grand Slams, los Masters 1000, ATP Finals… en definitiva, viviendo la vida con la que siempre había soñado”, concluye.