Por si había pocas campeonas de Grand Slam activas en el circuito, apunten uno más. Iga Swiatek, a sus 19 años de edad, remató su gran obra esta semana en Roland Garros pasando por encima de Sofia Kenin en una final de apenas horas y media (6-4, 6-1). La polaca situó la bandera de su país en lo más alto, una bandera que jamás había salido en la foto con un título individual de Grand Slam. Tras una semana de escándalo, Swiatek aterrizará en el top20 el próximo lunes y causa un nuevo impacto en los vestuarios de la WTA. Nunca antes se había vivido una época con tantas oportunidades.
Hay un factor que siempre es clave en este tipo de escenarios. Hablamos de finales de Grand Slam, territorio reservado para solamente unas pocas elegidas, aunque en el circuito WTA esté hoy en día más repartido que nunca. En París se enfrentaban dos tenistas menores de 23 años y, claro, por mucho que Sofia Kenin hubiese ganado el Open de Australia hace diez meses, se nos hacía un poco bola el hecho de pensar que la estadounidense era la flamante favorita a llevarse este sábado el título. Por mucho que fuera la cabeza de serie número 4, la diferencia no eran tanta como para meterle esa presión. Hoy dependía mucho más de la confianza, el timing y la fortaleza mental. Claro, si nos apoyamos en estos factores, ninguna mujer en estos quince días lo ha bordado tanto como Iga Swiatek.
La polaca venía muy enchufada, sin perder un solo set en seis partidos, asustaba solo con verla. Ese tipo de miedos son los que hay que reflejar desde el primer momento, así que en ocho minutos ya dominaba por 3-0. Así empezaba la final la jugadora polaca, marcando territorio. Sin embargo, conociendo a Kenin sabíamos que con esto no sería suficiente, por eso le vimos remontar y poner el 3-3 de inmediato. La respuesta de la estadounidense no se hizo esperar, aunque también su rival le dejó la puerta abierta. La sensación de superioridad de Swiatek, en el caso de jugar como venía jugando, seguía latente en el ambiente. Quizá por eso apenas le costó reengancharse al marcador y cerrar el parcial por 6-4. Le costó, recibió un break sacando con 5-3, pero ni siquiera los nervios de su primera final de Grand Slam le hicieron echarse para atrás.
La segunda manga empezó con un nuevo protagonista, ese que nunca quieres ver aparecer por el lugar: las lesiones. Después de tres juegos, Kenin levantó la mano y pidió un tiempo muerto. El vendaje que llevaba en el muslo izquierdo no le dejaba rendir a su nivel, tocaba retirarse a vestuarios en busca del milagro. Mientras tanto, Swiatek se quedaba calentando en pista con otras pelotas ajenas al encuentro, con el objetivo de no perder temperatura. No tardó en regresar la norteamericana a la Philippe Chatrier, aunque fue solo para cumplir. Su físico no estaba bien, su tenis no acompañaba y, por lo tanto, la montaña era ya insalvable. Una lástima, pero estos obstáculos forman parte del deporte.
Desde ese momento, la polaca solamente tuvo que remar hasta la orilla, hasta la meta, hasta su primer título profesional. Sí, han leído bien, su primer título profesional. Ese título se ha dado en París, en Roland Garros, en un torneo de Grand Slam. Son pequeños hitos que jugadores como Jelena Ostapenko o Gustavo Kuerten ya hicieron en el pasado. Iga y no otra se convierte en primera tenista polaca de la historia en amarrar un título de esta categoría, impulso que le llevará directamente al top20 del ranking mundial a partir del próximo lunes. Una final fría, con poco ritmo y donde Kenin no pudo mostrar su mejor versión. Ni siquiera le segunda mejor. Así se cierran quince días de competición en los Internacionales de Francia, con una nueva jugadora anotada en nuestra lista de cara a un futuro más abierto que nunca.

