En la pista no hay amigos, pero sí una historia interminable de duelos tenísticos desde niños. Daniil Medvedev y Andrey Rublev forjaron una rivalidad íntima en su camino a la élite y, por ello, había grandes expectativas ante el encuentro de cuartos de final del US Open 2020. El primero de ellos llegaba como máximo favorito e hizo valer esa condición demostrando que está preparado para grandes retos y que puede hacer gala de ese juego desenfadado, heterodoxo y efectivo con que asombró al mundo hace un año. Hubo una gran batalla por momentos, pero siempre dio la sensación de que Daniil tenía ese puntito más de experiencia, consistencia e intangibles que hacen falta triunfar a estos niveles. El resultado final fue de 7-6 (6) 6-3 7-6 (5).
Como si el triunfo fuera esa manzana que, tarde o temprano, va a caer del árbol por su madurez y la ley de la gravedad. Así es como parece percibir sus partidos un Medvedev que sigue desconcertando y maravillando a partes iguales con su tenis. En la primera manga, quien más propuso fue Rublev. Generoso en el esfuerzo, intenso en los intercambios y decidido a llevar la iniciativa, Andrey saboreaba las mieles del triunfo parcial, pero se topó con la cruda realidad. Con ese ser robótico que se mantiene al acecho hasta que, sin darte cuenta, te clava un puñal en las entrañas. El 5-1 en el tiebreak a favor de Andrey parecía una barrera inexpugnable, pero Daniil lo remontó con la misma calma con que se observa caer esa manzana, llegando a salvar tres bolas de set en contra.
La desesperación de Rublev era manifiesta. En un abrir y cerrar de ojos se vio de claro dominador a pecar de novato en un momento cumbre. La rabia era incontenible en el segundo parcial para el hombre residente en Barcelona, que fue incapaz de reponerse a tiempo del varapalo psicológico. Medvedev volvió a helar el ambiente y las aspiraciones de su rival con un mordisco letal en forma de break, y mantuvo la compostura con entereza hasta el final de un set que le situó en una posición de privilegio.
Volvieron los intercambios veloces desde posiciones inconcebibles de la pista. Se jugaba metros por detrás de la línea de fondo y volaban misiles en todas direcciones, con Rublev buscando la iniciativa desesperadamente y Medvedev golpeando de manera inmisericorde, pero asumiendo con regocijo verse al contraataque. No hubo opciones para el resto, convidado de piedra durante todo el partido. Ambos sacaron bien y prestaron poca atención a buscar cosquillas con tan poca rendija, por lo que el tercer set derivó irremediablemente en otra muerte súbita. El revés de Daniil había hecho estragos en los momentos importantes de todo el encuentro, y volvió a hacerlo en este momento.
Llegaron algunos errores no forzados de Andrey Rublev, preeminencia del servicio de Medvedev y esos detalles casi imperceptibles para el ojo poco avezado, pero que tanta diferencia marcan entre los aspirantes de futuro y los candidatos de presente. Daniil Medvedev cerró el partido con agresividad, con confianza extrema en sí misma y con esa aparente actitud impasible como si ganar unos cuartos de final de Grand Slam fuera una rutina. Ya está en semifinales del US Open 2020 y presenta sus credenciales como gran favorito al título.


