La gente tenía ganas de volver a ver a Roger Federer sobre una pista de tenis y es por eso que la fecha del 30 de diciembre estaba marcada a fuego desde hacía ya unas cuantos días. El suizo aterrizaba en Perth un año más tras la buena confianza adquirida en la Copa Hopman estos últimos años, por lo que el guión repetía sus escenas. en 2019. Suiza abriría fuego este domingo y Cameron Norrie sería ese primer rival del suizo en la nueva temporada. Una oportunidad siempre especial que no todos son capaces de aprovechar. Finalmente, el de Basilea cumplió con las expectativas y se llevó el triunfo por un cómodo 6-1 y 6-1 para darle el primer punto de la eliminatoria a su país.
El único instante donde el aficionado se quedó pensativo fue en ese primer juego en el que, sacando Federer, un 0-40 inesperado aparecía en el marcador. ¿Veríamos una drama este domingo en vez de un amable película firmada por el astro helvético? El suspense tardó en disiparse apenas cuatro puntos, los que tardó el número 3 del mundo en darle la vuelta a ese juego travieso. A partir de ahí, ya no hubo manera de frenarle. Un set que amenazaba con ser competido y ajustado se convertía en un 6-1 sin reparos donde el británico corría sin sentido detrás de la pelota. Ayer había vencido a Stefanos Tsitsipas en una de sus victorias más importantes como profesional, pero hoy al otro lado de la red tenía un examen distinto.
No hubo mucha más historia en la segunda manga, con un Federer que incluso se permitió una cierta relajación en según qué momentos del parcial. Reflejaba una gran preparación física, no había perdido el tiempo esta pretemporada, pero sobre todas las cosas, Roger mostraba un hambre que no esperábamos en un torneo de exhibición de inicio de curso. Federer no ha venido a Perth a perder el tiempo, tampoco para jugar un par de pachangas. Con 37 años sigue teniendo la misma sed de victoria y hoy fue a Norrie a quien le tocó sufrirla.
De un 6-1 a otro 6-1, el resultado lo dice todo. Cameron llevaba tanto tiempo pasándolo mal sobre el cemento que una parte en su interior celebró el final de aquella tortura. Es la diferencia que existe entre la emoción de saber que vas a jugar con Roger por primera vez y lo que luego sientes una vez compartes cancha con él. No fue el mejor día del británico y tampoco le hizo falta a Roger que fuera el suyo. En 56 minutos de reloj, Suiza se anotaba la primera bala del revólver para dar paso al segundo baile de la eliminatoria: Bencic vs. Boulter.

