La acción tiene su punto de partida en el Open de Australia de 2016. Meses antes, Buzzfeed y la BBC publican un reportaje en el que, sin dar nombres, conocen las identidades de 16 tenistas profesionales de entre el top-50 investigados por amaños. A su vez, poco después, The New York Times revela una grandísima cantidad de dinero movido en apuestas de un partido de dobles mixto que involucra a David Marrero o Lara Arruabarrena. Estas dos noticias hacen saltar las alarmas y de algún modo obligan a los organismos competentes a tomar medidas.
Allí, en Melbourne, se reúnen Chris Kermode, Presidente de la ATP, Philip Brook, director de Wimbledon, y David Haggerty, Presidente de la ITF, que acuerdan y comunican la creación de un comité independiente, dirigido por el letrado Adam Lewis, encargado de realizar un informe transparente y detallado sobre el estado del tenis a nivel de integridad. Brook, director de Wimbledon, eleva el discurso en aquellos momentos: "Nos enfrentamos a la peor crisis en los últimos diez años. Debemos actuar rápido, con total transparencia".
En esa reunión se le encarga a dicho comité independiente la tarea de documentar, a través de una investigación exhaustiva, en qué estado se encuentra el tenis en cuanto a su integridad. El informe, casi tres años después, ha sido compartido por los principales organismos involucrados, ATP, WTA e ITF, al que puede tener acceso cualquiera que esté interesado. 115 páginas donde se detalla y se llega a la conclusión de que el tenis tiene "graves problemas de integridad", principalmente en los primeros estratos competitivos.
"La actual estructura de incentivos para los jugadores profesionales crea un caldo de cultivo para las violaciones de integridad"
Titulado como "Revisión Independiente de Integridad en el Tenis", el informe no esconde ninguna urgencia, argumentando una total transparencia, conseguida a través de numerosísimas entrevistas a todo tipo de actores partícipes del tenis; partes interesadas y no interesadas, directores de casas de apuestas, jugadores y jugadoras de todo nivel o directores de torneos. La conclusión se viste de alerta para concienciar sobre una estructura desequilibrada en el prizemoney y una dificultad para detectar esos amaños en circuitos lejanos y en pistas sin infraestructura ni personal para atajarlo.
"Hoy en día, el tenis enfrenta un grave problema de integridad. La naturaleza del juego se presta a la manipulación con fines de apuestas. Hay muchas contingencias que vigilar y la detección es difícil, sobre todo porque en muchos partidos de menor nivel no hay espectadores e instalaciones adecuadas para proteger a los jugadores de potenciales corruptos y mafias. La actual estructura de incentivos para los jugadores profesionales crea un caldo de cultivo para las violaciones de integridad y la llegada de las apuestas en vivo como potenciadores del problema. Sólo los 250-350 jugadores y jugadoras más importantes ganan suficiente dinero para alcanzar el punto de equilibrio. Sin embargo, hay aproximadamente 14,000 jugadores 'profesionales'. El desequilibrio entre el dinero premiado y el coste de competir coloca a los tenistas en una posición complicada, tentándolos para dejarse llevar a cambio de una recompensa financiera."
Por otro lado, la otra conclusión a destacar del informe es que afirma que no hubo conspiración ni ocultación por parte de los órganos rectores del tenis (ITF, ATP, WTA y los torneos de Grand Slam) para encubrir los problemas de integridad que enfrenta el tenis. "Los órganos de gobierno previamente se comprometieron a implementar y financiar las recomendaciones finales del informe. De ese modo, se considera que el tenis está bien posicionado para abordar los desafíos de integridad que enfrenta".

